Posted On 05/10/2020 By In Cultura, Libros, Opinión, portada With 279 Views

A voltear la tortilla. Presentación del libro de Eliseo Pérez Álvarez | Israel Flores Olmo

Presentación del libro de Eliseo Pérez Álvarez,  A voltear la tortilla; método de la predicación anticolonialista. Montevideo, Fundación Amerindia. 2020. Con motivo del 50 aniversario de la Facultad Latinoamericana de Teología Reformada (FLATER). 3 de octubre de 2020.

El título mismo es una llamada, una con-vocación “A voltear la tortilla”.  Y es una llamada lúdica a jugar y a jugársela. “Volear la tortilla”, una frase muy popular pero bajo el nuevo marco en el que Eliseo Pérez Álvarez la ubica, seguida de la frase “método de la predicación anticolonialista” nos ofrece tres campos que se entrelazan: el de la cocina, el púlpito y la decolonialidad. Así todo el título se convierte en metáfora viva, pues siguiendo a Ricoeur, notamos que va más allá del uso común que no agota la innovación de sentido, sino que nos dice algo más sobre la realidad. Al aludir al término “método” es casi imposible no buscar las resonancias en la tradición filosófica y teológica. Y la primera y más fuerte que nos recuerda es la del Discurso del método de Descartes, pero de inmediato notamos que Eliseo propone en cambio el Método del discurso (de la predicación), realizando así una tajante subversión de la tradición estableciendo una inversión potente y crítica de lo que significa darle “vuelta a la tortilla”.

Siguiendo las comparaciones podemos anotar también que Descartes, en la segunda parte de su texto nos habla del invierno en el que junto a una estufa dispuso finalmente de la “tranquilidad necesaria” para empezar a elaborar su método. El resultado fue el frio, anestésico, solitario y solipsista “yo deíctico” del cogito ergo sum: pienso luego existo, que será base de la filosofía, la ciencia y el racionalismo occidental hasta bien entrado el siglo XVIII.

Eliseo en cambio dejar ver que mientras escribe su texto está reflexionando, viviendo, pensando, soñando, comiendo, y escribiendo en el torbellino sociopolítico y cultural del Caribe. Además no lo hace solo, todo lo contrario, muestra que su método es dialógico. No propone un soliloquio que se impone dudar-negar de todo, como el método cartesiano: la historia, la cultura, la tradición, el cuerpo, la sociedad, etc. Tampoco “duda del mundo”, cual invención de un genio maligno. En cambio sí que duda de que éste sea el único modo de organizar y vivir en este mundo. Su duda no es metódica, sino que su método es la pregunta que no deja dudas ¿no hay otra manera de vivir y organizar este mundo? Por eso propone retomar no la duda, sino la pregunta. Retomar ese método mayéutico de Jesús quién usó todo tipo de preguntas: “honradas, capciosas, retóricas, abiertas, incómodas, vitales, buscapiés, inocentes, indiscretas, a la yugular, sub-versivas, reales, contra-preguntas…” (p.67).

Nuestro autor, profesor de la Escuela Luterana de Teología de Chicago no niega la historia y su pasado personal asignándolo a un “genio maligno”, sino que asume y agradece su herencia histórico-cultural, lo que le lleva a identificarse no con un ego solipsista e individualista a la Descartes, sino que se declara como “brajamexchicanoricaner” por ser un “mexicano con ingredientes de Brasil, Puerto Rico, Jamaica, Las Islas Vírgenes y la Chicanada” (p. 14). Ante el solipsista “Cogito ergo sum”, Eliseo responde con toda la filosofía africana del Ubuntu “yo soy porque somos”, con el “améutico” de la tradición incaica, el “I-n-I” Rasta y el “nosótrico” Maya. Todas ellas señalan la centralidad de reflexión y el reconocimiento del mundo desde la comunidad, la historia y las tradiciones con argumentos tan potentes que desmontan el solipsismo cartesiano al mismo nivel que lo hicieran otros filósofos como F. Nietzsche, M. Heidegger, J.P. Sartre, P. Ricoeur o J. Lacan.

Como ya nos tiene acostumbrados, Eliseo Pérez, anteriormente profesor de Teología Sistemática en United Theological College of the University of the West Indies, Jamaica, prepara, calienta y sirve su reflexión muy cerca de la comida, la cocina, y el fogón. Éstos están presentes en sus páginas señalando continuamente lo que la Pachamama nos da. En este caso en el título se encuentra como protagonista ni más ni menos que la tortilla (de maíz), la que se hace con el Metate. Nos describe ese proceso que evoca la fertilidad del tlaxcalli: la tortilla:

“Las patas del metate son tres y están dispuestas en forma de un triángulo representando la montaña donde nos encontramos con el maíz. Su brazo también de tezontle, muele el nixtamal produciendo la masa que se divide en bolitas. Acto seguido se aplauden esos trocitos y se echan al comal de barro que descansa sobre el fogón de tres piedras. El tlaxcalli o tortilla posa en el comal primero de panza y luego de espalda. Al inflarse la panza evoca la montaña de la fertilidad” (p. 42).

Así, “voltear la tortilla” en la predicación anticolonialista implica promover la fertilidad que la tortilla representa, especialmente en la vida de lo que es negado, explotado y oprimido a lo largo de los siglos: de los negros, los indígenas, los migrantes, las mujeres, los homosexuales, los pobres. Pero también de las tradiciones culturales negadas con sus bailes, ritmos, cocina, cánticos, poesía, de las lenguas, la medicina, la filosofía y la teología de los pueblos de Abya Yala. “Voltear la tortilla” para acabar con lo que Dussel llama el “encubrimiento del otro”. Dicha fertilidad del “voltear la tortilla” subraya Eliseo, va acompañada de la predicación liberadora al estilo de la escuela de los profetas bíblicos, de los cuales el evangelio de Jesús se alimenta.

De este modo la predicación es, como no puede ser de otra manera en este tiempo, anticolonialista. Esto implica “rehacer” deconstruir y re-construir las palabras y los conceptos. Con razón y muy acertadamente inicia este libro el ex profesor del Seminario Evangélico de Puerto Rico, con un buen “glosario anticolonial”. Así asume y pone en práctica nuestro autor y doctor en teología y filosofía, lo que ya los teólogos latinoamericanos han dicho, especialmente desde Rubem Alves sobre la necesidad de crear un nuevo lenguaje y sus conceptos para una teología de la liberación. El glosario con que abre su texto revitaliza conceptos claves que van desde la “aculturación” hasta la “utopía” y éste último con sus contrapartidas de dis-topia y la provocativa y sugerente eu-topía, que es el lugar bueno hacia el que la predicación debe apuntar. En dicho glosario cada término está cuidadosamente definido, y aunque se encuentran en muchos diccionarios esas mismas palabras, las definiciones que el autor da, vienen sazonadas con las especies picantes del anticolonialismo.

Cual los siete sellos del Apocalipsis que proponen una nueva visión de la historia, casi como un nuevo “ven y mira”, Eliseo nos va describiendo en qué consiste el método de la predicación en siete pasos:

1.- La conversión metodológica. Que inicia con el reconocimiento de la riqueza conceptual, de vida y pensamiento que hay en Abya Yala. Es decir considerar el lenguaje de la refiguración homilética.

2.- Locus hermenéutico: los muchos rostros. Nos ubica precisamente como horizonte de intelección los muchos rostros de los pobres: negros, migrantes, indígenas, mujeres, homosexuales, pobres. Indica a los sujetos a quiénes va dirigida la homilía y favor de ellos.

3.- Locus  teológico. Hablar de Dios no se hará desde la chimenea, a la Descartes, sino desde la realidad de la opresión y el correr de la conflictividad histórica. Retoma la valiosa espiral hermenéutica de las Comunidades Eclesiales de Base con su rico “ver-juzgar-actual” añadiendo la necesaria “evaluación” y la vital “celebración”.

4.- Localización social: la comunidad. Que como ya comenté, deconstruye la ego-latría cartesiana del “yo pienso” que devino luego en “yo conquisto”, y propone el nosotros ubuntu, inca, rasta y maya.

5.- La sospecha homilética. Aquí Eliseo, no se plantea la figura un “genio maligno” a la Descartes, sino a los muchos malignos que se las han ingeniado para oprimir y justificar desde el discurso y las homilías las injusticias históricas de la esclavitud, el genocidio, el culturalicidio, la homofobia, el androcentrismo, etc. O bien aquellas otras homilías que sirven de entretenimiento adormecedor. La sospecha homilética, nos dice, consiste en dudar de la imposición de anti-valores colonialistas.

6.- Universalidad & Particularidad. Se pone en juego un análisis de las particularidades y universalidades que neutralizan las diferencias bajo una universalización masculina, blanca, neoliberal, etc., y lo hace con una necesaria y saludable desmitificación del mesianismo pro-yanky del predicador Billy Graham.

7.- Nuestro Norte es el Sur. El autor se convierte en un verdadero cartógrafo homilético que busca, señala y avanza hacia la eu-topia, es decir, el buen lugar hacia donde ha de bogar la predicación.

Además de Descartes, otro autor que nos viene a la mente en la tradición por alusión al “método” es H.G. Gadamer, con su Verdad y Método. Podemos decir que este libro del Eliseo antes profesor del Lutheran Seminary Program of the Southwest, no apela solo a la tradición como autoridad para la interpretación, sino dando un paso más allá de Gadamer, reconoce y autoriza las tradiciones negadas, subyugadas y oprimidas. Es decir, toma otros-prejuicios (los negados) que serán los que impulsan la tarea hermenéutica para no para llegar sólo a una verdad, sino para desenmascarar las mentiras históricas que se han convertido en las “fake news” de la narrativa colonialista.

Este libro de Eliseo quién hizo uno de sus doctorados acerca de la obra de Kierkegaard con una estancia en Dinamarca, subraya los vínculos y las relaciones entre los seres humanos y busca esa eu-topia que permite la relación con el cosmos, la pachamama y la liberación de los pueblos de Abya Yala. Llama a organizar la predicación considerando la política, el derecho y la vida cotidiana en una relación de reciprocidad, en las antípodas de los diferentes tipos de fundamentalismos que llenan los púlpitos dogmáticos.  Invita a retomar el nivel simbólico-cultural de las tradiciones de nuestros pueblos como parte de método homilético. Esos símbolos que tanto miedo han dado al cristianismo tradicional.

Eliseo que también fue profesor del Seminario Teológico Presbiteriano de México, muestra cómo el nivel simbólico-cultural de los pueblos de Abya Yala tienen una realidad pluri-abarcante que subvierte la lógica “mágica” del estado actual del mundo sustentado en una política blanca, eurocéntrica, neoliberal y fundamentalista; y apunta a valores que son vitales para la humanidad en consonancia con el mensaje del Reino del Dios liberador. Con su libro Eliseo Pérez, autor de más de una docena de libros llama a voltear la tortilla, a asumir las tradiciones negadas y las historias “veladas” de los diversos y ricos pueblos que han resistido a lo largo de los siglos y a retomar su vitalidad para la humanidad. El autor reflexiona teológicamente en una linea transversal que recorre las diversas “sospechas” hermenéuticas de los muchos protagonistas de la liberación en Abya Yala, como Sojourner Truth,  Frantz  Fanon, Aimé   Césaire,  Marcus  Garvey,  Hatuey,  la  esclava  Anastasia,  José Martí Pérez, Malcom X, Gloria Anzaldúa, Julia Burgos y Jamaica Kincaid… Así, “voltear la tortilla” consiste en repudiar la doctrina del “descubrimiento” y se centra contra el estereotipo etnocéntrico que niega toda capacidad de reflexión teológica y filosófica original en el sur global. Es necesario recordar en este sentido que la teología indígena es la más antigua en Abya Yala  que resistió al Imperio hispano y no logró ser controlada ni destruída. “Voltear la tortilla” es también reconocer a la primera teóloga cristiana nacida en el Continente Latinoamericano Sor Juana Inés de la Cruz hasta las múltiples y actuales teologías de la liberación.

Eliseo en este texto, nos llama a afirmar, contra Descartes y buena parte de la tradición occidental, que la humanidad propia solo se da mediante el reconocimiento de la humanidad de los otros, señalando el valor intrínseco, en dignidad y respeto. Ésta es la homilética anticolonialista, la misma que usó Jesús predicando alrededor del “fogón” de la eu-caristia donde los despreciados tienen un lugar privilegiado, señalando así el nuevo mapa de la eu-topia del Reino de Dios.

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