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Posted On 02/02/2017 Por En Biblia, Opinión, portada With 853 Views

Aficionados a asuntos ”religiosos”

La insondable compasión mostrada en todo momento por Dios y especialmente desplegada en y por Jesús de Nazareth, constituye el meollo, el motor y el núcleo de Su Misión para con toda la Creación. La nuestra, nuestra misión como hijos y seguidores suyos en este mundo, es mucho más modesta pero no carece de importancia porque emerge subsidiariamente, de la Suya.

Y es esa misma compasión nacida de Nuestro Padre, mostrada y avalada en Jesús de Nazareth y comunicada y “contagiada” por el Espíritu a nosotros mismos, la que debemos ejercer o más bien “dejar hacer”, sin oponerle trabas ni miedos, ni prejuicios ni intereses; dejando que juegue un papel motivador de primer orden en nuestras vidas, personales y comunitarias, si queremos que transmitan Evangelio y no sólo palabrería religiosa. Si queremos construir una iglesia libre, valiente y compasiva pero también obediente y comprometida bajo la autoridad de su cabeza que no es otro que Jesús mismo, receptiva a la Palabra de Dios y dispuesta a darlo todo por Él. Si no queremos acabar siendo una especie de grupo de aficionados a asuntos ”religiosos” que siquiera sea bienintencionadamente (o por mala conciencia, que, a la postre, viene a ser muy parecido) nos reunimos, periódicamente, en una especie de psicoterapia de grupo, para calmar nuestras ansiedades, dar cauce a nuestros buenos sentimientos y sobrellevar la vida, dura vida (a veces la nuestra, a veces la de nuestros semejantes), aderezándola con cuatro consignas de libro de autoayuda (por muy bíblicas que se pretendan).

No, no podemos caer en eso si lo que realmente queremos es llevar al mundo, empezando por nuestro pequeño mundo, nuestro entorno, el mensaje de paz, perdón, acogida, justicia, liberación y plenitud del Dios Creador y reconciliador que busca lo que se ha perdido para que vuelva a Sí y en Él encuentre libertad, descanso y sentido. Hacerlo sería empequeñecer de manera miserable una salvación tan grande como la que hemos recibido que, por muy grandilocuente y pomposamente que la describamos y hablemos de ella, si no se hace vivible, palpable, disfrutable, mostrable, concreta, verosímil y evidente sólo producirá, y con razón, escepticismo, decepción y hasta desprecio.

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