Posted On 30/10/2018 By In Columna, Pastoral, portada With 256 Views

Buscadores y buscadoras de sabiduría | Ignacio Simal

Me gusta leer, leer diferentes textos, bíblicos y no bíblicos. Tengo la convicción de que a través de las Escrituras sale a mi encuentro, de una manera singular, la Palabra de Dios, pero también leo otros textos desde la conciencia de que toda verdad que encierren es ¡verdad de Dios!, y más si cabe cuando queda constatada por el testimonio de los textos bíblicos.
Esta tarde leía en el “Eclesiástico”. Un libro que los protestantes consideramos, al igual que los judíos, fuera del canon del Antiguo Testamento. Inicié mi lectura en la segunda parte de libro (24-42), y cuando llegué al capítulo 33, llamaron mi atención los versículos 16-18. Dicen, según la traducción de Luis Alonso Schökel (Biblia del peregrino),
Yo quedé en vela el último como quien rebusca tras los viñadores; madrugué con la bendición del Señor, y como cosechero llené mi lagar. Mirad que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan sabiduría.
Al acabar de leerlo, el texto quedó fijado en mi mente. Y la evocación, a través del texto, de la tarea pastoral se hizo evidente a mi constante reflexionar sobre la misma. La tarea del acompañamiento pastoral no tiene como objetivo sustituir al Buen Pastor -sería un acto de impiedad imperdonable-, sino más bien busca arrojar luz-instrucción a la vida de nuestros hermanos y hermanas a fin de que cuenten con criterios evangélicos para que se ejerciten en el propio discernimiento espiritual sin condicionamientos a su libertad individual.
De ahí que las pastoras y pastores tengan el deber ineludible de llenar “su lagar-alma” de la Palabra del Mesías a través del estudio y la meditación constante (“quedé en vela el último […] madrugué con la bendición del Señor”) en las Escrituras, a fin de adquirir sabiduría (saber entenderse con la existencia desde el Evangelio) con el objetivo puesto más allá de ellos mismos –que también-, pues desea beneficiar a sus hermanos y hermanas, todos ellos buscadores de sabiduría.
Y lo que vale para pastores y pastoras, vale para cada persona que confiesa a Jesús de Nazaret como su Señor. No debemos olvidar que todos somos pastores los unos de los otros. Por algo el autor bíblico escribirá a las cristianas y cristianos en la ciudad de Colosas: La palabra del Mesías more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría (Col. 3:16).
Soli Deo Gloria

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