Posted On 02/09/2018 By In Columna, Pastoral, portada With 348 Views

Con el viento en contra | Ignacio Simal

“A mis hermanas y hermanos que me acompañan en el seguimiento de Jesús”

Aquí te presento a José y David. Son pareja“, le dije a mi madre. Les saludó, como era su costumbre, con un beso. Al rato me preguntó, “¿son homosexuales?” “Sí”, le respondí, “Son homosexuales y cristianos”. Ella se quedó pensativa.

¡Homosexuales y cristianos! ¡Qué cosa tan difícil de digerir para la mayoría de cristianas y cristianos! Y ¡no solo para las personas que se confiesan creyentes!

Hoy deseo hacer pública mi admiración hacia las personas que se adhieren a Cristo a pesar de que todo, absolutamente todo, lo tengan en su contra. Y ese es el caso de mis hermanos y hermanos LGTBI. No tengo ninguna duda. Lo sé por la experiencia que comparto con ellas.

Personas que por su orientación sexual, si la hacen explícita, son expulsados de las iglesias. Mujeres y hombres que tienen que escuchar, desde bien niños, cómo se les caricaturiza, se les adjetiva con palabras duras y gruesas, y se les cuestiona su amor y fidelidad al Señor, advirtiéndoles que, de no “cambiar”, solo tienen un futuro, ¡las llamas del infierno!

También sufren, en su carne, la sociedad patriarcal que desgraciadamente nos rige. Nuestra sociedad se halla todavía muy lejos de superarla. Tal y como se puede comprobar a diario, una sociedad no cambia a golpe de leyes, sino a través de la educación de sus miembros. Y mientras la educación en la familia, en las iglesias y en la escuela siga siendo correa de transmisión del heteropatriarcado, las personas con una orientación social no normativa seguirán sufriendo, como bien saben, la sospecha, el rechazo y la violencia del sistema.

Por otra parte, suelen ser vistos con ojos de conmiseración, por las personas no creyentes del ámbito LGTBI. Ellos y ellas son los/las “maricristi“. No es fácil, nada fácil, ser homosexual y creyente, pues es transitar la vida de seguimiento de Jesús contracorriente, radicalmente contracorriente. Contracorriente de tirios y troyanos.

En mi opinión falible, los cristianos y cristianas LGTBI sufren un triple rechazo: el rechazo por parte de las iglesias, el desprecio violento del heteropatriarcado y la mirada de conmiseración de muchas personas de su mismo “colectivo”. Ellas y ellos siguen a Jesús con el viento en contra.

Por ello digo que les admiro. Les admiro y me congratulo de compartir la vida y la mesa del Señor con ellos y ellas en una iglesia que afirma la bienvenida y acogida a todas las mujeres y hombres, sin exclusiones, a la manera de Jesús de Nazaret.

Sola gratia. Solo Cristo

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