Posted On 19/12/2014 By In Opinión With 1599 Views

¡Dejadnos soñar con un nuevo éxodo!

«Aquel día otra vez su mano el Señor y rescatará al resto de su pueblo…«(Leer Isaias 11:10-16; Apo. 20:1-10)

¡Dejadnos soñar! Dejadnos soñar con un nuevo mundo donde more la justicia sin que nadie -ni dioses, ni seres humanos- atente contra ella. Dejadnos soñar imposibles humanos. Sueños imposibles para los que somos hijos e hijas de Eva y Adán, pero posibilidades reales que el Dios de Jesús de Nazaret nos quiere conceder a través de su inmensa y generosa gracia. Para el Dios del Éxodo no hay nada que no entre en el terreno de lo posible.

Dejadnos soñar con un nuevo éxodo del Imperio y sus dioses. Dejadnos soñar con el día en el que Dios escarmiente a los dioses que fundamentan la injusticia del poder opresor del Imperio. Esperamos ansiosamente ese día en el que se nos abra una calzada en medio del mar que hace de frontera infranqueable entre los poderes de los faraones y sus dioses, y la tierra donde no se «juzgará a primera vista ni [se] dará sentencia de oídas; [sino que se] juzgará con justicia a los pobres, con rectitud a los humildes de la tierra» (Isa. 11:3-4 BTI). Para el Dios del Éxodo no hay nada que no entre en el terreno de lo posible.

Dejadnos soñar con el día en el que Dios reunirá a su pueblo que se encuentra disperso a lo largo y ancho de la tierra regida por el Imperio. En ese día las gentes que conforman el pueblo de Yahweh dejarán a un lado sus diferencias para seguir el estandarte de la paz y la justicia. Todos juntos sembrarán la tierra con las palabras de los antiguos profetas, voceros de la justicia, dando como fruto la paz. Para el Dios del Éxodo no hay nada que no entre en el terreno de lo posible.

Dejadnos soñar con el día en el que como en el antiguo éxodo, muchedumbre de gente, -también soñadores con una tierra donde more la justicia-, emprenderán junto a nosotros, y nosotros con ellos (Ex. 12:38), el nuevo éxodo que avistamos en el horizonte de la historia. Ese éxodo final a la tierra donde «el lobo vivirá con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, novillo y león pacerán juntos, y un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se echarán juntas; el león comerá paja como el buey. Jugará el lactante junto a la hura del áspid, el niño hurgará en el agujero de la víbora. Nadie hará daños ni estragos» (Isa. 11:6-8 BTI). Para el Dios del Éxodo no hay nada que no entre en el terreno de lo posible.

Dejadnos soñar con el día en el que el Dios de la justicia y la paz obre el portento de la resurrección de la comunidad de las personas justas. En aquel día veremos con vida, vida en el pleno sentido de la palabra, a los que fueron vejados, perseguidos y asesinados a causa de su lucha a favor de la justicia, la misericordia y la fidelidad a los valores que dieron sentido a la vida de Jesús de Nazaret. Ellos jamás se arrodillaron ante los dioses del Imperio de la muerte, y no se dejaron tatuar, ni en sus frentes ni en sus manos, la marca de propiedad y dominio de los faraones de este siglo como únicos señores de sus existencias. Todas esas personas, que vivieron plenas de esperanza, volverán a la vida para participar del mundo nuevo de Dios. Para el Dios del Éxodo no hay nada que no entre en el terreno de lo posible.

Sí, ¡dejadnos soñar! Dejadnos que la esperanza en un mundo donde la justicia y la paz no sean, como sucede el mundo decrépito en el que vivimos, constantemente violentadas, sea la estrella que nos guíe en el camino. Sí, ¡dejadnos soñar! Pues para el Dios del Éxodo no hay nada que no entre en el terreno de lo posible.

Soli Deo Gloria

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