Posted On 04/06/2020 By In portada, Teología With 533 Views

¿Dónde está Dios en la pandemia del coronavirus? | Juan Sánchez

En los que mueren y en los que viven; en los egoístas y en los generosos; en lo que tienen miedo y en los que tienen coraje; en los que solo están preocupados por su vida y en los que están preocupados por las vidas de todos… Dios está en todos, pero de diferente manera.

En unos “apagado” y en otros “incendiando”; en unos “escondido” y en otros “manifiesto”; en unos “callado” y en otros “clamando”; en unos “anulado” y en otros “salvando”…

Dios es “el poder que todo lo determina”, es decir, a nivel humano, Dios es el poder que determina la vida y la muerte de los seres humanos, de las civilizaciones humanas, de la historia humana; Dios es el poder salvador de la vida y de la historia humana.

El momento en que vivimos, tiene una característica extraordinaria, es especialmente oportuno (kairós) para hablar de Dios, para preguntarse por Dios, para buscar a Dios, para dejarse impactar por Dios, es decir, por el poder que determina la vida y la muerte de los seres humanos de este planeta, amenazado también de muerte.

Pero no solo eso, este tiempo en que vivimos está exigiendo que la pregunta por dónde está Dios, sea respondida mirando con atención a aquellas decisiones políticas, económicas, sociales, sanitarias, etc., en las que se juega la vida y la muerte de nuestras sociedades. Porque allí es donde Dios es “afirmado” o “negado”, “silenciado” o “escuchado”, “ignorado” o “adorado”.

Las iglesias, y las religiones en general como “adoradores oficiales de Dios”,  podemos dedicar tiempo y esfuerzo a organizar cultos, liturgias, penitencias, etc., en los que relacionarnos con “nuestro” Dios, (y que nadie lea en mis palabras una crítica de estas actividades religiosas, pues soy religioso y conozco el poder de las mismas); pero donde Dios está radicalmente en juego hoy, en nuestras sociedades, es allí donde se decide la vida y la muerte de la vida en este planeta.

Organicemos todas esas actividades y busquemos en ellas a Dios, pero hagámoslo “para nosotros”, sin darle bombo ni platillo, pues no son comprendidas por la mayoría de nuestros conciudadanos, que las ven como una pérdida de tiempo, ya que Dios no “puede” hacer nada contra la pandemia que padecemos.

Y es verdad, Dios no puede hacer nada contra ella, que no haga también el ser humano. Pero eso lo sabemos nosotros, (aunque no todos, muchos creyentes siguen pensando que Dios “puede” actuar “mágicamente”…), lo sabemos nosotros que vemos a Dios en todos los seres humanos como el poder que determina la vida y la muerte.

Vuelvo a insistir, lo que está en juego hoy es “qué poder” determina la vida y la muerte de nuestras sociedades: el poder del dinero que incluso en situaciones como las que vivimos sólo tiene ojos para sí mismo; o el poder de la solidaridad, de la entrega desinteresada de la vida por los demás.

Allí está Dios “manifiesto”, allí está “presente” Dios, en todos los seres humanos que estamos viendo en nuestras sociedades “dejarse la vida” para que sus semejantes vivan; se llamen cristianos o musulmanes, budistas o ateos, etc., se llamen como se llamen, “encarnan” a Dios todos aquellos que “dan su vida para que el mundo viva”, que es la esencia del cristianismo tal y como se puso de manifiesto en la vida y la muerte de Jesús.

En el centro de la fe cristiana está la vida y la muerte de los seres humanos. El momento actual es momento oportuno (kairós) para que pongamos de manifiesto al Dios de Jesús de Nazaret, y no al Dios de nuestros “credos” y “liturgias”. Es el momento oportuno para mostrar a nuestra sociedad de qué va “lo de Dios”.

Y lo vamos a conseguir si somos capaces de poner en el centro de nuestras preocupaciones y tareas el analizar las decisiones económicas, políticas, sociales, sanitarias, etc., en las que se juega el futuro de nuestras sociedades, se juega la vida y la muerte de nuestro planeta; y hacernos presentes en ellas.

Organicemos cultos, oraciones, ayunos, etc., pero organicemos también grupos ecuménicos, interreligiosos, interculturales, etc., que analicen como se juega “lo de Dios” (la vida y la muerte de nuestros semejantes) en las decisiones económicas, políticas, sanitarias, etc. que están decidiendo nuestro futuro.

Allí es donde Dios está radicalmente “en juego” en nuestra sociedad, hoy.

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