Posted On 19/12/2013 By In Diálogo Interreligioso, Ética, Opinión With 1398 Views

El Anglicanismo y la igualdad de géneros (*)

Buenas tardes a todas las personas presentes en este encuentro.

Me llamo Antonio Ibáñez y pertenezco a la Església de Crist, de la calle del Sol de Sabadell, que es de inspiración anglicana.

Estoy bastante de acuerdo con la definición de la religión como un conjunto de creencias en algo misterioso que se encuentra fuera de los límites de nuestra razón. Se trataría de una noble aspiración de los seres humanos a encontrar respuestas a ciertos interrogantes vitales, especialmente a la pregunta sobre qué pasará después de la muerte.

Sin embargo, conviene discernir entre las religiones y los que las administran, a quienes para abreviar denominaré en todos los casos “jerarquía” o “jerarquías eclesiásticas”.

Se puede afirmar que a lo largo de la historia todas las jerarquías han aprovechado los legítimos sentimientos religiosos de las personas para procurarse posiciones de privilegio en la sociedad: los sacerdotes egipcios con los faraones, los obispos cristianos con el emperador romano Constantino, los lamas en el Tíbet, los diversos califatos islámicos, etc.

Pero en el grado más bajo de la jerarquía siempre hemos encontrado mujeres, que como diría el actual papa católico, han ocupado una posición de servidumbre dentro de sus respectivas organizaciones.

Hasta el siglo XVIII, con la Ilustración, la independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa, los estados no empiezan a separarse de las jerarquías eclesiásticas. Se producen las respectivas declaraciones universales del hombre (insisto, del “hombre”), y en 1791, también en Francia, la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Ya se disponía, pues, de una base social y jurídica para la equiparación: la constitución de estados laicos y las primeras declaraciones de derechos.

En el siglo XX encontraremos, entre otros, dos hitos capitales: en 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (no sólo de los “hombres”) por parte de la ONU, y, en especial, la proclamación también por parte de la ONU, en 1999, del día 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Se puede decir que la mayor parte de la legislación básica de los países democráticos occidentales recoge los principios éticos de estos dos textos.

Pero el problema se halla todavía hoy muy lejos de solucionarse: hace bien poco hemos visto como un príncipe de la iglesia promocionaba en España la publicación de un ensayo muy conservador titulado “Cásate y sé sumisa”, de la periodista italiana Costanza Miriano.

Mi parroquia, que como he indicado, es la Església de Crist,  pertenece a la iglesia anglicana en España, oficialmente denominada Iglesia Española Reformada Episcopal (I.E.R.E), la cual, a su vez, forma parte de una fraternidad mundial de iglesias nacionales –la Comunión Anglicana- que, siendo autónomas, tienen como modelo teológico y litúrgico el de la Iglesia de Inglaterra. Nosotros dispusimos durante años de una mujer como rectora: la tan recordada Susan  Woodcock, y la junta parroquial, que es elegida -y tiene funciones ejecutivas no meramente consultivas como sucede en otras iglesias- está formada por mujeres en una proporción del 50 por ciento.

Si nos referimos al ámbito español de la I.E.R.E, vemos que todavía nos hallamos en una fase incipiente de equiparación, con dos mujeres ordenadas como rectoras parroquiales, aunque muchas más ordenadas como diaconisas, y, a mayor abundancia, nada impide canónicamente que el episcopado pueda ser ostentado por una mujer.

En la Comunión Anglicana encontramos situaciones muy dispares. Así, mientras que en los países de tradición anglosajona, o nórdicos, las mujeres han llegado no sin conflictos a los máximos niveles de la jerarquía, en otros, como los del Cono Sur americano, o en los del continente africano, se encuentran con fuertes resistencias derivadas de las tradiciones culturales específicas de dichos países.

Un caso positivo y preeminente es el de Katharin Jefferts, obispa-presidenta de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos (anglicana), y que vendría a ser el equivalente del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, primado de la Iglesia de Inglaterra.

Refiriéndonos a la igualdad de género, o, mejor dicho, a orientaciones sexuales en sentido amplio, aún resulta más hiriente la situación de gays y lesbianas. Así, hemos de volver a los Estados Unidos para encontrar ejemplos de obispos o de obispas homosexuales, cuya elección, siendo ya una realidad, ha provocado fuertes tensiones en el seno de la iglesia.

Sabemos que en el pasado los anglicanos pecamos gravemente al ponernos del lado de los poderosos (por ejemplo, durante la época victoriana en el Reino Unido); que sometimos a las mujeres; y que negamos la eucaristía o directamente ejecutamos a los homosexuales. Pero creemos que, una vez arrepentidos, el presente es esperanzador, y que estamos trabando con ahínco para que, con la ayuda del Espíritu Santo, nadie pueda ser discriminado por motivos de género o por su orientación sexual. Y también para que en el futuro las mujeres eviten caer en los mismos errores que los hombres que acapararon y siguen acaparando puestos de mando en la jerarquía de la Iglesia.

Muchas gracias y que Dios os bendiga.

(*) Antoni Ibáñez. Intervención durante el XIII Encuentro Interreligioso de Sabadell. Sábado, 16 de noviembre de 2013. Traducción del autor al castellano del original en catalán.

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