Posted On 16/09/2013 By In Biblia, Ecumenismo With 2089 Views

El desafío de una antigua caminata que continúa (Hebreos 11:29 – 12:3)

Quiero destacar tres líneas de reflexión que pueden resultar desafiantes para quienes nos ha tocado la responsabilidad de ser el relevo en una antigua caminata de fe que aún continúa inspirándonos.

Quiero compartir unas líneas en primer lugar sobre el tema del pasado, la tradición y la historia como instrumento para inspirarnos y para re-enfocarnos. En segundo lugar el tema de la pertinencia, tan relacionado al presente y a la necesidad de no quedarnos siempre transitando los mismos senderos, gozándonos en victorias viejas o sufriendo por cosas pasadas. Y, por último, el desafío de la relevancia, que tiene que ver con el futuro y el desafío de mantener la mirada en Jesús, el cual siempre está en la tensión escatológica del ya, pero todavía no.

Pasado, tradición e historia

El Apóstol Pablo en la Carta a los Hebreos en el capítulo 11 y 12 hace una lectura de la historia del pueblo de Dios en la perspectiva del Reino y resalta que en la  “caminata antigua de la fe” no somos los primeros ya que nos preceden una enorme nube de testigos.

Si miramos la historia en perspectiva de liberación, vemos a un Dios grande actuando por medio de mujeres y varones frágiles, débiles, con multitud de limitaciones. Pero por su fe, caminaron la vida dando razón de una esperanza que iba más allá de los desafíos que la realidad les impuso afrontar. En el movimiento ecuménico podemos hacer un listado de personas que caminaron con confianza y seguridad sabiendo que hay un Dios que guía los pasos e inspira a la comunidad a continuar la caminata antigua con renovada fe, esperanza y visión.

El texto no enfatiza los méritos personales de quienes están en la lista, sino en la fe que les movía y en el poder de un Dios que actúa en l@s creyentes. Fue por la fe – no por sus fuerzas, no por su inteligencia, no por su lucidez; lo cual es un llamado a la humildad- que cruzaron mares como si pisaran tierra seca; por fe, derribaron muros y barreras, conquistaron reinos e impartieron justicia, alcanzaron promesas. Y taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, sacaron fuerzas de flaquezas. Por fe también tuvieron la fortaleza para afrontar burlas y azotes, cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada.

Pero, lo más importante es que, por esa fe (no por las obras ni por las cualidades personales), quienes afrontaron la caminata con fe y confianza, fueron reconocid@s y aprobad@s por el Señor de la vida, de la historia, de la Iglesia y del movimiento ecuménico.

La pertinencia del presente

Fue por fe. Y es bueno recordar a quienes mostraron fidelidad y fe. Es bueno y necesario mirar el pasado y ver lo que nos inspira. Ver las historias gloriosas, los triunfos y también aprender de las dificultades que ha tocado superar en el pasado. El movimiento ecuménico en su caminata no está ajeno a este desafío de releer su historia, sus tradiciones y su pasado, y apreciar aquello nos puede inspirar una renovada vitalidad.

Por esto, el presente es para “re-enamorar” como dijo Felipe Adolff al ser electo presidente del Consejo Latinoamericano de Iglesias. Me gusta releer su frase sobre “el desafío de reenamorar a las iglesias” pensándolo en “traducción Argentina” que aclararía que en Argentina se usa el prefijo “re” para acentuar un hecho. Hacer algo re-bueno, es hacer algo bueno en gran manera. Hacer algo re-importante es hacer algo importantísimo. El “re” funciona como un superlativo en el español de las pampas. Por tanto, el llamado a re-enamorar a las iglesias sería no solo un llamada a “enamorarlas de nuevo”, sino además, “enamorar muchísimo”, superlativamente enamorarlas más que mucho.

Ese es el desafío que también plantea el visionario de Patmos que escribe a las siete iglesias del Asia Menor y a la primera de ellas, Efeso, la llama a volver al “primer amor”, al que siempre somos llamados a volver y que tiene que ver con la razón de ser de este movimiento y con nuestra identidad más profunda y apasionada.

Juan escribe en el Espíritu y desde el Espíritu y pneumatológicamente se podría decir, en palabras de mi maestro el Dr. Sergio Ojeda, que “re-enamorar vendría a significar persuadir, o como decía Rubem Alves, seducir. Y es el Espíritu quien enamora, persuade y seduce, para indicarnos que nuestra mirada debe mantenerse centrada en Jesús” y en su modelo.

Apocalipsis 2: 1-4 dice: “El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: «Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.”

A nosotr@s nos toca re-enamorarnos y re-enamorar, correr apasionadamente la carrera de la fe, lo cual no es algo abstracto, no es un tema solo de lo “alto”, sino que, fundamentalmente, es un desafío para aquí “abajo”, para este presente nuestro que nos toca vivir. Por eso el desafío para CLAI es “abajarse” ir a donde está la gente y los desafíos, salir de la elite y llegar a las gentes.

Pablo dice, mirando esa nube de testigos “allá, en lo alto” que “aquí, en lo bajo” debemos dar la batalla y liberarnos de todo lo que retrasa nuestra carrera para seguir adelante.

El presente es el tiempo oportuno, el kairós de Dios, para que superemos el pasado, para que dejemos atrás lo viejo y renazcamos a una esperanza nueva y viva, al decir de Pedro, y como se celebraba en Concepción, Chile, en la 3a Asamblea General del CLAI.

Re-nacer y re-enamorar tiene que ver con el tiempo de lo nuevo, con dejar atrás nuestros egos y nuestras limitaciones y, humilde y desinteresadamente, ponernos al servicio de Aquél que nos llamó a buscar el Reino de Dios y su perfecta justicia, sabiendo que lo demás será añadido, a su tiempo, por el Señor.

Se trata de que nosotros mengüemos, para que Cristo brille. En los caminos de la fe, de la iglesia y del movimiento ecuménico el único reconocimiento que debemos buscar y la única aprobación que debemos anhelar, es la de Aquél que nos ha llamado no a ser servidos, sino a servir comprometida y encarnadamente. No porque seamos capaces, ni porque nos sobren fuerzas, sino porque “camina con nosotros Uno, que hace amanecer”. Como bien decían Guido Bello y Pablo Sosa en la canción “Vamos” en la que también se expresa que “la esperanza es una larga caminata, sueño de una tierra liberada”.

El desafío de la relevancia y mantener la mirada en Jesús

La liberación es lo que impulsa a seguir caminando y venciendo limitaciones. Porque ser relevantes y pertinentes tiene que ver no con hacer lo que otr@s esperan de nosotr@s, sino más bien con hacer aquello que el totalmente Otro nos ha pedido realizar. Por eso el llamado a “correr con paciencia la carrera de la fe con la mirada puesta en Jesús”, como modelo de nueva humanidad, es nuestra vocación.

Pablo se centra en el modelo de Jesús para responder a los desafíos éticos de su tiempo y a la misión de Dios en el mundo. En Gálatas 5:13b-14 Pablo concluye que el cumplimiento de la ley son las prácticas del amor y del servicio que Jesús enseño. Dice: “…sírvanse los unos a los otros por amor. Porque toda la ley se cumple en esta sola palabra: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

Y ahí, en el amor y el servicio, está el desafío de la relevancia del creyente y del movimiento ecuménico. Hay una realidad impostergable y un desafío fundamental para nuestra identidad cristiana: tenemos que mantener la mirada puesta en un Jesús al que no vemos, si no es en los demás y especialmente en los demás que necesitan ser amados y servidos.

Mantener la mirada en Jesús no tiene que ver con quedarnos mirando al cielo, como los discípulos en la Ascensión, sino con “abajarnos”, con mirar con atención a nuestro alrededor para descubrir ahí a Cristo. El y la creyentes verdader@s no pueden cerrar los ojos a la realidad que nos rodea, sino -precisamente- mirar al lado nuestro y descubrir que aquí mismo, al lado, abajo, está Jesús dejándose ver en aquellos más pequeños y sufridos.

La pertinencia, la relevancia y el desafío, está en ponernos al lado de quienes se siente derrotad@s y no tienen fuerzas para seguir caminando. Es ahí, en el otro y la otra, en la otra orilla, donde nos encontramos con Jesús. Ellas y ellos son el lugar donde posar la mirada y poner la atención y la acción. Es el niño puesto por Jesús en medio de la comunidad y el que no sea como un niño no tiene parte en el Reino. Es la mujer perdonada, ¿dónde están los que te acusan? y yo tampoco te condeno. Es la persona desvalida que se levanta, el herido que es curado, el encadenado vuelto a la vida y a la sociedad.

Solo al encontrar a Jesús en el servicio y el compromiso con ellas y con ellos podemos sentir -como los discípulos de Emaús- que “arde nuestro corazón”, cuando compartimos el pan con el que tiene hambre, cuando caminamos los caminos junto al foraster@, al/la migrante, cuando abrimos nuestra vida a las y los que sufren.

Conclusión

La Palabra dice que miremos a Jesús y nos revela cómo hacemos. En Mateo 25:34b-40 se describe la escena de aquel día que el Señor hablará a los salvos diciendo: “Vengan, benditos de mi Padre, y hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.  Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; estuve desnudo, y me cubrieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a visitarme.” Entonces los justos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer; o con sed, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recibimos; o desnudo, y te cubrimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y te visitamos?” Y el Rey les responderá: “De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron.”

Ahí está el desafío también para nosotros como CLAI: encontrarnos con Jesús en el camino, mirando como Jesús miró, amando como Jesús amó, dando la vida por el proyecto hermoso que el Padre ha puesto a nuestro cuidado y como instrumento de su Reino. Recordando que no somos los únicos en esta caminata, ni los primeros. Recordando que no se trata de nosotros “ascendiendo”, sino de nosotros “abajándonos” al único lugar donde podemos ponernos si aceptamos el llamado: el último lugar, el lugar de las y los que vienen para servir y no para ser servid@s.

He ahí el desafío de una antigua caminata que continúa y que nos invita a servir a Dios, transformando la vida de los que más necesitan del amor y el servicio.

Así nos ayude Dios.

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