Posted On 21/10/2010 By In Biblia With 3744 Views

El Nuevo Testamento y la iglesia cristiana

Tertuliano De praescriptione haereticorum 200 d.C.

«…es razonable cuando proponemos que no se ha de permitir a los herejes que apelen a las Escrituras, ya que probamos sin recurrir a las Escrituras que ellos no tienen nada que ver con las Escrituras. Si son herejes, no pueden ser cristianos, ya que no han recibido de Cristo lo que ellos se han escogido por propia elección al admitir el nombre de herejes. No siendo cristianos, no tienen derecho alguno sobre los escritos cristianos. Con razón se les ha de decir: ¿Quiénes sois? ¿Cuándo llegasteis, y de dónde? ¿Qué hacéis en mi terreno, no siendo de los míos? ¿Con qué derecho, Marción, cortas leña en mi bosque? ¿Con qué permiso, Valentín, desvías el agua de mis fuentes? ¿Con qué poderes, Apeles, mueves mis mojones?… Esta posesión es mía; posesión antigua y anterior a vosotros. Tengo unos orígenes firmes, desde los mismos fundadores de la doctrina…»

Los cristianos hoy nos autocomprendemos como la Iglesia de Dios, y de forma acrítica creemos que podemos remontar el origen de la iglesia a Jesús mismo, e incluso a Abraham. Y de alguna forma es cierto[1], desde un sentido teológico la iglesia es la asamblea de los llamados por Dios y en tal sentido podemos decir que somos hijos de Abraham mismo[2] y que la Iglesia de Dios tiene continuidad, aunque no étnica sí espiritual, a través de los dos pactos.

Pero la Iglesia como institución[3] tiene un origen y un desarrollo en la historia y es vital para nosotros intentar definirlo para conocer mejor su relación con el Nuevo Testamento.

1.  ¿Creó Jesús una Iglesia?

De entre los cuatro evangelios sólo en el de Mateo[4] encontramos la palabra iglesia, esto nos ha de hacer pensar, más aun cuando Mateo es un evangelio que se compone principalmente para el judío, donde el resto de los pueblos queda, al menos en un principio, al  margen del mensaje[5]. Pero podemos ver tanto en los evangelios como en el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles que Jesús no organizó una nueva institución, con estructuras propias, independiente del judaísmo, y reconocible a los ojos de la sociedad de su tiempo. Podemos decir que lo que surgió alrededor de Jesús fue un movimiento[6] en principio palestiniense no institucionalizado sino carismático y dinámico, renovador, profético y milenarista[7]. Que este movimiento como tal acabase en el 70 d.C. con la destrucción del Templo de Jerusalén[8] o que sigamos llamándolo movimiento hasta el 120-150 d.C. cuando la consolidación del rabinismo hace que la ruptura de los cristianos con el judaísmo sea ya definitiva[9], es irrelevante aquí porque en ninguno de los dos casos podemos decir que tengamos ya una estructura institucionalizada que podamos llamar Iglesia. En estas fechas está en proceso la evolución natural de asentamiento que tiene todo movimiento.

2.  ¿Movimiento o movimientos?

Que el Evangelio de Mateo tenga como prioridad a los judíos y tanto éste como el de Marcos se muevan en el ambiente rural de Galilea nos muestra, en una comparación con el Evangelio de Lucas, centrado en el ambiente urbano y preocupado de la relación con los gentiles, que podemos hablar de movimientos[10], cada uno con matices en su propio ethos, con sus propias luchas y sus propias preocupaciones, y que de alguna forma han influido en las diferencias que hoy nos encontramos al abrir las páginas del Nuevo Testamento e incluso en otros textos cristianos.

Y es que el Nuevo Testamento es una selección de la producción literaria cristiana que se produce durante unos 80 años[11], y que abarca una extensión geográfica que va desde Roma hasta Siria. Así tenemos muestras tan diferentes del producto literario de estos movimientos, desde el Evangelio de Mateo de la secta jesuana palestiniense después de la primera revuelta judía, hasta la experiencia paulina de asentar el mensaje propiamente judío del evangelio en una cultura no judía y helenizada[12].

3. Movimientos y Escrituras

Hemos de considerar que estos movimientos que acabarían configurando lo que entendemos como la Iglesia institucionalizada, son a la vez objeto y sujeto de lo que hoy llamamos el Nuevo Testamento.

Los primeros seguidores de Jesús de Nazaret no aparecen con una nueva colección de escritos debajo del brazo entregados por Jesús o por Dios mismo, sino que siguiendo el ejemplo de su Maestro, y como era de esperar al ser un movimiento judío, siguen leyendo las Escrituras judías en la sinagoga[13], con la novedad de que la revelación de la Palabra de Dios es ahora la encarnación en Jesús de Nazaret en el que todo debe ser re-interpretado y quien da el significado último a esta revelación[14].

El por qué los seguidores del movimiento de Jesús empezaron a generar y a coleccionar su propia literatura obedece a diversos factores, aunque no sea posible aquí profundizar en ellos será bueno nombrarlos:

3.1 Un movimiento en misión: El movimiento palestiniense podría estar acostumbrado a la memorización de la Palabra, es obvio que sin el descubrimiento de la imprenta, no habría escrituras para todos, las copias eran caras y lentas de hacer. La enseñanza rabínica estaba familiarizada con la memorización de textos y la tradición oral que generó Jesús sería transmitida de forma similar. Pero la expansión del cristianismo, especialmente en el mundo greco-romano[15] hizo necesaria que la comunicación evolucionase.

3.2 Desaparición de los testigos: Los apóstoles y sus discípulos iban muriendo, así que ante la proliferación de escrituras y lo nombrado en 3.1 estos escritos se van coleccionando, y distribuyendo. Hemos de notar que las palabras de Jesús se consideraban al mismo nivel de autoridad que la Torá judía[16] y la palabra de sus apóstoles era la palabra que habían recibido en Él[17]. Así tenemos ya, a principios del s. II unas colecciones de epístolas paulinas[18] que circula por las distintas iglesias y a finales del mismo siglo ya tenemos el núcleo de lo que sería el Nuevo Testamento[19].

3.3 La necesidad de un material común: Conforme el movimiento va dejando de ser tal y va adquiriendo sus propias formas de culto y de liturgia, organizándose y distanciándose del judaísmo se adquiere la consciencia de la necesidad de tener un material común que exprese la misma fe. En este momento hay que pensar que el movimiento (que ya está dejando de serlo) tiene que re-interpretar toda su tradición escatológica para asentarse en su sociedad con la perspectiva de una espera larga de la parusía cuando antes se antojaba inmediata[20].

Hemos de notar que, el canon Judío no se cerró hasta principios del segundo siglo[21], así que los seguidores de Jesús no tenían consciencia de estar creando un “Nuevo Testamento” sino más bien de estar completando con un apéndice[22], a la “Ley y los Profetas” que eran comúnmente usados en la sinagoga judía[23] [24].

4.  Conclusiones respecto a la Iglesia

Sin pretender hacer un desarrollo completo de toda la historia de la Iglesia, a modo de resumen, podemos concretar unas cuantas conclusiones interesantes sobre su origen:

4.1 Origen histórico: La Iglesia no aparece de repente como un ente definido y organizado. Las distintas comunidades de discípulos que siguen a Jesús bajo ciertas presiones y circunstancias sociales y culturales, acabarán separándose del judaísmo y formando una institución/religión propia. Pero tardará dos o tres siglos en poder presentarse como algo uniforme.

4.2 Multiculturalidad: La Iglesia desde los principios del movimiento vive en tensión con mantenerse fiel a su pasado judío y con su expansión a los gentiles en un mundo de cultura greco-romana, también en la tensión de la radicalidad del movimiento con la adaptación y el ser aceptados por el Imperio. Esto afectará a nuestra visión de lo que llamamos el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento

Si le preguntas a un niño de cuatro años qué es el sol, rápidamente lo señalará en el cielo, o lo dibujará en un papel; sabrá lo esencial de nuestra estrella: que calienta, que da luz, que aparece y desaparece cada día por las montañas y los valles… pero no podemos pretender que nos hable de su diámetro, su peso, composición, origen y un largo etc. de datos que hacen referencia a nuestra estrella. De la misma forma comprendemos muchas veces el Nuevo Testamento.

Como decía arriba “estos movimientos que acabarían configurando lo que entendemos como la Iglesia institucionalizada, son a la vez objeto y sujeto de lo que hoy llamamos el Nuevo Testamento.” Es decir, el Nuevo Testamento es un producto literario del movimiento de Jesús o de la Iglesia primitiva en última instancia, pero a su vez el movimiento y la Iglesia son producto del Nuevo Testamento. Trataremos aquí la primera cuestión.

1. Orígenes

Ya hemos tratado el asunto de la creación literaria de los discípulos cristianos, y que estos escritos no eran considerados por ellos mismos como un “Nuevo Testamento”[25]. Pablo y la escuela paulina[26] generan una serie de correspondencia que es posteriormente coleccionada y difundida, en principio y sobre todo, por las comunidades del área de influencia de Roma, Grecia y Turquía. Respecto a los evangelios mientras que Marcos[27] tuvo su área de influencia sobre todo en Roma, en Antioquía y la zona de Siria seguramente fue el evangelio según San Juan el protagonista y Mateo [28] en Palestina[29].

Así que tenemos una serie de escritos que responden a una serie de inquietudes locales y con un contexto histórico concreto, que además son recibidos con la misma autoridad con la que Jesús y sus Apóstoles recibieron la Torá y los Profetas.

2. Desarrollo

El problema que se nos plantea es el del desarrollo de este Nuevo Testamento. En estos primeros siglos circularon multitud de escritos pero no todos fueron recibidos de igual manera ni fueron recibidos desde un principio en las mismas áreas geográficas. Como he comentado tanto los 4 evangelios como 10 cartas de Pablo (o de la escuela paulina) fueron rápidamente difundidos entre las comunidades cristianas. Pero las listas de escrituras aceptadas varían enormemente tanto en el tiempo como en la geografía de tal forma que es del todo imposible tratarlo aquí[30]. Me bastará con nombrar que hasta siglo V en el Concilio de Calcedonia no se cierra el canon que hoy consideramos el Nuevo Testamento[31]. El proceso es largo y tedioso y los distintos unciales que han llegado a nuestros días reflejan hasta que punto hoy podríamos tener un Nuevo Testamento ligeramente diferente del que tenemos[32].  Podemos decir que el Nuevo Testamento se consolida bajo los siguientes aspectos:

2.1 La presión herética: Marción (85-160 d.C.), es el primero en crear una colección de escritos bien definida, aunque podría ser que estuviese revisando una anterior[33]. La cuestión que nos interesa es que es una colección sesgada: un Evangelio de Lucas mutilado y 10 cartas de Pablo también retocadas para sus intereses. Esto requiere una respuesta de la Iglesia Católica que será la base para la posterior realización de un canon[34].

2.2 La presión imperial: Tiempo después Eusebio de Cesarea (314-339) en su História Eclesástica nos informa del estado del canon en las iglesias de su tiempo, destacaré que la Epístola de Santiago aunque conocida sigue siendo discutida, igual que la de Judas, la 2ª de Pedro y las “supuestas” 2ª y 3ª de Juan. Después da una lista de los que llama espurios entre los que destaca el Apocalipsis de Juan. Lo curioso es que algo después del año 300 el Emperador Constantino, con su nueva capital inaugurada, le pidiese a su buen amigo Eusebio cincuenta Biblias, con nuestros 27 libros, incluyendo Apocalipsis, que a Constantino tanto le gustaba usar para hacer propaganda de su imperio[35].

2.3 Liturgia y nueva sociedad: No sólo las tensiones con las distintas herejías sino también el cambio de escenario de palestina al resto del mundo y la necesidad de la práctica del culto influenciaron en la necesidad de configurar un canon cristiano[36].

Sin embargo lo verdaderamente interesante es que en el canon finalmente aceptado no hay una uniformidad ideológica o teológica. Encontramos posturas enfrentadas respecto a la aplicación del evangelio en las teologías de Pablo y Santiago e incluso entre las epístolas indiscutiblemente paulinas con el resto de las epístolas de lo que podría ser la escuela paulina[37], y en los Evangelios Sinópticos con el Evangelio de Juan.

Conclusiones

Podemos afirmar entonces que la colección de 27 libros que han llegado hasta nuestros días como el canon del Nuevo Testamento ha sido configurado por la Iglesia y ha configurado a la Iglesia. Son los seguidores de Jesús y de sus Apóstoles los que ven la necesidad de poner por escrito el evangelio y de copiar y hacer circular las epístolas que, según creyeron, los Apóstoles dirigieron a las iglesias. Circulaban multitud de escritos que reflejaban distintos ethos cristianos[38] y creo que fueron escogidos, principalmente, aquellos que cumplieron con ciertos criterios[39]:

1.     La capacidad de crear comunidad, es decir que la Iglesia pudiese llegar a una decisión unánime sobre la autoridad, antigüedad, ortodoxia e inspiración[40].

2.     La capacidad de crear identidad salvaguardándola de posturas consideradas heréticas de cristianos judaizantes, gnósticos, docetas, Marción, Valentino, etc.

3.     Y la capacidad de edificar la comunidad es decir utilidad en la liturgia y en la catequesis.

Es de esta forma que la Iglesia ha configurado su Nuevo Testamento, pero a la vez el Nuevo Testamento ha configurado a la Iglesia, pues las comunidades locales que lo han aceptado se han visto influenciadas finalmente por aquellas escrituras que no le eran propias.

Ernst Käsemann, citado por F.F. Bruce[41] cree que el resultado final del Nuevo Testamento es el principal responsable de la multitud de confesiones cristianas y un problema para la unidad del cristianismo, sin embargo creo que precisamente la diversidad del Nuevo Testamento es lo que ha permitido (hasta donde hemos sabido hacer) la unidad del cristianismo ortodoxo, en palabras de W. Bauer: “el proceso no es de lo uno a lo múltiple sino de lo múltiple a lo uno[42] De tal forma que no hay Iglesia cristiana que haya seguido a la ortodoxia de los distintos Concilios Ecuménicos, que no se sienta hoy unida también a los escritos que forman el Nuevo Testamento.

Hans Küng dice que “La actitud católica debe estar, en principio, abierta en cualquier dirección que deje abierta el N.T.[43] Y es que el Nuevo Testamento, como hemos visto, por su propia configuración deja muchas puertas abiertas. La Iglesia no debe cerrar entonces lo que su propia Escritura dejó abierto. Debemos acercarnos a los textos teniendo muy en cuenta su propia identidad e intención, de forma que constantemente será necesaria una actualización del mensaje para que puede ser inteligible para el hoy. Hay una tensión entre dos hermenéuticas, la fidelidad al texto y la fidelidad a los lectores a los que el texto se dirige, adaptándolo a las nuevas circunstancias y a los nuevos lectores[44]. Creo que la Iglesia debe decidirse por la segunda opción, para así poder cumplir con la primera, pues es la forma en la que los autores y editores de nuestro Nuevo Testamento decidieron, por ejemplo, transmitirnos los evangelios, actualizando el mensaje del evangelio de Jesús de Nazaret a la situación de sus comunidades en aquel momento, sin tener por esto que sacrificar o manipular este mensaje. En otras palabras “La Biblia se ha ido gestando mediante la repetición, actualización y reformación de tradiciones orales”[45].

En definitiva la Iglesia hoy encontrará en el Nuevo Testamento a Jesús de Nazaret y su evangelio, pero también encontrará la interpretación de este evangelio y cómo se ha vivido en un momento concreto, expresado para que fuese un mensaje vivo y con sentido para los cristianos que lo recibían. De la misma forma la Iglesia hoy debe saber explicar este mismo evangelio de Jesús con sentido pleno a los hombres y mujeres del siglo XXI.

Bíbliografía


Obras citadas

Aguirre, R.: Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana, ed. Verbo Divino.

(Estella, Navarra), 1998.

Bruce, F.F.: El Canon de la Escritura, ed. Clie. Terrassa. (Barcelona), 2002.

Fernández, J.G., “Orígenes del Nuevo Testamento”, ed. La Aurora, (Buenos Aires), 1952

Küng, H., Mantener la esperanza. Escritos para la reforma de la Iglesia, ed. Trotta, (Madrid), 1993

Pérez, M. y Trebolle J.: Historia de la Biblia, ed. Trotta. (Madrid), 2006.

Tertuliano., “‘Prescripciones’ Contra todas las herejías”, ed Ciudad Nueva, (Madrid), 2001

White L. Michael.: De Jesús al Cristianismo, ed. Verbo Divino. (Estella, Navarra), 2007.

Obras de consulta

Artola, Antonio. M., Sánchez Caro, José M.: Biblia y Palabra de Dios, ed. Verbo Divino, (Estella, Navarra), 1992.

Mannucci, V.: La Biblia como palabra de Dios, ed. Descleé De Brouwer,

(Bilbao), 1995.

Ridderbos, H.: Historia de la Salvación y Santa Escritura, ed. Libros Desafío,

(Grand Rapids, Michigan), 2004.

 


[1] Aguirre, R., 1998, p. 41.

[2] Gál. 3:14

[3] O instituciones pensando en la variedad de confesiones que han llegado al s. XXI

[4] Aunque si tomamos Lucas-Hechos como una obra, en contra de la posición que ocupan en nuestro canon, encontraremos Hch. 5:11; 8:1, 3; 9:31; 11:22, 26; 12:1, 5; 13:1; 14:23, 27; 15:3–4, 22; 18:22; 20:17, 28;

[5] c.f. Mt. 10:5-7; 22-23 con Mt. 28:18-20

[6] Podríamos decir incluso unos movimientos lo veremos más abajo

[7] Aguirre, R., 1998, pp. 40-48.

[8] Íbidem. Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 127.

[9] White, L. Michael, 2007, p. 327.

[10] Íbid. p. 167.

[11] Si fechamos 1 Tes. en el 50 d.C. y las Pastorales o 2ª de Pedro en el 120-130 d.C. Notemos que empieza a producirse 25 años después de Jesús.

[12] White, L. Michael, 2007, p. 167.

[13] Sólo los grupos heréticos como el de Marción rompieron con la Torá.Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 127.

[14] Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 75.

[15] F.F. Bruce, 2002, p. 120. c.f. 2ª Cor. 3:14.

[16] cf. 1Tim. 5:18 que sería Deut. 25:4 más Luc. 10:7

[17] 2 Cor. 13:3. También Clemente de Roma 96 d. C. cita Jer. 9:23ss y 1 Sam. 2:10 junto a palabras del Sermón de monte. Ignacio de Antioquía dice que el A.T. se resume en la pasión y la resurrección. En la Segunda Epístola de Clemente se cita a Isaías junto con Mat. 9:13 y 10:32. En la Epístola de Bernabé se usa la fórmula “Como está escrito…” con Mat. 22:14 y un largo etc. que muestran como Jesús y sus Apóstoles fueron entendidos con una autoridad igual a la de las Escrituras judías. Íbid pp. 122 ss.

[18] 2 Ped. 3:15-17

[19] Serían cuatro evangelios, trece cartas de Pablo o de su escuela (sin incluir Hebreos) 1ª de Pedro y 1ª de Juan, atestiguados por los Padres de los siglos II y III y por el canon Muratoniano. Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 131.

[20] Íbid., p. 145.

[21] White, L. Michael, 2007, p. 367.

[22] Serían los evangelios y escritos apostólicos

[23] Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 128.

[24] Es así que se dan hechos tan curiosos como que el Libro de la Sabiduría de Salomón esté nombrado en el canon Muratori y también lo nombre Epifanio de Salamis23 junto a otros escritos cristianos que acabarían formando el canon y que la Iglesia Católica de Roma lo incluyese finalmente en el Antiguo Testamento entre los deuterocanónicos.

[25] Es en Tertuliano (196-212 d.C.) donde encontramos por primera vez “Nuevo Testamento” como forma de designar a éstos escritos. Tertuliano, 2001, XXX, 8.

[26] White, L. Michael, 2007, p. 328.

[27] y 1ª de Pedro

[28] y la Didajé y la Epístola de Bernabé

[29] White, L. Michael, 2007, p. 468.

[30] Remito a la bibliografía adjunta para entrar en este tema.

[31] Incluso en el s. XVI aun Lutero cuestiona la idoneidad de que la Epístola de Santiago figure dentro del canon del NT.

[32] Por ejemplo el Uncial Sinaítico s. IV que incluye la Epístola de Bernabé, o el del Vaticano del s. IV que incluye 1ª de Clemente. Hebreos y Apocalipsis de San Juan son discutidos constantemente en occidente y en oriente respectivamente y 2ª de Pedro hasta el último momento.

Cf. Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 236.

[33] Sobre Valentino ver F.F. Bruce, 2002, p.p. 150.

[34] Reconocimiento de 4 evangelios, no rechazar el A.T., la aceptación de 13 cartas paulinas (incluyendo las pastorales), las cartas de los otros Apóstoles, y los Hechos (cruciales para rebatir el rechazo que Marción emitió contra los otros apóstoles).

[35] Íbid. p. 207.

[36] White, L. Michael, p. 562.

[37] White, L. Michael, 2007, p.p. 203-267 y 327-339. Aguirre, R., 1998, p.p. 85-220.

[38] Nag Hammandi, los Papiros de Oxyrhynchos, el Evangelio secreto de Marcos, el de Tomás… muestran la amplitud que pudo haber tenido el Nuevo Testamento y que en algunos lugares alcanzó a tener.

[39] Cf. Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 87,  también Fernández, J.G., 1952, p.p. 16-17

[40] El tema de la inspiración no ha sido tratado aquí por falta de espacio, por eso me he limitado a enfocar la autoridad  especial que tiene el N.T. en la iglesia desde su relación con Jesucristo y los Apóstoles.

[41] F.F. Bruce, 2002, p.p. 260 ss.

[42] Citado por Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 136.

[43] Kung, Hans, 1993 p. 293

[44] Pérez, Miguel y Trebolle, Julio, 2006, p. 51.

[45] ïbid p. 195.

Sobre el autor:


 

Jonathan Navarro es estudiante en el Seminario Evangélico Unido de Teología (IEE), en Madrid, España

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