Posted On 24/11/2013 By In Cultura, Historia, Opinión, Pintura With 2467 Views

El papa Inocencio X visto por Velázquez

Visitar el museo de El Prado siempre es un refrigerio para el alma; y contemplar los cuadros de Diego Velázquez (1599-1660) un baño de belleza, de ingenio, de fruición emocional. Entre las treinta obras expuestas, no todas del ínclito pintor sevillano[1], más la joya de dimensión universal de “Las Meninas”, que resaltan la dimensión de Velázquez como retratista de la Casa Real durante los once últimos años de su vida, la lúcida guía que nos lo explica y que con tanta maestría fue introduciéndonos en los secretos de la pintura de Velázquez, puso un énfasis especial en el retrato del papa Inocencio X (1574-1655), resaltando su expresión adusta, hosca, de mirada severa, ceño fruncido, de expresión insociable, reflejo tan fiel del personaje, que cuando el cuadro fue presentado al propio Inocencio X, le hizo exclamar: “Troppo vero!” (¡Demasiado verdadero!), ya que le mostraba tal cual era, sin embellecimiento alguno, aunque no pudo negar la calidad del mismo. El pontífice obsequió a Velázquez con una medalla y una cadena de oro, que figurarían entre los bienes del pintor cuando éste falleció. Dicho retrato fue calificado por el pintor inglés Joshua Reynolds como el mejor existente en Roma.

Velázquez pintó el óleo de Inocencio X en el verano de 1650, cinco años antes del fallecimiento del papa. El cuadro aparece firmado en el papel que sostiene el papa, donde se lee: “Alla santa di Nro Sigre / Innocencio Xº / Per / Diego de Silva / Velázquez dela Ca / mera di S. Mte Cattca”. El valor del cuadro es la capacidad de Velázquez por penetrar psicológicamente en el personaje para mostrar los aspectos ocultos de su personalidad.

Pero ¿quién era en realidad Inocencio X, de nombre secular Giovanni Battista Pamphili? Aunque resulte un dato circunstancial y accesorio, digamos que era descendiente de los Borgia, concretamente del papa Alejandro VI. Fue papa de la Iglesia católica desde el 15 de septiembre de 1644 al 7 de enero de 1655, y ejercía como tal cuando Velázquez disfrutó de un estimulante retiro en Roma, fuera del rigor artístico al que estaba sometido en la corte española como pintor de la familia de Felipe IV. Contaba ya 70 años cuando fue elegido papa. En su curriculum figura haber sido consistorial y auditor del Tribunal de la Rota. Su elección como papa no estuvo exenta de polémica a causa de los enfrentamientos entre las facciones de cardenales españoles y franceses.

Ignorado por los mandatarios europeos a la hora de firmar la Paz de Wesfalia (1648), con la que se daba fin a la Guerra de los Treinta Años, Inocencio X se opuso rotundamente, sin que su oposición supusiera ninguna consecuencia, lo cuál demuestra que a esas alturas la influencia papal había dejado de ser determinante en temas de orden internacional.

Aparte de algunas veleidades de orden político, Inocencio X es recordado por una de sus más significativas decisiones en el terreno doctrinal, como fue la condena del jansenismo mediante la publicación de una bula, la Cum occasione en el año 1653. Cornelius Otto Jansen (1585-1638) obispo de Ipres (noroeste de Bélgica) y su amigo Cirano (abad y obispo de la región de Tours, Francia), trataron de combatir el realojamiento moral de los jesuitas haciendo énfasis en la conversión, la necesidad y la irresistibilidad de la gracia; querían la purificación del romanismo bajo líneas agustinianas, pero en contra de los reformadores mantuvo todo el eclesiasticismo de Agustín, aceptando la iglesia papal como la extensión de la encarnación y que sólo a través de ella era comunicada la salvación. En Holanda el jansenismo fue el origen de la Antigua Iglesia Católica (viejos católicos) que en la actualidad se agrupa en la Unión de Utrecht, con un total de unos 2.300.000 veterocatólicos en diferentes países de Europa. Están en plena comunión con las iglesias de la Comunión Anglicana, al igual que la Iglesia Española Reformada Episcopal. El jansenismo tomó cuerpo a raíz de la declaración del Vaticano I (1869-1870) de la infalibilidad papal. Mantiene fidelidad a los dogmas anteriores al Vaticano I, por lo que tanto las definiciones de dicho concilio como los dogmas posteriores, son rechazados. En su disciplina, administración y procedimiento, los viejos católicos se diferencian de la Iglesia católica en varios aspectos. Por ejemplo, el celibato sacerdotal es opcional, los varones casados pueden ser ordenados y en ocasiones el clérigo puede contraer matrimonio después de la ordenación, con previo consentimiento episcopal.

Reflexionar sobre el cuadro de Velázquez mostrando la imagen de Inocencio X, nos brinda la oportunidad de afianzar la importancia de la Reforma Protestante del siglo XVI, anterior a esa época, que sienta las bases para la vuelta a los orígenes de la Iglesia, que establece de forma indudable  la preeminencia de la gracia, la gratuidad de la salvación y la eficacia de la fe.

Noviembre de 2013.


[1] Se han incluido algunos de sus sucesores Juan Bautista de Mazo y Juan Carreño.

Crédito para la imagen utilizada en Wikimedia

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