Posted On 01/01/2013 By In Opinión With 1069 Views

En el umbral del nuevo año

Cada fin de diciembre hacemos un alto para examinar lo pasado durante el año que termina. De repente pasamos revista a lo bueno, lo malo y lo feo. Y llegamos a la conclusión de que lo bueno supera todo lo demás. Nuestro pesimismo no puede ocultar la belleza de la vida y las posibilidades de superarnos como seres humanos.

Siempre surgen nuevas resoluciones que van desde las dietas hasta el propósito de enmendarnos en nuestras actitudes en la familia, el trabajo y la vida cotidiana. Prometemos siempre ser mejores. Ojalá lo cumplamos. ¡Y todo esto es muy bueno!

Lo que nos sigue aprisionando y paralizando son los graves problemas que la humanidad como un todo debe resolver. El planeta nos dice que el maltrato a que lo hemos sometido no aguanta más. La naturaleza se rebela contra este atropello casi salvaje, lleno de voracidad y autodestrucción. Incluso muchos científicos y expertos en los temas ecológicos nos advierten que es la especie humana con toda la creación lo que está en juego. Algunos teólogos del terror y la barbarie llegan a la triste conclusión de que la destrucción total de lo creado es la salida y promover una esperanza falsa y enfermiza en un dios que nos ha de salvar a los y  las creyentes “verdaderos” por encima de todo. Dios ama todo lo creado, todas las criaturas y aún a los y las seres humanos que no le creen.

Sin embargo, yo me aferro a una esperanza cierta que cree en un Dios amoroso, fiel y justo. Que a pesar de todos nuestros intentos de separarnos de su amor y su gracia, sigue  insistiendo en su proyecto de paz y justicia para toda la creación. La terquedad de Dios es nuestra salvación. Y por su fidelidad veremos mejores días. Yo lo creo, porque le creo a Dios.

Esta confianza en Dios es la clave para ver mejores horizontes en el 2013. La paz de Dios, como regalo preciado, manifestado en Jesucristo, es nuestra brújula hacia el futuro. Con firmeza y determinación seguiremos soñando en un mundo nuevo. Esa utopía es el aliciente que necesitamos.

A mis hermanos y hermanas en la fe, un abrazo grande. A mis hermanos y hermanas que creen en el sueño de una nueva humanidad otro abrazo aún más grande. A todos y todas, nos veremos por Latinoamérica y el Caribe, por Estados Unidos y otros países del mundo, afianzando nuestro compromiso por la vida.

¡Feliz amistad 2013! ¡Feliz mundo posible en el 2013!

Paz,

Carmelo Álvarez

Crédito imagen de ilustración

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