diseño familia

Posted On 14/03/2017 Por En Opinión, portada With 1748 Views

Este diseño ya no existe

Juan Stam escribió que la creación es un “eje decisivo de todo el pensamiento bíblico” (1). En efecto, es fundamental, tanto o más importante como el éxodo, el exilio y la venida de Jesucristo. Se insiste en que la creación era “muy buena” (Gen. 1:31), toda, incluyendo la sexualidad; y el que todos los seres humanos somos imagen de Dios (Gen. 1:26). De nuevo: todos, sin distinción. Stam también dice que estamos en un periodo transitivo entre la creación inicial y la creación final que promete nuevos cielos y nueva tierra como esperanza final a nuestros tiempos convulsionados (2). Una transición dominada por los efectos del pecado, que transformó la realidad inicial planeada por Dios.

Hay una frase que he leído muchas veces en las últimas semanas: “estamos de acuerdo con el diseño original”. Hay paneles recientemente colocados en algunas calles de Lima con ese mensaje. Por supuesto, se refiere a que Dios creó solo hombres y mujeres (Gen. 1:27; 5:2) a su propia imagen y semejanza, lo que se amplía hasta la idea del matrimonio cuando se habla de multiplicar la tierra (Gen 1:28; 9:1, aunque siendo estrictos, Adán y Eva jamás se casaron, el matrimonio se inventa mucho después). Es muy importante tener en cuenta que este “diseño original” se dio en una circunstancia particular que con frecuencia olvidamos: el relato describe la realidad antes de la introducción de la muerte en la esfera material. Por lo tanto, este diseño original no existe más en esta etapa transitiva de la creación.

El pecado trajo la muerte (Gen. 2:17; 3:19). Nos queda claro. Por la desobediencia del hombre, la tierra quedó maldita (Gen. 3:17) y se hizo necesario el trabajo para hacerla producir. La maldición trae temor, enfermedad, dolor (Gen. 3:16) y angustia (Gen. 4:13), lo que hace irrumpir al sufrimiento como una realidad plena de la humanidad. Pronto el sufrimiento sería relacionado a la condición pervertida de la humanidad y por ello no es casual que se prometa que la obediencia a Dios traería liberación del yugo de la enfermedad (por ejemplo, Ex. 15:25-26). Por supuesto, la enfermedad es una consecuencia del pecado y suele ser una antesala a la muerte. La miopía es una consecuencia de la caída de Adán como lo es un cáncer o el VIH. Esta es nuestra condición en la creación transitoria. No podemos salir de ella, y nuestra alternativa es la esperanza de la nueva creación. “La visión de nuevos cielos y nueva tierra apunta claramente hacia el cumplimiento cabal de las intenciones del creador. En cuanto cumplimiento, trae novedad y trasciende el pasado; en cuanto creación, va en continuidad con el pasado que cumple. El siglo venidero no se concibe como una negación de la creación como realidad física, sino como su transformación y perfeccionamiento. Esta perspectiva caracteriza el pensamiento hebreo en general: el estado final es una realización de la vida y la comunidad, o en esta tierra o en una tierra nueva, más que en un cielo espiritual sin tierra (concepto platónico). Para el profeta, la vida perfecta no podrá concebirse sin una nueva comunidad, ni esa comunidad sin un nuevo contexto, un nuevo mundo físico y real” (3).

¿Podemos estar de acuerdo con algo que no existe? Nuestra condición es la creación transitoria, no los tiempos de Adán y Eva antes de que comieran el fruto prohibido. Decir que estamos de acuerdo con el “diseño original” respecto al hombre y la mujer, es como si estuviéramos afirmando que no estamos de acuerdo con la muerte o que negamos la existencia de la enfermedad porque no era parte del “diseño original”. Es una negación flagrante de la realidad, la cual es muy diferente tras la introducción del pecado en la realidad material. ¿Por qué ese afán negacionista? ¿Por qué enterrar la cabeza con base en las descripciones bíblicas de una era caduca? Mejor mirémoslo desde otra perspectiva: ¿Por qué para unos temas enarbolo las banderas del diseño original mientras que para otras no? Me explico con un ejemplo. Supongamos que conocemos a un cristiano que trabaja en ministerios de apoyo a los enfermos (con lo que se reconoce la realidad de la creación transitoria) pero que al mismo tiempo rechaza el diálogo con personas homosexuales porque éstas no son parte del diseño original (rechazando la realidad de esta misma creación transitoria). Hay aquí una inconsistencia. Evidentemente, la diferencia no está en el principio teológico, sino en otra parte. ¿En dónde?

 

Referencias

(1) Stam, Juan. Las buenas nuevas de la creación. Buenos Aires: Kairós. Pág. 11

(2) Stam, Juan. Idib. Pag. 11-13

(3) Stam. Ibid. Pág. 37

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