Posted On 28/09/2011 By In Opinión With 880 Views

Europa: Construir una alternativa a la xenofobia

 

La solución al problema del multiculturalismo europeo es más multiculturalismo, inteligentemente instrumentado. Anders Behring Breivik, el noruego de 36 años que asesinó a 76 personas en el islote de Utoya, no es un loco. Su accionar refleja un sistema de creencias compartido por más gente de lo que se cree. Ivan Petrella¿Cuáles son las creencias que lo llevaron a asesinar a mansalva? La fecha en el título de su manifiesto 2083: Una declaración europea de independencia resume su visión del mundo. El año 2083 sería el 400° aniversario de la batalla de Viena de 1683, donde se derrotó al Imperio Otomano y se aseguró que gran parte de Europa no pasara a formar parte del mundo musulmán. Tampoco es casualidad la fecha del ataque: el 22 de julio es el aniversario del establecimiento del reino de Jerusalén surgido de la primera cruzada. Para Breivik, Europa sufre el mismo asedio que Viena y la batalla requiere de igual convicción a la que mostraron quienes recuperaron la tierra prometida.

Pero el asedio que sufre Europa hoy es cultural y no militar. Europa, según Breivik, padece el genocidio de su cultura y de su raza, que estarían siendo diezmadas por el multiculturalismo. Según esta visión, es una enfermedad que expresa la debilidad moral que carcome a Europa. El síntoma más grave es la destrucción de la raza a través de la inmigración musulmana. Se augura, así, que el multiculturalismo y la colonización islámica terminarán destruyendo el viejo continente. Una vanguardia de guerreros deberá salvarlo.

Pocos analistas han resaltado las similitudes de visión entre Breivik y Sayyid Qutb, uno de los grandes expositores del fundamentalismo islámico. Qutb también pensaba que Islam y Occidente eran dos culturas opuestas y en guerra. Culpaba a la influencia occidental por la pérdida de poder del mundo musulmán, o sea que también temía los efectos corrosivos de estilos de vida distintos. Argumentaba que había que crear una vanguardia revolucionaria que lideraría una guerra para recuperar la pureza del Islam. Los buenos y los malos han cambiado de lugar, pero la visión del mundo es la misma.

Es preocupante que este enfoque no sea completamente ajeno al debate de los partidos y los políticos europeos. En Holanda, el Partido por la Libertad, cuyo líder comparó el Corán con Mein Kampf, logró 15,5% de los votos en las elecciones generales de 2010, mientras que Marine Le Pen se ve favorecida en las encuestas para las elecciones presidenciales francesas de 2012. Tanto el Partido Popular Danés como los Demócratas de Suecia  registraron los mejores resultados electorales de su historia en los últimos 18 meses, mientras que el Movimiento por una Hungría Mejor duplicó su presencia parlamentaria en la última elección.

El crecimiento de los partidos de ultraderecha termina empujando el centro del espectro político hacia esa tendencia. En Francia se prohíbe la expresión religiosa en espacios públicos, Italia está por adoptar una ley que impide el uso de cualquier atuendo que cubra el rostro y en Suiza se rechazó la construcción de minaretes. El primer ministro inglés David Cameron declaró que el multiculturalismo ha creado comunidades segregadas donde germina el extremismo islámico, mientras que Angela Merkel, la primer ministro alemana, dictaminó que el multiculturalismo como modelo ha fracasado.

Parecería que escasean dirigentes que puedan construir un relato alternativo a esta xenofobia. Ese relato debería tener por lo menos cuatro ejes. En primer lugar, difundir que los musulmanes componen solamente el 3% de la población europea y, proyectada, llegarían a constituir entre el 5% y el 8% hacia 2025 para luego mantenerse constante. También incluye el hecho de que el Informe 2010 de la Unión Europea sobre situación y tendencias del terrorismo concluye que de los 294 ataques terroristas cometidos en Europa en 2009 sólo uno fue llevado a cabo por musulmanes. En 2010 hubo un número similar, de los cuales sólo tres tenían conexión con el Islam.

En segundo lugar, hay que admitir que Cameron tiene razón cuando piensa que hay que dejar atrás un modelo de sociedad donde a cada religión y cultura se le permita vivir como si fuera dentro de una burbuja, aisladas de las demás. Pero olvida que ese problema no lo tienen en su país solamente las comunidades musulmanas. En Inglaterra un porcentaje importante de alumnos van a colegios que admiten solamente a hijos de familias que acuden a la Iglesia anglicana o la católica. Su gobierno apoya la creación de “academias de la fe”, básicamente colegios anglicanos y católicos. Esta medida tiene un efecto segregador, pero aparentemente no es negocio político criticar la existencia de esos colegios.

En tercer lugar, reconocer que la solución al problema del multiculturalismo es más multiculturalismo inteligentemente instrumentado. Para el filósofo norteamericano John Dewey la tarea de la educación era emancipar al alumno del accidente de su lugar y cultura de nacimiento: mostrarle alternativas, ideas distintas, otras visiones del mundo.

Para eso hay que construir un espacio donde las identidades culturales y religiosas se crucen y se mezclen. Colegios explícitamente multirreligiosos y multiculturales podrían surgir a partir de esta manera de entender la tarea educativa. Parte de este esfuerzo requiere desarrollar la identidad europea más allá de la noción de una civilización judeo-cristiana y avanzar hacia una civilización judeo-cristiana-islámica. Gran parte de la interacción entre el cristianismo y el judaísmo ha sido una historia de persecución. La noción positiva de una civilización compartida entre el judaísmo y el cristianismo es una respuesta al Holocausto. Hoy urge una respuesta similar hacia el Islam.

Finalmente, como es bien sabido, parte de la controversia en Europa en relación con el Islam tiene que ver con el hiyab, el velo con el cual las mujeres se cubren el rostro y que se dice parte esencial de la identidad islámica. Como lo demuestra Leila Ahmed en su reciente libro A Quiet Revolution: The Veil’s Resurgence, from the Middle East to America, eso no es así. La equivalencia hiyab y mujer creyente es de data reciente, empieza a constituirse como prenda fundamental recién después la revolución iraní, y el auge del salafismo más allá de Arabia Saudita.

Vale recuperar la pregunta de la carta abierta que la historiadora francesa Elisabeth Badinter le escribió a las mujeres musulmanas de su país mientras se debatía el uso del velo en el espacio público: “¿Nos consideran tan despreciables que nos impiden siquiera mostrar una sonrisa…?” Referentes del Islam en Europa también deberán hacer una autocrítica y fomentar un acercamiento cultural a los países que generosamente los han adoptado.

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