Ignacio Simal

Posted On 06/09/2018 By In Columna, portada With 510 Views

Gracia e inclusión | Ignacio Simal

Acababa de iniciar el culto dominical cuando él entró. Era joven. Tenía pinta de vagabundo. Su color de piel delataba que era extranjero. Se sentó. Quedé sorprendido por la atención que mantuvo durante todo el culto. Me fijé que en el momento de la oración mantuvo su cabeza inclinada. Llegó el momento de la celebración de la Santa Cena, llamé a los asistentes a pasar delante a fin de tomar del pan y del vino. El desconocido visitante se levantó y vino al altar para formar parte del semicírculo que formaban las personas que iban a tomar la Santa Cena. Le di el pan, le ofrecí el vino y participó de ellos. Luego nos tomamos de la manos, oramos, y él volvió, junto con el resto, a su asiento.

Al finalizar la reunión me acerqué a él. Le pregunté su nombre y me interesé por su situación. Era argelino. Vivía en la calle acompañado de su perro. Le pregunté si necesitaba algo, a lo que respondió, “nada, en absoluto, simplemente tenía necesidad de encontrarme con Dios, y pedirle perdón”. Y al pasar por delante de nuestra iglesia, decidió entrar para “encontrarse con Dios”. Le pregunté, “¿eres cristiano?”, y me dijo “¡no! soy musulmán”. Quedé momentáneamente en silencio, y retomé la conversación. Después de hablar un buen rato, nos dimos un abrazo y se fue.

Sin duda, ese domingo Dios nos envió un “ángel” para que aprendiéramos -para que aprendiera el que esto escribe- lo que significaban las palabras “gracia e inclusión” en torno a la Mesa de Jesús. Mesa que no es nuestra, sino de Él, y por ello a través de su Espíritu invita al que él quiere.

¿Sabéis? “Gracia e inclusiónson un buen lema para una comunidad cristiana. Si albergaba alguna duda en mi corazón al respecto, ese domingo se disolvió en una consoladora certeza.

Sola Gratia. Soli Deo Gloria

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