Posted On 07/11/2012 By In Opinión With 4397 Views

José David Rodríguez Rivera. Perfil de una pastoral multifacética

La vida y ministerio de José David Rodríguez Rivera estuvo enmarcada en una visión pastoral que conjugaba varias dimensiones. La primera era una dimensión de llamado y compromiso. A mi entender esa fue la base fundamental sobre la que se construyó todo lo demás. José David creyó que toda tarea pastoral se iba perfilando desde esa identificación con el propósito redentor de Dios para su pueblo. José David afirmó siempre que su vocación primaria era ser pastor. Y en ello invirtió su energía y talentos con ahínco y dedicación. Su trayectoria de más de 60 años en el ministerio pastoral lo atestigua fehacientemente. Sus huellas digitales han quedado impresas en familias que experimentaron su influencia directa en  una variedad impresionante de situaciones.

La otra dimensión fue su papel como proclamador de la Palabra. Su esmerado y meticuloso estudio de las Escrituras le proveyó, junto a su atento análisis de la realidad, la posibilidad de trazar con actualidad, pertinencia y profundidad, un mensaje pertinente y atinado para su grey que cada domingo se acercaba para escucharlo. Muchas veces me confió que predicar le laceraba el espíritu, pero le alimentaba su esperanza.

José David fue un teólogo responsable. A su pasión pastoral hay que añadir su diligencia intelectual. Dotado de una mente brillante, no se conformaba con “saber a medias”, sino que buceaba en lecturas y reflexiones que le permitieran hilar argumentaciones que no solo convencieran su  audiencia sino que la iluminaran y fortalecieran.

Su dedicación a la tarea de educación teológica en Puerto Rico, Argentina, Nicaragua y Estados Unidos, atestiguan de su esfuerzo por equipar, estimular y desafiar a generaciones de estudiantes que enfrentarían los retos de ser pastores y pastoras en tiempos cruciales. Su tarea como maestro estuvo enmarcada en su disposición de poner en manos de sus estudiantes que le sirvieran  para la tarea pastoral. Solo basta mencionar sus cursos de ética cristiana, siempre contextualizados y actualizados.  Por eso fue un competente mentor con naturalidad y sabiduría. Poseía una destreza única para saber acompañar jóvenes pastoras y pastores, con respeto, acierto y sumo tacto. El propósito era corregir y reencaminar, no descalificar ni amedrentar Las anécdotas aquí son incontables.

José David fue un gran conversador. Esa gran conversación sobre asuntos pertinentes, polémicos y desafiantes. Yo me beneficié por años de esta cualidad. Son muy conocidas en nuestra familia extendida nuestras largas conversaciones, sobre todo alrededor de temas teológicos. Nuestros libros (los de él y los míos) son hijos, en parte, de estos diálogos intensos e iluminadores. Lo que más aprecié siempre fue su capacidad interminable para aprender y su generosidad en aportar ideas y conceptos.

Quisiera finalizar esta breve reflexión con unas observaciones sobre el perfil profético de José David. Supo indignarse sin ser cínico, ni pedante. Fue incisivo, sin estridencias ni exageraciones. Y permaneció fiel a la “sustancia evangélica” que tanto destacó en su ministerio. A ello unió siempre la mente y el corazón de un espíritu libre que al abrazar por gracia los dones de Dios se transformó en un discípulo del reinado de Dios, fiel a su Iglesia y confiado en descansar plena y confiadamente en el amor de Dios: La mañana del 24 de octubre de 2012 entró en “las lides de la iglesia triunfante”, como él mismo solía decir.

José David nosotros y nosotras te decimos, gracias por tu dedicación, amor, cuidado e inspiración en esta existencia de 88 años llenos de tanta ternura, bondad y desprendimiento. Te vamos a extrañar, mi viejo querido. Prometemos no olvidarte y emularte en todo lo que hagamos. Seguramente seremos mejores si lo hacemos. Y así tus esfuerzos serán eternamente premiados. Te mereces ese eterno descanso. Hasta el día de Jesucristo, José David.

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