Posted On 23/08/2018 By In Entrevista, Entrevistas, portada With 254 Views

“La literatura implica desnudar nuestro interior”: Una charla con Ada Castells | Leopoldo Cervantes-Ortiz

Ada Castells es una escritora catalana nacida en Barcelona en 1968. Su primera novela, El dedo del ángel (Anagrama, 1999), fue una verdadera sorpresa en el ámbito literario español, especialmente por su tratamiento de la presencia histórica del protestantismo, un tema poco común en la narrativa del país ibérico. Es considerada como “una de las voces más poderosas de la narrativa catalana” (Matías Néspolo, en El Mundo). Posteriormente ha publicado Mirada (2001), La llamada del mar (2002), Toda la vida (2007), Sortir de mare, (2006) y Pura sang (2012, Premio Sant Joan). De la última, el suplemento La Jornada Semanal dio a conocer un fragmento en castellano en 2016. Es periodista literaria y profesora de escritura. El libro se presentó el pasado 2 de abril en sede de la Fundación para las Letras Mexicanas para hablar de su trabajo y de la literatura catalana actual.

 

Estimada Ada Castells, ésta no es la primera vez que vienes a México, pues has estado en varias ocasiones. Una de sus actividades consistirá en hablar de la literatura catalana actual en la Fundación para las Letras Mexicanas. ¿Qué sensaciones te produce estar de vuelta en este país?

Estoy muy contenta de volver a México porque siempre me agrada y sorprende el gran interés que despierta la literatura y el nivel de preparación que tienen los jóvenes universitarios. 

¿Qué podría decir, brevemente, sobre la literatura actual de Cataluña, especialmente a la luz de los conflictos presentes?

La literatura catalana tiene buena salud en lo referente a autores, librerías, editoriales… pero todavía de resiente del franquismo cuando prohibieron nuestra lengua y ha sido muy difícil ir recuperando lectores. Afortunadamente, desde mediados de los setenta los niños salen de la escuela leyendo y escribiendo en catalán y castellano perfectamente. El problema es que se utilice la lengua para avivar el conflicto entre independentistas y unionistas. Los más españolistas ya empiezan a criticar el modelo de inmersión lingüística y si prospera la idea de que no sea necesario saber catalán para vivir en Cataluña, la lengua y, por tanto, nuestra literatura, se puede acabar resintiendo. Ya partimos de pocos lectores y todavía nos podemos quedar con menos y desaparecer.

Acerca de tu formación protestante, que se ha reflejado tan intensamente en su primera novela, El dedo del ángel, ¿cómo valora su impacto de manera general?

Cuando yo publiqué esa novela, el protestantismo era muy desconocido en mi país. Se pensaba que era cosa solo de extranjeros y muy pocos conocían que había familias españolas evangélicas de cuatro generaciones, como la mía. La novela sirvió para dar a conocer esta realidad y el impacto fue muy positivo, aunque algunas voces conservadoras dentro de la iglesia lamentaron que una novela tan descarada fuera la primera que nos diera a conocer.

Aquella novela (publicada en 1998 y un año después en castellano) fue su presentación en el medio literario. ¿Qué puede decir sobre ella 20 años después? ¿Funcionó como un detonante para todo lo que ha hecho después?

Yo no quería que se me tomara como una escritora exótica, como la protestante del lugar. Quería que se me leyera por la calidad de mi prosa independientemente de mis particularidades familiares. Mis novelas posteriores no hablaban del tema y no tuvieron tanta repercusión porque no era lo que se esperaba de mí.

El retrato que haces del protestantismo español en El dedo del ángel parece que sigue vigente después de ese tiempo. ¿Considera que la sociedad de su país ya ha integrado esta vertiente cristiana como un elemento más de la pluralidad cultural?

Lamentablemente se mezcla la ignorancia con el desinterés general por la religión. En España no existe una pluralidad religiosa real. Por ejemplo, durante la conmemoración de los 500 años de la Reforma las celebraciones fueron mínimas. Esto, en parte, se debe a que somos sólo un 1% de la población y sin ningún peso económico.

El trabajo experimental de esa novela fue valorado de diversas maneras. ¿Has tomado en cuenta algunas de las críticas en tus novelas posteriores?

No. Siempre hago lo que puedo, pero sí que me he ido conociendo como escritora y sé qué debo evitar y qué debo realzar.

Mencionas por nombre la iglesia a la cual pertenecías (la Iglesia Evangélica Española, IEE). ¿Aún conservas vínculos con ella o te has distanciado?

Sí. Todavía tengo relación con muchas de las personas que integran esa iglesia. Siempre que voy, me siento muy bien recibida y me gusta saber qué pasa por ahí dentro, pero me gusta más vivir mi fe de forma individual.

Comprenderás que para el público mexicano una novela de tema religioso heterodoxo llama mucho la atención. ¿Qué dirías a los potenciales lectores sobre sus libros posteriores a El dedo del ángel?

Yo siempre acabo hablando de lo mismo: de la imposibilidad actual por creer en nada, de la nostalgia de un tiempo en qué existía la posibilidad de pensar que las cosas podían ir a mejor. Tanto en Mirada, que habla de la dictadura de la imagen y la imposición de las apariencias, como en Toda la vida, que habla del romanticismo alemán y el arte actual.

A propósito de los 500 años de la Reforma Protestante escribiste un artículo breve, pero muy preciso en tus apreciaciones. ¿Qué opinión te merece la conmemoración en sí y la actualidad de lo sucedido a partir de las luchas de Martín Lutero?

Bueno, Lutero luchaba contra la corrupción y este es un tema muy actual. El capitalismo se ha adulterado y degenerado, tal como lo había hecho la iglesia y ya era hora de una Reforma que terminó en ruptura, aunque ésta no fuera la intención. También ahora ha llegado el momento de gritar en contra de tantos abusos del poder financiero.

Por último, ¿qué le dirías a quienes, desde el medio evangélico, tratan de producir obras literarias y experimentan el dilema de abrirse completamente a las posibilidades creativas o de mantener ciertas limitaciones debido a su formación religiosa?

La literatura implica desnudar nuestro interior y no hay limitación que valga. Si somos personas creyentes, ya sabemos que tenemos que confiar en Dios y esto quiere decir arriesgarse y ser honesto con nuestra voz creativa. Estoy convencida que mi formación protestante me ha ayudado a ser mejor escritora: por mi relación con la lectura de la Biblia y por la constante autocrítica a que nos sometemos siempre. 

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