Posted On 02/03/2018 By In Cultura, Historia, Libros, portada With 358 Views

Las brujas de Salem | Alfonso Pérez Ranchal

Con frecuencia se ha sostenido que la Reforma Protestante supuso la liberación de una enorme carga que provenía de la superstición y el oscurantismo en el que estaba sumido el catolicismo. Como consecuencia, se rompía con esta mentalidad anclada a fuego en las masas para que ahora los verdaderos creyentes pudieran vivir su fe en libertad. Pero conclusiones como la presente distan mucho de la realidad. Uno de los casos mejor documentados que nos han llegado (los archivos originales se han conservado) es el que se conoce popularmente como las brujas de Salem.

Los hechos son verdaderamente reveladores y es uno de esos episodios en los que se nos muestra de manera privilegiada qué tipo de mentalidad tenían aquellos hijos de la Reforma.

A continuación, voy a realizar un relato casi periodístico colocando los hechos más sobresalientes para que así el lector pueda sacar sus propias conclusiones.

Debemos situarnos en el año 1692, en una aldea llamada Salem situada en la bahía de Massachusetts, Nueva Inglaterra. En esta pequeña aldea serán encarceladas un centenar de personas (ejecutadas veinte) todas ellas acusadas de brujería.

Antecedentes

A finales del siglo XV se inició una caza a lo largo y ancho de Europa de todo lo que se consideraba pagano. En los siguientes ciento cincuenta años morirían unas 50.000 personas ya fueran en la hoguera o colgados.

En 1610 lo peor ya había pasado y la Reforma Protestante había acontecido calando en una serie de países, territorios y ciudades libres.

El puritanismo se había formado en Inglaterra en el siglo XVI y tenía el objetivo de purificar la Iglesia Anglicana a la que consideraba que se había quedado a mitad de camino de lo que era una reforma aceptable. Estos puritanos, calvinistas ingleses, en sus inicios mantendrán tanto ideas religiosas como políticas y así chocarán con la iglesia estatal y con la monarquía inglesa que llegará a perseguirlos.

Los puritanos realizaban una interpretación tremendamente celosa y literal de la Biblia además de vivir en un legalismo que ellos entendían como norma de su día a día.

Debido a la inestabilidad política surgida de la anterior confrontación no pocos marcharon hacia la nueva tierra, el nuevo mundo, y allí fundaron una colonia en la bahía de Massachusetts en 1628.

Levantaron un asentamiento regido por estrictas normas religiosas en lo que consideraban una especie de “tierra prometida”. Pero dicho lo cual, este territorio también era considerado hostil, una tierra del demonio habitado por salvajes indios.

Los puritanos no tenían dudas acerca de la existencia de demonios o espíritus de maldad y además de que estos se podían manifestar en diferentes grados llegando incluso a poseer a alguien.

Junto a lo anterior pensaban que determinadas personas se dedicaban a la brujería y es por ello que si identificaban a alguien como tal se le aplicaba la pena capital, tal y como se establecía en el libro de Levítico.

Dentro de la misma aldea de Salem las tensiones entre los habitantes eran muy fuertes. Diversas facciones se enfrentaban por el control de las tierras a lo que se añadió un nuevo conflicto provocado por la construcción de una iglesia y, por si fuera poco, también estaba el asunto del salario del pastor.

El nombre de este ministro era Samuel Parris de treinta y nueve años, un empresario venido a menos que ahora había pasado a ser ministro. Samuel predicaba de forma dura, acusadora, para ver si de esta forma los feligreses sentían vergüenza y remordimiento y le pagaban el salario que él consideraba justo.

Sería precisamente en el hogar de este pastor en donde todo comienza en enero de 1692. Tanto en su hija Betty de nueve años como en su sobrina de once se manifiesta un mal de origen desconocido. Son como ataques en los cuales ambas niñas dicen recibir pellizcos y mordiscos invisibles mientras se retuercen por el suelo. En ocasiones no pueden comer, dormir o hablar.

Lo primero que se hace es recurrir al doctor. Debemos tener presente que era frecuente en esta época que si el médico no conocía el mal que aquejaba al paciente el diagnóstico podía ser que se trataba de un caso de brujería o ataque demoníaco.

La brujería para los puritanos era algo tan real como todo lo físico que los rodeaba. Las brujas eran seres que iban de aquí para allá echando maldiciones y realizando toda clase de impiedades. Según la mentalidad de entonces, Satanás necesitaba ayudantes para poder realizar su labor y de esta forma había reclutado principalmente a brujas y, en menor número, también a brujos. Todos ellos habían vendido su alma a cambio de favores sexuales o dones pecaminosos de cualquier tipo.

En la misma línea, se creía que las brujas podían mandar una especie de espectro para atormentar a sus víctimas. Los síntomas de Betty y su prima parecen encajar con algunas de las anteriores descripciones por lo que la situación pasa a plantearse con una pregunta muy concreta:

El pastor estaba bastante enojado por lo que estaba sucediendo en su hogar algo que venía a sumarse a sus anteriores problemas. Como consecuencia vuelca sus sospechas en su propia congregación, alguien de entre todos ellos es el culpable, busca perjudicarlo y dañarlo. El halo de la desconfianza cae sobre la membresía.

Las siguientes semanas van transcurriendo y el comportamiento de las niñas continúa de forma similar, estos supuestos ataques, inexplicables desde el punto de médico del momento, no cesan.

Diversas teorías

Al presente se han presentado varias teorías para dar razón de qué era exactamente lo que les estaba pasando a aquellas niñas. En el pasado ya se habían repetido casos parecidos en niños que habían crecido en hogares católicos.

En el siglo XVII, en general, los pequeños no eran receptores, en el seno de la familia, del afecto necesario, sino que eran considerados como mano de obra y, desde el punto de vista religioso que lo impregnaba todo, pecadores a los que había que orientar en el camino a Dios por medio de la disciplina.

Las predicaciones iban en esta dirección y así en las mismas se expresaba con toda claridad que los niños desde el mismo momento en el que nacían eran pecadores, es más, eran hijos de Satanás y si no se arrepentían estaban destinados al infierno eterno junto a los demonios. El reverendo Samuel remarcaba este hecho en algunas de sus predicaciones.

Como es lógico suponer los niños así criados tenían una gran preocupación por su destino final. Vivían aterrados con la idea de perecer en el infierno y su concepto de Dios era el de un Ser duro, preocupado por las faltas cometidas y que no dejaba pasar una.

Una posible explicación va en esta línea y así debido a la falta de atención y ternura en el hogar, sumado al temor inculcado y a la autosugestión, es que en estos niños podía aparecer todo tipo de “extrañas” manifestaciones.

Otra posible explicación es que fuera el resultado de la ingestión de un veneno. De ser así, en Salem se habría producido un envenenamiento por centeno contaminado el cual produce alucinaciones y otros síntomas físicos muy similares a los de estas niñas.

Se trata de una clase de hongo que aparece en el centeno y que produce disfunciones nerviosas. Aquellos que padecen este tipo de envenenamiento se retuercen de dolor. El conocido LSD, la droga por excelencia de los hippies, es un derivado de este hongo llamado cornezuelo.

Pero dicho lo cual, lo que conocemos al presente es más que suficiente para descartar esta teoría. Esta clase de envenenamiento es en determinados casos mortal algo que no se dio en Salem. Además, los efectos en las niñas iban y venían estando la mayoría del tiempo en un estado de normalidad. Esto no coincide con los síntomas por la ingestión de este hongo ya que el mismo tiene como resultado el que la persona quede postrada en cama, con síntomas continuados. Además, en Salem los ataques se manifestaban a la misma vez, en ambas niñas, y en momentos en los cuales alguien venía a verlas. Como consecuencia otra teoría que es barajada por muchos es que estaban fingiendo, postura que tampoco está exenta de problemas. Si así hubieran actuado se colocaban en una situación de extremo peligro ya que podían ser acusadas de brujería y, acto siguiente, ahorcadas.

Los sucesos se van desencadenando

En repetidas ocasiones el reverendo Samuel presiona a las dos niñas para que identifiquen al culpable de entre la comunidad. La primera en ser señalada es una esclava india casada que trabaja en casa del pastor.

No es de extrañar que fuera acusada una esclava india. A medida que los ingleses emigrados se iban extendiendo desde esta zona hacia el norte hallaron indios de piel oscura. Los puritanos los consideraban como adoradores del demonio y así es que era lícito el uso de la fuerza para arrebatarles sus tierras. Los conflictos armados se habían sucedido con anterioridad, aunque en este momento se estaba en una tregua que ya duraba una década, tregua que al poco se rompería al ser atacado el cercano pueblo de York. Los puritanos ya no se sentían únicamente físicamente amenazados sino que a lo anterior se le sumaba el temor a las fuerzas demoníacas a las que se suponía que estos indios servían.

Otra muchacha que contaba entonces con dieciocho años comienza a sufrir los mismos síntomas. Ésta, cuando era niña, había sobrevivido a un ataque indio siendo masacrados sus familiares. Al poco más personas manifiestan estos males, los supuestos ataques de brujería se suceden.

Algunos de los nuevos afectados, personas adultas, al ser preguntados reiteran que la culpable es la esclava india del pastor. Estos testimonios pasan a ser cruciales ya que el de los niños no eran admitidos en los tribunales. En esos momentos, mes de marzo, son ya siete los afectados. El juicio contra Tituba, la esclava india, comienza.

En una vista preliminar dos magistrados interrogan a la esclava que si bien al principio lo niega todo después de ser fuertemente presionada y amenazada admite ser ella la responsable, reconoce haber sido una bruja. Además, sostiene que hay otras brujas y en un primer momento señala por nombre a una mendiga de la aldea y a otra mujer considerada como alguien que llevaba una vida alegre. Ambas son arrestadas junto a Tituba. Pero esta esclava india manifiesta que todavía hay otras siete personas más y que las mismas están libres por la aldea.

Martha Corey será una de las nuevas acusadas pero ésta, a diferencia de las anteriores, es una mujer de sesenta años, respetada y fiel a la membresía de la iglesia.

Mientras se lleva a cabo el interrogatorio dos de las afectadas dicen que su espectro se les aparece y las tortura. Otras también la inculpan pero ella lo niega todo. De pronto varias caen al suelo gritando y afirmando que han visto a un hombre vestido de negro hablarle a Martha.

Con cada negación de la acusada se producen nuevas escenas de supuestos ataques hasta que Martha llega a comprender que está pérdida.

El mes de abril ha llegado y la histeria parece haber tomado Salem. Se ven manifestaciones del demonio por todas partes, cualquiera puede ser una bruja o un brujo. Este estado de pánico colectivo se extiende más allá de Salem llegando a otras comarcas. A finales de abril ya hay diez mujeres encarceladas. Las condiciones son terribles en la pequeña cárcel local.

La deplorable situación en la que se encuentran estas mujeres encarceladas todavía iba a empeorar más ya que se sostenía que si alguien era identificada como bruja también podía serlo cualquiera en su familia. Una de las primeras prisioneras, Sarah Good, es encarcelada junto a su pequeña de tan sólo cuatro años de edad. Después de ocho meses la niña acaba enloqueciendo.

Cualquiera que fuera acusado de brujería pasaba a ser culpable en ese mismo momento, no se trataba de demostrar su culpabilidad sino su inocencia, de hecho y hasta el momento, nadie había sido condenado en un juicio formal.

Las acusadas solían ser interrogadas en la misma cárcel por unos “investigadores” designados al caso. Para ello lo normal era desnudarlas buscando en sus cuerpos las llamadas “tetillas”.

Se pensaba que el demonio se comunicaba con ellas por medio de pequeños animales, tales como ratones o pájaros, y que estos se alimentaban de la misma bruja dejando marcas en su cuerpo. Por si fuera poco, todos los presos tenían que costearse tanto la celda como la comida. Era al carcelero al que había que pagar para poder comer o beber.

Un personaje a destacar es el sheriff George Corwin, sobrino de uno de los magistrados. Corwin pasó a confiscar muchas de las propiedades de las acusadas de brujería. Llegaba a sus casas y se llevaba cuanto quería a pesar de que no tenía ningún derecho a ello.

En medio de este complejo panorama las disputas internas en Salem es un factor muy relevante a tener en cuenta. En muchos pleitos hay un apellido que aparece con frecuencia, Putnam.

Thomas Putnam hijo, de cuarenta años, apoyaba al reverendo Samuel quien también tenía importantes detractores. Como consecuencia Salem se había dividido en dos facciones enfrentadas. Una sostenía que Salem debía tener su propia iglesia para no caminar los ocho kilómetros hasta la más cercana; la otra se oponía porque esto significaba un aumento considerable de impuestos.

Los Putnam realmente formaban un clan de donde salieron numerosas acusaciones de brujería. Este clan, tras estos sucesos, llegó a dominar y dirigir durante muchos años Salem. De hecho, todos aquellos que perjudicaron de alguna forma al mismo fueron denunciados como practicantes de brujería.

El 27 de mayo el gobernador manda que se realice en el pueblo de Salem un tribunal especial. Las cárceles locales están abarrotadas.

Los jueces del tribunal no tenían formación en materia jurídica ya que eran o bien comerciantes o bien líderes de la colonia. El presidente del tribunal será William Stowghton un puritano conocido por ser muy estricto lo cual es, como se suele decir, rizar el rizo.

En este tribunal los acusados no tenían derecho a abogados y cada uno debía defenderse a sí mismo. Por si fuera poco, esta defensa se tornaba enormemente difícil ante las llamadas “pruebas espectrales”. Las mismas se basaban en el testimonio de algunas de las supuestas víctimas que decían haber visto venir el espectro de una de las personas acusadas con el propósito de atormentarlas.

Mientras una de las acusadas es interrogada uno de los testigos dice haber visto su espectro y, a la par, en algunas de las que están presentes como público comienza a darse manifestaciones de ataques, que según dicen, son de la acusada. Una de ellas muestra una mano con varios alfileres de coser clavados.

Al presente para dar razón de este hecho hay quienes sostienen que los alfileres o bien alguien se los clavó o ella misma lo hizo. Pero también podría ser un caso de fraude involuntario resultado de un tipo de trastorno psíquico a lo que se sumó un posible caso de hipocondría colectiva que es cuando alguien imita el comportamiento de los demás.

Comienzan las condenas

El 2 de junio de 1692 el juez Stowghton emite el primer veredicto de muerte: la horca.

El 10 de junio se lleva a cabo la pena capital y partir de entonces los juicios a las supuestas brujas y acusados de brujería se van dando sin interrupción.

Uno de los acusados será el antiguo pastor George Burroughs. Varias personas sostienen que su espectro es el causante del sufrimiento que están padeciendo.

A la par va corriendo la idea de que los ataques demoníacos recibidos por la comunidad, y ya en toda la comarca, se debían a que los jefes indios habían llevado a cabo conversaciones con los demonios. Este habría sido el génesis del ataque espiritual contra Nueva Inglaterra.

El juicio contra Burroughs estuvo plagado de testigos en su contra. Este antiguo pastor, como parte de su defensa, niega que existan espectros y, por extensión, que estos puedan atacar a las personas. Es más, se opone a que haya brujas que puedan hacer un pacto con el diablo o que tengan la capacidad de enviar a un demonio para atormentar a otras personas. Este desafío a la teología puritana es considerado como algo blasfemo. No hay esperanza posible para Burroughs.

El jurado finalmente lo condena a la horca. Con la soga al cuello comienza a recitar el Padrenuestro lo cual era algo considerado como imposible para las brujas o los brujos, pero la ejecución no se detiene.

El reverendo Cotton Mather tendrá un papel decisivo en el ajusticiamiento de Burroughs. Mather lo consideraba un pastor indigno ya que no había sido reconocido oficialmente por la iglesia puritana para tal función, algo totalmente inadmisible para él, una evidencia de que una parte de la colonia se había desviado de los caminos de Dios.

Este intolerante reverendo, cuando conoce la fecha en la cual Burroughs será ahorcado, realiza un viaje desde Boston para no perderse la ejecución.

El mismo Mather había escrito con anterioridad que las brujas y los brujos no podían recitar el Padrenuestro, sin embargo, lo escucha en labios de Burroughs. Los allí presentes quedan sorprendidos y no pocos reclaman que este antiguo pastor sea liberado. Pero Mather interviene sosteniendo que el mismo Diablo se viste en ocasiones como ángel de luz y es por ello que ha sido posible la articulación de esta oración. Según él ahorcamiento es justo y así se lleva a cabo.

En septiembre de 1692 se desarrolla el último de los capítulos de estos juicios en el que serían condenadas y ajusticiadas otras nueve personas.

Estas se habían negado tanto a autoinculparse como a denunciar a otras supuestas brujas para salvarse. Esta resistencia a cooperar y a seguir el juego del tribunal hizo que poco a poco fuera apareciendo un debate en torno a la legitimidad del juez y, por extensión, de los juicios.

En Boston un rico comerciante llamado Thomas Brattel será uno de los que comiencen a criticar de forma pública al juez, su forma de proceder y las irregularidades en los juicios.

A la par algunos de los que habían acusado a otros de brujería comienzan a tener remordimientos. Margarett Jacobs redacta una carta dirigida a los jueces en donde indica que sus acusaciones al ya ajusticiado pastor y a su propio abuelo eran falsas. Según decía, lo había hecho por miedo ya que le dijeron que si no confesaba sería ella misma la que acabaría en una mazmorra y finalmente ahorcada. Otras retractaciones comienzan a darse.

Últimos acontecimientos

A finales de octubre el gobernador disuelve el tribunal. Cuando los juicios son reanudados en tribunales ordinarios las llamadas pruebas espectrales ya no se aceptan, pero los juicios debían continuar ya que todavía había muchas personas en la cárcel.

El juez Stowghton condena a otras tres mujeres por brujería pero el gobernador las indulta algo que hace estallar de furia al juez. Para él se trataba de una clara victoria de Satanás.

Pasarían otros tres meses para que finalmente fueran puestas en libertad las cuarenta y una personas que todavía estaban presas. Para entonces tres ya había muerto en prisión.

En 1697 uno de los jueces llamado Samuel pidió el perdón público por sus pecados pasados; para que Dios no los tuviera presentes y que los mismos no dañaran más al país.

En 1703 el tribunal general de la colonia de la Bahía de Massachusetts rechazó la mayoría de las pruebas presentadas en los juicios.

En 1706, cuando Anne Putnam tenía veinticuatro años, presentó una disculpa a su iglesia y a las familias cuyos miembros fueron ejecutados por su testimonio en el que reconocía que lo había hecho por pura ignorancia al ser engañada por Satanás.

En 1711 la colonia comenzó a pagar compensaciones económicas a las familias de aquellos que habían sido acusados.

Después de 1692 nunca más se celebraron juicios amparados por la ley por acusaciones de brujería. Los tribunales no se encargaron más de este tipo de creencias religiosas, pero lo que sucedido quedó registrado para la historia.

El caso de las brujas de Salem supone una estremecedora radiografía de aquel protestantismo calvinista que había pasado a Inglaterra y de allí a las colonias inglesas del nuevo mundo. Este puritanismo estará en la base de los grandes movimientos y avivamientos que vendrían en siglos posteriores, incluido el evangélico que surgiría en el siglo XIX y que llega hasta nuestros días. Por ello, es del todo necesario que más que “buscar brujas” fuera de nuestras filas lo hagamos dentro de ellas, pero con un espíritu y fin muy distinto al anterior. Debemos realizar un análisis crítico de cuantos elementos ajenos a la verdadera fe se nos han ido colando a lo largo de los años, de los siglos, desde los mismos inicios de la Reforma Protestante. Es indispensable que todas aquellas iglesias y grupos surgidos de ella piensen sus raíces, no adopten una opinión amable sobre su propia historia, sino que se planteen la necesidad de llevar a cabo otra “reforma” para que la Iglesia vuelva a ser relevante en nuestros días. No es a Roma a donde hay que mirar sino a nosotros mismos.

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