Posted On 09/07/2013 By In Opinión With 606 Views

Nueva ética imperial… ¡Cuidado! Nos espían

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“Los teólogos no producen las crisis, simplemente las señalan” – Hans Küng

 Probablemente era un “secreto a voces”, sin embargo eran necesarias las voces que evidenciaran la realidad de este delito y atentado a la intimidad y soberanía de los pueblos. ¿Quién peca más, los que espían o los que denuncian el espionaje? Primero fue Julian  Assange con sus denuncias al espionaje y a las injerencias estratégicas de  los EE.UU en diversos países por medio de los cables o pasquines publicados por Wikileaks. Ahora es  Edward Snowden, ex funcionario del servicio especializado de los EE.UU, quien lo da a conocer al mundo a través de  las comunicaciones de millones de estadunidenses y diversos países, como muestran las recientes revelaciones en cuanto a la sede de la ONU, Alemania y la Unión Europea, amigos y aliados de los EEUU. Si esto sucede con los “amigos” podemos imaginarnos qué podrá suceder con aquellos que se consideren “enemigos”.

La respuesta de la Casa Blanca por medio de sus voceros, ha sido facilitar  toda la información, pero que sin duda,  en nombre “de la seguridad nacional” se transparentará todos los procesos del espionaje. De nuevo nos encontramos ante el debate de la vieja máxima de que “el fin justifica los medios”. ¿Será que nos encontramos ante nuevas formas de imperialismos tecnológicos propios del siglo 21? Es probable que antiguas prácticas de espionaje sigan presentes por medio de las novedosas tecnologías al servicio de estos fines, contribuyendo al sistema de control y la “prevención de cualquier atentado contra la nación”, para lo cual, se justifica el abuso e intromisión a la soberanía de otras naciones.

Sin esperarlo, por esas cosas del destino y paradójicamente, mientras el  Ecuador, establece una Ley de Comunicación que ha esperado más de un año y que entró en vigencia para promover  una regulación y responsabilidades ante la comunicación como derecho social y la promoción nacional, nos llegan amenazas  e intimidaciones de los EE.UU, en caso de dar asilo a Edward Snowden.  El antiguo dicho que quien pone el dinero pone la mesa es muy real  en países latinoamericanos, que a costa de sus necesidades o por ingenuidad, ceden a este tipo de chantaje bajo la figura de “cooperación”, “ayudas”, “ONG”, entre otras metáforas sociales que condicionan las decisiones de una nación o sirven de informantes como ya lo reveló Wikileaks.

Nuestro país,  rechazó este tipo de prácticas por parte de los imperios y constantemente las ha denunciado al mundo, así como decidió renunciar a los beneficios mercantiles de EE.UU, que son usados como medidas de “estímulos conductistas” y mecanismos de control para incidir en las decisiones soberanas de una nación. El presidente Rafael Correa anunció la renuncia “unilateral e irrevocable” a las preferencias otorgadas por EE.UU, en el marco de la ley ATPDEA[1], frente a lo que consideró una “amenaza, insolencia y prepotencia de ciertos sectores estadounidenses que han presionado para negar esos beneficios comerciales por el caso Snowden”. En fin, ¿se trata de soberanía  o de ATPDA, como lo expresó un titular de prensa, o tal vez, de no “vender nuestra alma al diablo”, en términos del popular Hugo Chávez?

Ante estas formas posmodernas de imperialismos, que atentan contra la vida, el derecho y la soberanía de los pueblos me pregunto desde el imaginario bíblico: ¿Qué nos dirían Isaías y Jeremías ante las alianzas con países extranjeros que intentan pactar desde condiciones de desigualdad y prostituirnos con sus prácticas? ¿Qué nos diría Jesús ante su sentencia  de “Devolver al César lo que es del César y a Dios lo que le corresponde”, en el contexto político y social de la Palestina de su época, conquistada por el imperio Romano y sumida en la pobreza? Nuestras comunidades de fe, ante cualquier atropello y atentado a la dignidad, ¿acaso deberían levantar su voz y censurar toda forma de inmoralidad internacional que se legitima desde un capitalismo que sacrifica la vida de millones de seres humanos? ¿Hasta qué punto la hegemonía de los imperios y sus vecinos participan como cómplices, convirtiéndose en defensores de los derechos según sus intereses? ¿A qué nos mueve y convoca la espiritualidad cristiana frente a nuevas formas de control y falta de respeto a nuestros pueblos?

Me he preguntado si, para  algunas generaciones, especialmente jóvenes poseídos por el espíritu de la Primavera Árabe, indignados y comprometidos con otro orden de cosas,  Assange y Snowden aparecen como símbolos de resistencia y de denuncia ante este tipo de orden, donde los poderosos juegan al gato y al ratón para  justificar sus acciones desde  intereses particulares.

Una teología apasionada por la vida, por lo humano como lugar teológico, no puede rechazar contribuir con la denuncia profética y con la militancia activa desde sus espacios por la libertad y la justicia para todos, asi como también con el señalamiento de aquéllos que sostienen un sistema de poder para sus beneficios en nombre de la caridad y el servicio social hacia los más necesitados.

Es cierto, como dijo Hans Küng: “Los teólogos no producen las crisis, simplemente las señalan”; pero como también diría Sobrino, siguiendo a Ellacuría, además los teólogos  debemos “aprehender la realidad y enfrentarse con ella” desde cuatro actitudes: hacerse cargo de la realidad, cargar con la realidad, encargarse de la realidad,  y dejarse cargar por la realidad [2].


[1] Tratado de Preferencias Arancelarias (ATPDEA) con Estados Unidos. Según el secretario de Comunicación, Fernando Alvarado: “Las preferencias fueron otorgadas a los países andinos como compensación a su lucha contra las drogas, pero pronto se volvieron un nuevo instrumento de chantaje. En consecuencia, Ecuador renuncia de manera unilateral e irrevocable a dichas preferencias”, agregó en conferencia de prensa el jueves 27 de junio de 2013.

[2] Jon Sobrino, Fuera de los pobres no hay salvación-Pequeños ensayos utópicos-proféticos, Editorial Trotta, Madrid, España, 2007, pág. 18.

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