Posted On 23/12/2013 By In América Latina y el Caribe, Noticias, Opinión With 1769 Views

Ordenación pastoral de Cira Hernández Gutiérrez. Txula Gutiérrez, Chiapas, México

15 de diciembre  de 2013

“No hay varón ni mujer”

La Comunión de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de Chiapas (CODIPRECH) saluda desde este lugar a hermanas y hermanos de México y del mundo.

“Así que no importa si son judíos o no lo son, si son esclavos o libres, o si son hombres o mujeres. Si están unidos a Jesucristo, todos son iguales” Gálatas 3: 28

Corría el mes de Septiembre de 1990 – allá en el fresco Municipio de Berriozábal del entonces estado más pobre de la República mexicana: “Chiapas”, gobernado por Patrocinio González Garrido, considerado en parte, por su forma autoritaria y discriminatoria de gobernar, como uno de los causantes de las condiciones que motivaron la oposición de hermanos y hermanas zapatistas en enero de 1994- cuando Cira Hernández Gutiérrez y un servidor nos encontramos por primera vez en los pasillos de la Escuela Bíblica “Mabel y Rut”. Ella, estudiante del tercer año de Teología, y yo, acaba de ingresar en el Seminario Dr. Jn. R. Kempers. Desde entonces hasta hoy hemos cultivado el compañerismo, cuyos lazos se han ido fortaleciendo. Desde hace doce años a esta parte, nuestros encuentros han sido de análisis y reflexión en torno a la crisis que atraviesa la Iglesia Nacional Presbiteriana de México. En uno de esos encuentros, absolutamente llenos de esperanza y de humor, comenzamos a comentar la posibilidad de la ordenación pastoral de Cira, sueño que ahora se hace realidad. Con razón Rubem Alves nos invita a soñar: “…y nos olvidamos de que en nuestros sueños y deseos descansa, escondida, la posibilidad de salvación. Es una promesa mesiánica: aquellos que no tienen futuro, los ancianos, soñarán…Nuestros deseos pueden ser hermosos: fragmentos de la imagen de Dios…Dentro, muy dentro de nuestra carne, se escucha un gemido, cuya resonancia se siente por toda la creación, suspiros que son demasiado profundos para expresarse con palabras, deseos sin nombre. Pero no importa: el Viento los escucha, y entiende nuestros suspiros innominado, y los lleva hasta Dios: nuestra oración. Cada sueño es una oración” (Alves, 1987; 60).

Sintiéndome parte del sueño de Cira, de la ahora oración contestada por Dios, gracias a la perseverancia y resistencia activa, comparto esta reflexión con mi compañera (Cum- panis), y con las y los demás que no hemos perdido de vista esta rendija de esperanza en relación a la desprivatización del Ministerio Pastoral en el interior de la Iglesia Nacional Presbiteraina de México.

Cápsula literaria: adaptación del poema “Y Dios me hizo mujer” de Gioconda Belli:

Y Dios te hizo mujer,
de pelo corto,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y te cavó por dentro,
te hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente tus nervios
y balanceó con cuidado
el número de tus hormonas.
Compuso tu sangre
y te inyectó con ella
para que irrigara
todo tu cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que te hacen mujer todos los días
por las que te levantas orgullosa
todas las mañanas
y bendices tu sexo.

Cápsula bíblica (interpretativa):

El texto de Gálatas 3,28 es un componente principal de la perícopa 3,23-4,7, (Senén Vidal (1996; 14) incluye el texto en el apartado 3,1-5,12, considerado como una sección teológica y argumentativa) cuya idea principal es el paso de la esclavitud a la libertad de los hijos e hijas de Dios (Chiquete, 2009; 102). Las comunidades de fe de Galacia eran de origen gentil, fundadas por el apóstol Pablo (Hechos 18, 23). Su llegada a ese lugar probablemente fue consecuencia de una enfermedad (Gálatas 4,13), esto le permitió proclamar las Buenas Nuevas a sus habitantes. El mensaje de Pablo fue contundente: “en la gran familia de Dios hay cabida para hombres y mujeres de distintas edades y pueblos; no era necesario integrarse en la sociedad judía en virtud de que lo que el Evangelio de Jesucristo propicia es aprender a convivir en la diversidad, en la libertad, el amor y el respeto, sin exigir las prácticas sui géneris judaicas como la circuncisión, la observancia de un calendario cultual y algunas prescripciones y ritos sobre la purificación (5,1-12; 6,12ss; 4,21; 2,11-16; 4.10). Como era de esperar, Pablo tenía oponentes, defensores de la ortodoxia judía, entre los cuales estaban Pedro, Juan y Santiago, el hermano del Señor, además de los misioneros que caminaban por el interior de Galacia y que no reconocían su ministerio apostólico. Parece que él estaba convencido de que el dios en el que creían los de la aparente sana doctrina judía era el diablo, y el Dios de la libertad (que no del libertinaje) proclamado por Pablo era concebido como diablo por los defensores de dicha sana doctrina.

Así que, hermanas y hermanos, que nada nos intimide, las estructuras religiosas guardianas del poder que se escudan en la defensa de la sana doctrina jamás lograrán extinguir los sueños y las luchas por un modelo de comunidad eclesial donde quepamos todos y todas (por un mundo donde quepan todos los mundos) y donde el poder esté al servicio del pueblo y se mande obedeciendo en equidad de género y en respeto a las miradas del otro y de la otra.
El contenido del versículo 28 del capítulo 3 es una secuela de lo que se ha afirmado en el versículo 27. En Jesucristo, las diferencias generadas por guardar la ley son abolidas totalmente. Por lo tanto, no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer. Imponer en los otros y en las otras los ritos y dogmas propicia la hegemonía, característica principal de la religión farisaica de todos los tiempos. El teólogo mexicano Daniel Chiquete, de tradición pentecostal, afirma: “cuando la religión se convierte en dogmas, principios y tradicionalismo, pierde su razón de ser”. Para Pablo, en Jesucristo se da el salto de la esclavitud a la libertad; a partir de ella, todos y todas tienen la misma dignidad, los mismos privilegios y los mismos derechos. Toda institución política o religiosa que excluye al otro y a la otra es promotora de la esclavitud. En Jesucristo se alcanza una calidad de vida de iguales considerando la diversidad como una bendición de Dios y descartando la uniformidad que excluye a quien piensa y concibe a Dios de una forma distinta. El encuentro con Jesucristo en el camino de las desigualdades culturales y de género sirve de puente (hamaca) que permite la integración en libertad de todos y todas. Abrazar una religión con una estructura piramidal y ortodoxa, privatizadora de los ministerios, se convierte en un instrumento de dominación y de conquista, corrompiendo así la ontología del Evangelio de Jesucristo proclamado por Pablo en la Epístola a los Gálatas, denominada desde antaño como “la epístola de la libertad”. En definitiva, quienes son esclavos de sistemas dominantes y excluyentes no pueden ser capaces de amar, ni de servir, ni de caminar con diferentes, ni de participar en la reconstrucción de nuestra sociedad ni en la transformación integral de la iglesia como Comunidad del Reino de Vida, de Justicia y de acompañamiento terapéutico (sanador).

Cierre literario:
«Y Dios te hizo mujer
conforme a su imagen y semejanza,
la misma que lleva aquel
que por mantener el poder
te quiso hundir en la ignorancia,
haciéndote creer con la Biblia en mano
que el ministerio pastoral no se hizo para ti,
buscando convencerte y caer en desesperanza.
Pero Dios te hizo mujer,
eres imagen y semejanza.
Ha llegado la hora de nombrarte libertad
“Primicia y Evangelio de otras liberadas”.

Cira Hernández Gutiérrez: Oriunda de la Colonia Viva Cárdenas municipio de San Fernando Chiapas. Ha servido por 25 años en la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, específicamente en Iglesias Presbiterianas pertenecientes al Presbiterio Centro Norte de Chiapas, cuerpo eclesiástico que hasta ahora no aprueba la ordenación de la mujer al ministerio pastoral. Sin renunciar al Presbiterio, Cira recibió la ordenación pastoral el día 15 del presente en un culto celebrado en la Comunidad de Fe “Jesucristo Puerta de Salvación” de Tuxtla Gutiérrez.

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