Posted On 17/01/2012 By In Biblia With 1478 Views

Palabra de Dios (4)

A veces subestimamos la dificultad de sacudirnos ideas que han permanecido asentadas en nuestros adentros acerca de la Biblia durante muchos años. En mi anterior columna mencioné la variedad de finales de que disponemos hoy para concluir el evangelio de Marcos. Todos ellos distintos, por cierto, por si se me pasó decirlo.José Ángel Fernández Durante años muchos cristianos han aprendido a rebatir (cuando no ignorar) cualquier cosa que no se ajusta a su entendimiento tradicional de la fe. Así, muchos cristianos que se han tenido que enfrentar a la variedad textual de las Escrituras han optado, entre otros escapes, por proclamar que todos los textos son inspirados igualmente, todos infalibles, todos inerrantes, todos Palabra de Dios. Pero esta proclamación pasa por alto la variedad textual inherente en nuestras biblias. Si es cierto que toda la Biblia es Palabra de Dios, el siguiente paso es responder a la pregunta: ¿De qué Biblia hablamos? Porque si no tenemos dos manuscritos exactamente iguales, ¿quiere esto decir que todas las variantes textuales son igualmente inspiradas, infalibles e inerrantes? ¿son todas ellas Palabra de Dios? Lo dudo.

Lo cual nos lleva a una nueva pregunta, porque si no todas las variantes textuales son igualmente Palabra de Dios, alguien en algun momento ha tenido que seleccionar cuáles son y cuáles no, qué textos merecen pertenecer a nuestra versión de la Biblia y cuáles merecen ser reducidos a una nota a pie de página (y la mayoría de las veces, ni siquiera eso). Me consta que no muchos cristianos se han parado a pensar en esto. De vez en cuando se me ha acusado, al mencionar variantes textuales, de caminar por senderos peligrosos al amenazar la integridad de la Biblia. «Si no toda la Biblia es Palabra de Dios, ¿quién tiene autoridad para decidir qué textos son y qué textos no son?», se me pregunta, queriendo decir que de existir tal persona no podría ser sino alguien con muy poca humildad y temor de Dios. Pero lo irónico de este asunto es que aquellos que suelen proclamar que toda la Biblia es Palabra de Dios lo hacen con una venda en los ojos, una venda que les permite hablar tan a la ligera: porque cuando proclaman eso no hablan de todos los manuscritos ni de todas las variantes textuales que han llegado hasta nosotros, sino que descansan más bien en las decisiones que otros han tomado en su lugar, en los textos que otros han seleccionado para poner en la versión de la Biblia que tanto les gusta.

Una vez más es necesario volver a aclarar términos. Porque sin duda algunos cristianos hablan de toda la Biblia como Palabra de Dios queriendo decir que en todas las variantes textuales podemos encontrar utilidad para nuestras vidas, unas porque apuntan a Dios, y otras porque no lo hacen. Esta diversidad nos enseña a seleccionar, a encontrar el «canon dentro del canon», a encontrar nuestro propio camino cristiano, a encontrar la voz de Dios, a percibir el bosque entre tantos árboles. En este sentido, sin duda toda la Escritura es útil y capaz de enseñar e instruir. Y en este sentido la Biblia puede ser entendida perfectamente (quizá preferiblemente) como un conjunto de libros con textos que apuntan a Dios, sin querer decir que sólo esos sean útiles. Otros cristianos, sin embargo, cuando hablan de toda la Biblia como Palabra de Dios quieren decir mucho más, hablan de toda ella como infalible, de toda ella como inerrante, toda a la misma altura. Y es este entendimiento el que me hace pensar que quizá estos cristianos no han pensado muy a fondo en la naturaleza textual de la Biblia, no han pensado en la variedad de árboles que forman el bosque, no han percibido que en el bosque hay muchos senderos, unos buenos y otros malos, unos que invitan a la paz y la esperanza y otros que invitan a la marginación y la persecución. Pero el bosque es el que es, y su magnificencia no disminuye por aprender a discernir sus senderos.

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