perversiones

Posted On 20/02/2014 By In Cultura, Ética, Opinión With 1270 Views

Perversiones

Parece inaudito, pero estamos asistiendo como testigos directos a las mayores perversiones políticas habidas a lo largo de la historia. Siempre ha habido corrupción, tráfico de influencias, abuso de poder, violencia institucional…, eso parece consustancial al ser humano, pero hacerlo de manera tan descarada, en nombre de la libertad y de la democracia me parece bochornoso.

perversionesCada vez que los políticos de turno dicen que vamos por buen camino, que los países están “haciendo los deberes” con  notable, que el pueblo está haciendo un esfuerzo enorme que se verá recompensado…, me pongo a temblar. Porque quienes dicen eso son los mismos que están promoviendo la pobreza y el recorte en derechos básicos de la ciudadanía, están limitando la educación, reduciendo la sanidad, permitiendo que las grandes corporaciones sigan enriqueciéndose, facilitando que los bancos continúen ganando cantidades ingentes de dinero… Y todo eso a costa de la ciudadanía, empobreciendo cada vez más a la mayoría, silenciando a los más débiles.

No es de extrañar la desafección que hay en nuestros días hacia la política orquestada por políticos de diferentes colores. La palabra “política” viene del latín “políticus” y ésta del griego “politikós”, término relacionado con “polis”, ciudad. Así, la política debería ser la ciencia que protege, guía, conduce, ayuda, educa…, a los ciudadanos. Pero no, la política ha dejado de ser una ciencia social para convertirse en un arte mental, el de la hipocresía y el engaño. Lo peor de todo es que los políticos gobiernan y toman decisiones siguiendo las directrices del poder financiero que, una y otra vez, controlan los mercados para favorecer las ganancias de los más ricos y menoscabar las posibilidades de subsistencia de los más pobres.

Decía que estamos asistiendo, como testigos directos, a las mayores perversiones políticas de la historia: gobernantes, partidos de la oposición, tesoreros, sindicatos, jueces, alcaldes, empresarios… No se libra nadie. Mientras tanto, el pueblo, por temor a las repercusiones y turbulencias que pueda haber, permanece callado y sumiso mientras sus derechos fundamentales son bombardeados.

Por el contrario, cuando acudimos al evangelio y vemos lo que Jesús de Nazaret pretendió nos quedamos asombrados y fascinados. Jesús no se alió con el poder político. Su comprensión de la realidad le llevó a plantear un nuevo modelo religioso y social en el que el enriquecimiento ilícito no tuviera cabida, en el que los más pobres tuvieran oportunidad, en el que las desigualdades sociales se acabaran, en el que las influencias derivadas del dinero no existieran, en el que la dignidad humana fuera un estandarte, en el que el poder se sometiera a los que sirven, en el que los privilegios de unos pocos fueran cortados de raíz, en el que la justicia fuera para todos igual, en el que la misericordia, el amor y el perdón se convirtieran en sus signos de identidad… Esa fue la propuesta de Jesús.

Pero no nos confundamos, la historia de la iglesia hace visible el fracaso en el que una y otra vez han incurrido los que han pretendido seguir a Jesús por atajos. Demasiadas veces la Iglesia se ha aliado con el poder y los resultados han sido desastrosos. Nuestra historia más reciente tampoco es para alardear, porque las repercusiones que tienen las iglesias en los barrios donde están ubicadas son mínimas, al punto de pasar desapercibidas; esto quiere decir que no se ha cumplido con el encargo de Jesús de proclamar el evangelio del Reino.

Siguiendo a Jesús, la iglesia no debe optar por una línea política determinada, ya sea de izquierdas, de derechas o de centro. La iglesia trasciende estos planteamientos. Su propuesta ha de ir enfocada a defender los derechos de los más necesitados, de los pobres, de los humildes, de los que no tienen voz, de los que son marginados y silenciados. La iglesia lucha por los derechos humanos ofreciendo ayuda en dos direcciones: 1) La solidaridad con el necesitado y 2) La proclamación del evangelio del Reino de los cielos.

Así, se da pan al hambriento desde la certeza del amor de Dios hacia la humanidad; se da agua al sediento desde la convicción de la esperanza de un mundo nuevo en el que regirá la justicia; se socorre al pobre desde la perspectiva de la entrega de Jesús a favor de los necesitados y la resurrección de entre los muertos mediante el poder de Dios como signo de un nuevo amanecer para la humanidad. Por ello, no es solo solidaridad sino, también, proclamación; no es solo proclamación sino, también, solidaridad.

Estoy tan decepcionado de las perversiones políticas de nuestros días que cada vez quiero saber menos de lo que hacen estos mercachifles. Por el contrario, porque estoy fascinado, cada vez quiero saber más de Jesús de Nazaret y de lo que su pueblo puede hacer para continuar con su proyecto de extensión del Reino de los cielos, en el que todos caben, pero con unas directrices claras de igualdad, solidaridad, tolerancia, justicia, perdón, misericordia…

Las perversiones políticas están a la orden del día; ojala, el pueblo de Dios no caiga en perversiones religiosas que lo aleje del Reino de los cielos.

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