Posted On 24/03/2015 By In Biblia With 18117 Views

Poesía hebrea

I

Jorge Luis Borges ha señalado en varias ocasiones la gran importancia que tienen los textos bíblicos para occidente (1977), pues la conformación de lo que hoy se conoce como nuestra cultura occidental (incluyendo a la conquistada América) se debe a la filosofía griega, al derecho romano y las herencias religiosas judeo-cristianas.

La poesía hebrea pertenece a esta herencia. De impronta religiosa y también su conformación estética.

De allí que varios investigadores sostengan que “la Biblia es literatura” (Alonso Schökel, 2006).

Literatura no porque sea menos que religión. Todo lo contrario. Porque ella es sendero de revelación y ocultamiento. Palabra sagrada, decirse que invoca la ausencia y grita lo humano.

Y es en esta medida y dimensión que se nos adentramos a la poesía hebrea: como fenómeno literario del que brotan importantes preguntas filosóficas.

No es extraño que la literatura hebrea haya sido una fuente de diálogo para filósofos tan diversos y diferentes entre sí como Agustín, Hegel, Kierkegaard y Paul Ricoeur; y que, además, haya tenido una gran influencia en el arte a través de la historia: Miguel Ángel, Rembrandt, Rubens, Shakespeare, Goethe, Dostoievski, Celán, Trakl.

II

A diferencia del Nuevo Testamento[1], la Biblia Hebrea contiene una sección de libros dedicados exclusivamente a la poesía. Sección conocida como libros poéticos o sapienciales.

Pero también encontramos poesía en los profetas –quienes combinan con frecuencia la prosa y el verso, la retórica y el arte dramático[2].

No es extraño, entonces, que un traductor como Alonso Schökel, en su Biblia del Peregrino, dediqun tres tomos a la traducción y el comentario del Antiguo Testamento, y que dos de ellos sean dedicados a la poesía: prosa (los profetas) y verso.

La poesía hebrea es antigua. Hace parte especialmente de una concepción religiosa del mundo, que podríamos llamar sagrada y mítica. El mundo en el que brota aún está encantado, poblado de dioses y demonios, de fuerzas espirituales y, sobre todo, de la fe en el Dios de los hebreos que irá tomando diferentes formas literarias a lo largo de la colección de escritos.

Por esto los diferentes géneros que abraza esta poesía reflejan aquellos contenidos:

Poesía litúrgica: se usa en las fiestas de Israel, en las peregrinaciones por las montañas, para llegar al templo:

¡Jerusalén!, edificada como ciudad

totalmente armoniosa,

adonde suben las tribus,

las tribus del Señor;

según la ley de Israel,

a dar gracias al Nombre del Señor

(Salmo 122,3-4)

Poesía profética: el grito desgarrados de hombres poseídos de lo divino que ven en la realidad presente una contradicción constante con los deseos de justicia:

Retiren de mi presencia

el ruido de los cantos,

no quiero oír la música de la cítara;

que corra como el agua el derecho

y la justicia como arroyo inagotable.

(Amós 5,23-24).

Poesía didáctica: busca enseñar a Israel el sendero de sus tradiciones. Su temática principal es la sabiduría, personificada en una amante sensata.

La Sabiduría proclama por las calles,

en las plazas levanta la voz;

grita en lo más ruidoso de la ciudad,

y en las plazas públicas pregona:

¿Hasta cuándo, inmaduros, amarán la inmadurez,

y ustedes, insolentes, vivirán en la insolencia,

y ustedes, necios, odiarán el saber?

(Proverbios 1,20-22).

Poesía sapiencial: se pregunta por el sentido de la vida, muchas veces sin respuestas sensatas. Ofrece textos que, sorprendentemente, se apartan de toda dogmática religiosa:

Los vivos saben… que han de morir; los muertos no saben nada, para ellos no hay retribución, porque su nombre cayó en el olvido. Se acabaron sus amores, odios y pasiones, y jamás tomarán parte en lo que se hace bajo el sol. Anda, come tu pan con alegría y bebe contento tu vino, porque Dios ya ha aceptado tus obras; lleva siempre vestidos blancos y no falte el perfume en tu cabeza, disfruta la vida con la mujer que amas, todo lo que te dure esa vida fugaz, todos esos años fugaces que te han concedido bajo el sol; que ésa es tu suerte mientras vives y te fatigas bajo el sol. Todo lo que esté a tu alcance hazlo con empeño, porque no se trabaja ni se planea, no hay conocimiento ni sabiduría en el Abismo adonde te encaminas (Eclesiastés 9,5-10).

Poesía erótica: el canto a la sacralidad del cuerpo. La celebración de las pasiones humanas, más allá incluso de los nombres con que se intenta controlar la belleza del encuentro:

Ya me he quitado la túnica,

¿cómo vestirme otra vez?

Ya me he lavado los pies,

¿cómo mancharlos de nuevo?

Cuando mi amado metió

la mano en la hendidura,

mis entrañas se estremecieron.

Ya me he levantado para abrirle a mi amado:

mis manos destilaban mirra,

mis dedos goteaban mirra,

en el pestillo de la cerradura.

(Cantares 5,4-5).

Poesía real: muchos textos fueron compuestos en la corte para cantar a los reyes y engrandecer sus gestas. Aparecen salmos de entronización y bodas reales, de celebraciones y batallas:

Entra la princesa, esplendorosa,

vestida de tisú de oro y brocados.

Llevan ante el rey a las doncellas,

sus amigas la siguen y acompañan;

avanzan entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real.

(Salmo 45,14-16).

 

III

La poesía hebrea no tiene rima, pero sí ritmo[3]. Esta es su característica principal. Además de la forma, también está el contenido, muy diferente al de las leyes israelitas y la historia hebrea.

En cuanto a forma, el paralelismo es la característica principal de la poesía hebrea. Este consiste en elaborar sentencias que se repiten mediante imágenes distintas. Ocurre cuando dos líneas poéticas son semejantes, ya sea forma gramatical o semántica.

Hay tres clases comunes de paralelismo:

El paralelismo sinonímico, en el que el sentido de las dos versos seguidos paralelas es prácticamente idéntico.

«El que mora en los cielos se reirá;

El Señor se burlará de ellos» (Sal 2.4).

Soy la burla de ellos,

al verme menean la cabeza

(Sal 109,25).

El paralelismo antitético ocurre cuando entre dos líneas hay un contraste u oposición de ideas[4]. A veces se repite en forma negativa el pensamiento del primero:

Quien cierra los ojos trae sufrimientos,

quien reprende abiertamente trae remedio.

(Proverbios 10,10)

Es tercero, el paralelismo sintético o progresivo, aparece cuando la segunda línea completa el pensamiento de la primera, extendiéndolo o explicándolo más.

Porque soy humilde y pobre,

y mi corazón ha sido traspasado;

me desvanezco

como una sombra que declina,

me espantan como a la langosta;

se me doblan las rodillas por el ayuno,

y, sin grasa, enflaquece mi carne.

(Salmo 125,22-24).

Una forma más compleja de paralelismo es el quiasmo, una estructura en forma de “X” en que se relacionan los términos de las líneas A y B en forma de “X”. La parte A de la primera línea es paralela con la parte B de la segunda línea; y viceversa:

  • Dios del universo, (B) escucha mi súplica,
  • atiéndeme, (B) Dios de Jacob.

(Salmo 84,9)

Como sucede también en la tragedia griega, algunos poemas hebreos tienen estribillos, muchas veces cantados por un coro, que se repiten de tanto en tanto en el poema. Esto da énfasis a lo que se quiere decir. Cantar de los cantares tiene un estribillo que es frecuente:

¡Les conjuro, muchachas de Jerusalén,

por las gacelas y ciervas del campo

que no despierten ni desvelen al amor

hasta que a él le plazca!

(Cantares 2:7; 3:5; 5:8; 8:4).

Varios poemas están compuestos en forma de acróstico, siguiendo al alfabeto hebreo. Las líneas se ordenan conforme a la letra Alef, luego Bet, y así sucesivamente hasta completar las 22 letras del alfabeto hebreo. Como sucede en el caso del Salmo 111[5]:

A Doy gracias al Señor de todo corazón

B en la reunión de los justos, en la asamblea.

G Grandes son las obras del Señor,

D ponderadas por quienes las aprecian.

H Su actuación es magnífica y espléndida,

W su justicia dura por siempre.

Z Dejó un memorial de sus proezas:

H el Señor es bondadoso y compasivo.

T Dio el alimento a sus fieles,

Y acordándose siempre de su alianza.

K Mostró a su pueblo la eficacia de sus obras

L dándole la heredad de los paganos.

M Sus obras son verdad y justicia,

N todos sus preceptos, fiables,

S válidos por siempre jamás,

‘ se han de cumplir fiel y rectamente.

P Envió la redención a su pueblo,

S ratificó para siempre su alianza,

Q su Nombre es santo y temible.

R Principio de la sabiduría

es respetar al Señor,

S son inteligentes los que lo practican.

T ¡La alabanza del Señor

permanezca para siempre!

La poesía hebrea es dialógica. A diferencia del mundo moderno –especialmente a partir del romanticismo-, el poeta hebreo antiguo no es un solitario sentado en una montaña escribiendo acerca de su propia soledad y su vacío –aunque también hay solitarios tales-. El poeta hebreo festeja en la comunidad, escribe para la corte, tiene oyentes, y estos oyentes algunas veces participan de forma activa en los poemas.

Sobra decir, de la presencia de metáforas, símiles, tropos y demás figuras de la poesía. Estas pretenden brindar una atmósfera. De allí que haya poemas inmersos en una atmósfera mítica, como el Salmo 29; y otros donde las imágenes metafóricas destacan el realismo de un hombre que sufre a causa de la enfermedad y de la relación con sus enemigos.

IV

Pero detrás de la poesía hebrea no solamente hay estructuras retóricas o construcciones literarias. Hay un mundo. La vida del pueblo que se contaba el sentido al calor de una hoguera, el grito solitario de un profeta ante un pueblo arrodillado ante los imperios, la música de la corte, con sus intrigas y excesos, y el amor en el campo.

Dentro de los géneros en los que pueden agruparse los salmos[6], el exégeta alemán Hermann Gunkel distingue diversos motivos literarios, es decir, los elementos menores en que puede descomponerse un poema. La historia de los géneros indica poemas que los textos que ahora tenemos eran en principio muy breves, y fueron ganando volumen por mano de diferentes autores.

La mayoría de los Salmos, por ejemplo, en el principio fueron poemas cúlticos, en un ambiente de religión no institucionalizada, donde los oferentes llegaban a un altar determinado y rendían allí su ofrenda; las divinidades eran entonces diversas, aunque Yahvé fuera el Dios nacional.

Estos poemas privados o de cultos familiares se convirtieron luego poemas públicos y nacionales, adoptados en nombre del yahvismo oficial y amparados bajo la tutela de los reyes y los sacerdotes.

Finalmente, a estos poemas se les dio el toque tardío de piedad personal que al encuentro con un mundo ajeno al ambiente aldeano que hasta entonces conocían. Cuando los hebreos se encontraron con catástrofes sociales y políticas, transformaron su fe en un Dios nacional a la creencia en un Dios universal que los acompañaba en el exilio y les proponía una religión de la oración personal y comunitaria –el nacimiento de la sinagoga y la decadencia del templo-.

Así, la poesía hebrea se ha ido nutriendo de la influencia de las diversas épocas por las que ha ido pasando, tanto en el nivel religioso como en el social, cultural y político.

Esta poesía traza un mundo ya desaparecido. Si la poesía griega nos lleva al teatro y la rapsodia, la poesía hebrea nos transmite inicialmente a las hogueras donde se narraban las gestas del desierto; a los hogares donde se adoraba a los dioses familiares todavía no unificados bajo un solo nombre y una moral; a la corte, donde poco a poco se fue estableciendo una unidad social bajo reyes y sacerdotes llamada Israel; y, de nuevo al individuo y los hogares, en el exilio, buscando al Dios que migra con su pueblo y les da una ley como símbolo de identidad.

Al escarbar los Salmos vemos, por ejemplo, las fiestas majestuosas que celebraban los reyes para mostrar su esplendor y la grandeza de su reino, los anuncios de entronización de un nuevo rey, las bodas reales, las memorias funerarias del templo y el palacio, el día en el que el rey declaraba una guerra, o la muerte de algún príncipe.

Como escribe Gunkel, a propósito del Salmo 110:

Mientras que el poeta ensalzaba la figura del monarca, que escuchaba complacido sus palabras, el conspirador afilaba su daga y el profeta levantaba su voz de protesta en las plazas.

La escritura hebrea aparece inmersa en el marco de Antiguo Cercano Oriente. Esta poesía, como también sucedía en Egipto, Babilonia, Persia, e incluso Grecia, tiene como temática principal: la relación del hombre con el mundo dentro de un universo sacralizado. La literatura del Antiguo Cercano Oriente es un inmenso escenario en el que la literatura hebrea entra a jugar apenas la última partida.

A lo largo del siglo XX se ha recopilado una gran cantidad de textos poéticos, narrativos y legislativos que aparecen como paralelos de la Biblia Hebrea[7]. Ellos permiten mostrar el diálogo que estos textos establecieron con la literatura de su época, por lo que sería ingenuo decir que la religión israelita nace en medio de la nada, y que es única con respecto al Antiguo Oriente.

El Diálogo de un desesperado con su alma es un relato egipcio que refleja la angustia humana ante la existencia, el problema del sufrimiento, y la dificultad de la incomprensión de los amigos. Muy similar al libro de Job. Refleja una concepción de la muerte, en la que el hombre puede dialogar con su alma, pero no separarse de ella, con la cual se va incluso hasta la tumba.

Job es un drama poético que se pregunta por qué el mal y la injusticia parecieran triunfar y fueran tolerados por Dios; cómo Dios, que dice recompensar a los justos, permite que un justo sufra hasta caérsele la piel. Historia de Oriente que fue adaptada por un gran poeta hebreo para plantearse el problema del dolor. Ante todos los cuestionamientos levantados por Job a lo largo del poema y las desatinadas respuestas por parte de sus amigos que pretenden ser sabios, el texto se queda con las preguntas.

El Diálogo de un desesperado con su alma también es similar a Eclesiastés, pues su alma le llama a vivir bien sin pensar en qué pasará después, a experimentar el ahora (Ec. 9,7-10). También este consejo se encuentra en las palabras de Siduri a Guilgamés, en el relato babilonio de la Epopeya de Guilgamés: ante la pregunta por la muerte, se invita a vivir día a día. Es valioso ver que este drama existencial, escrito aproximadamente en el 2500 a.C. en Egipto, es un eje temático transversal de la literatura, donde se combinan la fe, la desesperanza, la angustia, la muerte y la pregunta. Siempre la pregunta. Una cuestión del drama de la vida, que va desde este relato egipcio a Job, y de allí a Hölderlin, Kierkegaard y Sartre.

Eclesiastés es el nombre griego del libro llamado en hebreo Qohélet (“uno que habla en medio de la asamblea). El nombre de Salomón no se menciona en el texto. Sólo hay alusiones veladas al rey (1,1; 12,16). Estas alusiones sirven precisamente para hacer una crítica a los excesos que cometen los reyes. Este texto, escrito probablemente en el siglo II a.C., es un libro supremamente realista: “Todo en la existencia es vano” (1,2; 1:14), especialmente el trabajo impuesto por los opresores a la gente sencilla. Pero también invita a la alegría de las pequeñas cosas: Comer, beber y disfrutar del cuerpo propio y el de la pareja, pues todo es regalo de Dios (2,24; 3,12; 5,17; 8,15; 9,7-10).

Otro relato egipcio interesante es el de las Quejas de un Campesino elocuente. En él se refleja la concepción desde la sabiduría acerca de la vida, el trabajo y la pobreza. Tal sensibilidad por los pobres no era solo de Israel. También se refleja en la cultura circundante, donde se condena a quien abusa del pobre, y donde se espera siempre del dios que haya justicia para con quienes sufren a causa de los poderosos. De igual forma se puede hablar del Diálogo del doliente con su amigo, que es una experiencia de fe a partir de la pregunta, un reclamo por la justicia de los dioses desde la perspectiva del pobre.

Las enseñanzas de Ptah-Hotep, texto también egipcio, enseñan otra perspectiva, en que la habla un hombre rico. Es la perspectiva de la corte, que se interesa por las preocupaciones de la corte, tales como la riqueza o las tierras adquiridas. Son un reflejo muy valioso de la concepción de la vida, y dan luz para leer los libros bíblicos de sabiduría dentro del marco de la enseñanza del maestro como padre.

Las Enseñanzas de Khety se ensalzan la profesión del escriba sobre otras: “Hazte escriba, satisface las necesidades de otros y nunca serás pobre”.

Las Enseñanzas de Amenemope difieren de estas otras dos colecciones de proverbios, en su inclinación por la gente pobre. No podría decirse que en Egipto no haya habido preocupación por los pobres, porque en un período anterior a la mayoría de los textos bíblicos (1250 – 1.000 a.C.), ya se venía pensando en los excluidos, en las viudas y los obreros de a pie.

Este es el marco en el que surge el libro bíblico de los Proverbios. Este es una colección de pequeños dichos populares o sentencias de los sabios del antiguo Israel. El conocimiento y la vida práctica son el eje fundamental de este tipo de sabiduría. El redactor final, que vivió en el siglo III a.C., se tomó en serio trabajo de recoger lo que el pueblo percibía y sentía acerca de la Hokmah y lo embelleció con poesía y aforismos.

Por otro lado, hay textos que evidencian su influjo en otros textos bíblicos. Uno de ellos es el Himno a Atón, que se refleja en el Salmo 104 como en un espejo. El Salmo que aparece en la Biblia Hebrea es una re-interpretación yahvista de tan bello poema. Esto muestra que no sólo la cultura trae parecidos y cosmovisiones similares, sino que también hay relaciones literarias entre los pueblos, intercambios y re-interpretaciones, particularmente con las culturas más avanzadas de la época en que se escribiera la poesía hebrea: Egipto y Babilonia.

El libro de los Salmos es una polifonía de música y poesía. Recoge voces de diferentes épocas y regiones, por lo menos de quinientos años de experiencias de fe en Israel. Colecciona himnos tan primitivos como el del Dios de la tormenta (Sal 29), hasta textos más recientes como la dislocación social de Israel en el exilio babilónico (Sal 127). Por esto, no podemos hablar de que haya un solo autor, sino diversas voces, pueblos y hasta creencias contenidos en los Salmos. Hay unos de agradecimiento por la salvación de los peligros (Sal 107), y suelen ser comunitarios. Hay otros de súplica y oraciones personales (Sal 63). Aparecen también Salmos de confesión de pecados (Sal 51). Surgen algunos cantados en viajes y peregrinaciones (121). Emergen los salmos de Sabiduría, que son profundas meditaciones acerca del sentido de la vida (Sal 39; 73); muchos de éstos son didácticos (Sal 119). Y hay Salmos reales, que se ocupan de los reyes en sus batallas, administración de la justicia, boda, coronación, elección de la dinastía, y hay un momento en que estos salmos empiezan a cargarse de expectación mesiánica (Sal 110).

Los cantos de amor egipcios traen luz sobre el libro de Cantar de los cantares y sobre el concepto de amor que ellos reflejan. Lejos de una lectura maniquea o puritana de la Biblia, abren la puerta para ver que, en el mundo bíblico, la actividad sexual era cuidadosamente pensada, preparada, y realizada. Se comprende entonces que el Cantar sea un libro como el Kama-Sutra, con mucha más elaboración poética que instructiva, pero con el cuidado por el bienestar sexual, y por el arte de hacer el amor bajo la bendición divina.

Es notable que exista un libro como el Cantar de los Cantares en la Biblia. En el libro sagrado de la tradición judeo-cristiana, hay un solo texto acerca del amor erótico, y debe ser muy importante, muy significativo. No es una alegoría acerca de la relación entre Cristo y la Iglesia. Es más bien la sacralización de los cuerpos, la valoración del erotismo y la ruptura con los discursos moralistas que consideran que el cuerpo y la sexualidad son malos. En ella aparecen dos personajes, la Sulamita, la protagonista principal del libro, una mujer atrevida que toma la iniciativa en el amor; y su amado, al parecer un pastor de ovejas, un campesino que tiene su encuentro amoroso con la mujer (1,7-8). Ante todo, se privilegia el lenguaje del cuerpo, incluyendo alusiones explícitas a los lugares más eróticos y lo que sucede allí. Esta obra es un desafío a cualquier dogmática espiritualista que pretenda negar la carne como lugar de lo sagrado.

Las visiones de Neferti traen una clara memoria a los lectores de Jeremías. Es interesante no ver ya a Israel, el país pequeño, temiendo por la invasión, el robo o la sequía. Ahora se trata de Egipto, el país grande, y del vidente Neferti, que ven la llegada del caos en la soledad de la noche, pero también mantienen la esperanza mesiánica de un rey que venga a poner en orden las cosas tal como Isaías (Is. 9).

Así aparecen también, dentro la poesía hebrea, los profetas escritores, quienes se valieron del lenguaje poético, de la narrativa y de la representación dramatúrgica para comunicar su mensaje. Arrebatados por lo que consideraban un poder superior e inexplicable, escribían para cantar tal posesión divina, denunciar las injusticias cometidas por los poderosos, cantar al amor humano y dolerse con el exilio del pueblo. Heraldos de lo sagrado, anunciaban también cambios en el tiempo, esperaban la restauración de su pueblo, y la imaginaban mediante figuras de un valle de huesos secos de los que naciera carne (Ez 37) o la descripción detallada de un retorno a la patria cargado de los tesoros orientales (Is 60).

V

Así como la tragedia griega aún no es filosofía, la poesía hebrea tampoco es teología, ni siquiera judaísmo o cristianismo, tal como los conocemos ahora. Es la memoria de comunidades extintas que, en un mundo encantado, rogaron a sus dioses, especialmente a su dios nacional, Yahvé, para que orientara sus senderos.

Los textos han sido recogidos en esa colección de libros – la Biblia es una biblioteca decía un rabino- considerados sagrados. Al ser compilados allí, y usados por diferentes tradiciones religiosas, tales poemas han ganado en sentido existencial a lo largo del tiempo pero han perdido en sentido estético. Una mirada detenida, una lectura pausada pueden permitir ver allí la belleza y el dolor, sin dejar por ello de preguntarse por la vida y por el sentido, por la sacralidad de lo profano y la creencia. Porque la Biblia es literatura, permite ver mucho más que un mensaje homilético, el encuentro con el arte revelatorio.

 

Bibliografía

-Alonso Schökel, Luis y Carniti, Cecilia. Salmos. Tomos I y II. Estella (Navarra): Verbo Divino, 1992

-La Biblia del Peregrino. Edición de estudio. Texto y dirección: Luis Alonso Schökel. Bilbao / Navarra: EGA / Ediciones Mensajero / Verbo Divino, 1996

-La Biblia de nuestro pueblo. Biblia del Peregrino América Latina. Texto: Luis Alonso Schökel. Adaptación del texto y comentarios: Equipo internacional. Bilbao: EGA/ Ediciones Mensajero, 2006

-Biblia de Jerusalén. Edición española. Dirección: José Ángel Urrieta López. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1998

-Gunkel, Hermann. Introducción a los Salmos. Valencia: Edicep, 1984

-Gunkel Hermann. The Folktale in the Old Testament. Sheffield (Eng.): Sheffield Academic Press, 1987

-Matthews, Victor H. y Don C. Benjamin (Eds.). Paralelos del Antiguo Testamento. Santander, Sal Terrae, 2004

-Pritchard, James. La sabiduría del Antiguo Oriente. Barcelona: Garriga, 1966

-Ramírez-Kidd, José Enrique. Para comprender el Antiguo Testamento. San José: SEBILA, 2009

-Weber, Beat. Poesie (AT) (erstellt: März 2007) Permanenter Link zum Artikel: https://www.bibelwissenschaft.de/stichwort/31132/

 

[1] La cantidad de poesía que hay en el NT es proporcionalmente baja. Mientras un 25% de los textos del AT son poesía, el NT solamente contiene fragmentos de la memoria de la poesía oral de las primeras comunidades: Lc 1,46-55; Lc 1,68-79; Hch 17,28; Ef 5,14; Phil 2,6-11; 2Tim 3,16; Tit 1,12; Hch 5,9-10; Hch 5,12.

[2] Otros textos poéticos en distintos lugares de la Biblia Hebrea, incluso en la Torah son: Gen 4,23-24; Gen 49,1-27; Ex 15,1-18.21; Num 21,17-18; Num 21,27-29; Num 23-24; Dtn 32,1-43; Dtn 33,2-29; Ri 5,2-31; 1Sam 2,1-10; 2Sam 1,19-27; 2Sam 22,2-51; 2Sam 23,1-7; 2Re 19,21-34).

[3] Los versos de la poesía hebrea se caracterizan por su énfasis acentual y entre estos el verso corriente puede tener dos, tres o cuatro acentos.

[4] La mayoría de los versos pareados en Proverbios 10.1 a 22.16 son paralelismos antitéticos.

[5] Evidentemente, en la traducción se pierde el inicio obvio en las letras del alfabeto. Pero los traductores han decidido conservar las letras al inicio del poema. Como ha de notarse, estos poemas eran didácticos, hechos para la memorización –la población de aquella época era un 98% analfabeta-, y pretende enseñar formas de comportamiento, especialmente a los niños.

[6] Para distinguir los géneros de los salmos, Gunkel acude a la agrupación por géneros literarios, yendo incluso a salmos que no aparecen en la Biblia, y a salmos de Antiguo Cercano Oriente, como en el caso de los salmos reales. Para Gunkel, los diversos géneros de los salmos ofrecen las circunstancias en que surgió el texto. Sólo se puede hablar de géneros literarios si se cumple con estos requisitos

  1. Únicamente pueden agruparse aquellos poemas que originalmente corresponden a un determinado contexto cultual, o al menos que procedan del mismo.
  2. Estos poemas deberán evidenciar una riqueza común de pensamientos y sentimientos típicos a su Sitz im Leben o que pudieran ser introducidos en él con facilidad.
  3. Es necesario en un género literario la unión de todas sus piezas por medio de cierta forma lingüística común a todos (Gunkel, Comentarios a Los Salmos p. 35)

[7] Estos paralelos han sido recopilados en a lengua castellana en Matthews, Victor H. y Don C. Benjamin (Eds.). Paralelos del Antiguo Testamento. Santander, Sal Terrae, 2004

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