Posted On 26/10/2012 By In Entrevistas With 2227 Views

“Que las mujeres sigan luchando por su dignidad en la Iglesia”. Entrevista a Amparo Lerín Cruz, a las puertas de su ordenación ministerial

1. Amparo, comadre[1], luego de tus estudios teológicos, ¿cómo se desarrolló tu trabajo en la iglesia?

Hola, compadre. Tengo 16 años de haber egresado del Seminario Teológico Presbiteriano de México, son muchos años de haber vivido dificultades. El principal lugar donde he tenido que vencer muchos obstáculos por el hecho de ser mujer es en el seno de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM). Cuando pertenecí al Presbiterio de la Ciudad de México, obtuve la licencia para predicar en 1998. En ese presbiterio tenía voz y voto, privilegio que se perdió con el paso de los años. Al ver que mi permanencia allí ya no podría prosperar más y que los derechos alcanzados se estaban perdiendo, decidí salir y por algún tiempo estuve sin presbiterio. En cuanto al trabajo en la iglesia, en alguna ocasión pude trabajar a la par, como pastores adjuntos, con Rubén Montelongo, mi esposo; ambos nos coordinamos bien en el trabajo pastoral, pero la iglesia no, la iglesia seguía viendo a Rubén como el pastor y a mí como “la esposa del pastor”. Muchos y muchas quisieron etiquetarme como eso mismo, pero yo no acepté ese papel, pues yo estaba llamada a ser pastora y hacia eso me enfoqué.

Amparo Lerín Cruz

Amparo Lerín Cruz

Como seminarista no tuve mayor problema en obtener una congregación donde pastorear, aunque siempre bajo el auspicio de un Consistorio o pastor oficiante, sin embargo, como egresada era difícil obtener una iglesia para pastorear, dado que las iglesias querían siempre un pastor varón, y sobre todo alguien que estuviera ordenado y para su desilusión yo no era ninguna de las dos cosas. Entonces, en un inicio me dediqué a trabajar en algunos ministerios dentro de las iglesias que pastoreaba mi esposo como son: la enseñanza de niños, ministerios juveniles y femeniles, la visitación, consejería a mujeres, enseñanza en la escuela dominical, predicación, etcétera. A la par estuve predicando en distintas iglesias donde se me requería para cubrir cultos especiales o cuando no hubiera quien predicara. Empecé también a impulsar con un grupo de mujeres y varones el sacerdocio universal de los y las creyentes. Cuando llegué al Presbiterio Juan Calvino empecé a salir nuevamente comisionada para predicar en sus diversas iglesias.

Hasta hace un año, la situación cambió porque la Iglesia El Shadday me llamó a colaborar con ellos como pastora. En esta iglesia creen firmemente que con Cristo no hay distinción de personas, creen en la igualdad de género y sobre todo me han dado todo el apoyo y respeto como pastora. Aquí he podido desarrollar plenamente el ministerio al cual el Señor me ha llamado, he podido servir y acompañar a la iglesia en las diferentes situaciones que han vivido, esta ha sido una experiencia muy gratificante.

Quiero señalar que a pesar de que la INPM me discriminó, me negó la ordenación y me excluyó, estoy registrada ante la Secretaría de Gobernación como Ministra de Culto, con el registro SGAR/126:38/94, por parte del Presbiterio de la Ciudad de México. Esto se puede constatar en la página 471 del sitio: http://es.scribd.com/doc/79243438/Publicacion-de-Ministros-de-Culto-Por-SGAR. Y quiero mencionarlo porque cuando se tramitó una queja por discriminación ante la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), Danny Ramírez, el actual moderador de la Asamblea, declaró que no había discriminación ya que no había mujeres ordenadas en la iglesia. Pues ahí aparece el registro de dos ministras de culto: Eva Domínguez Sosa y yo.

2. ¿Cómo viviste el proceso que desembocó en tu ordenación al pastorado?

Creo que la clave de este proceso fue haber tomado siempre la iniciativa, correr el riesgo de ser rechazada, señalada, juzgada o que se me cerraran las puertas; he sido insistente, persistente, a veces hasta molesta. Siempre tomé la iniciativa en un inicio de dejar el Presbiterio de la Ciudad de México, aunque eso me dejara por un tiempo sin el cobijo de institución alguna, después, decidí que no podía continuar así y que tenía que tocar otras puertas, intentarlo nuevamente, así que solicité mi ingreso al Presbiterio Juan Calvino, que en ese entonces era el único a favor de la ordenación de las mujeres. Un año después tomé la iniciativa de solicitar que se iniciara el proceso de exámenes para mi ordenación y hace pocos meses decidí que habiendo terminado este proceso era tiempo de definir si me ordenarían o no, así que, ya estando en la Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas (CMIRP) solicité la fecha para la ordenación y aquí está el resultado.

El proceso de exámenes fue un tortuoso, muy largo, al principio complicado. Los exámenes que se me aplicaron desde un inicio fueron de nivel teológico alto, pues hasta la fecha no he visto que un varón presente exámenes para la ordenación de este tipo y no he visto que un proceso sea tan largo. Incluso he visto ordenaciones de varones ¡cuyo proceso dura sólo un día! Y todavía más: he visto a quienes se les exonera o “dispensa” algún trámite. El mío inició en febrero de 2010 y concluyó en septiembre de este año, de modo que duró casi tres años y no se me dispensó nada, lo cual creo que estuvo bien, ya que así se cubrían todos y cada uno de los procesos para que no hubiera lugar a dudas o se presentaran objeciones.

Me pusieron muchas trabas en el camino; al principio tan sólo para continuar con los exámenes de ordenación me pedían que una Iglesia me hiciera un llamamiento de cinco años como pastora, a sabiendas de que en el presbiterio no había iglesias desocupadas y que todas tenían pastor, y cuando hubo algunas congregaciones sin pastor comisionaron a varones antes que a mí, y yo seguía sin iglesia, con los exámenes de ordenación detenidos. En algunas ocasiones se cancelaron sin razón alguna. A pesar de ser titulada de la Maestría en Divinidades por el STPM me examinaron según la Constitución de la INPM en seis materias: Teología sistemática, Liturgia, Homilética, Teología pastoral, Teología bíblica y Jurisprudencia, y todas las presenté y aprobé satisfactoriamente.

Como lo mencioné antes, por la gracia de Dios hace un año la Iglesia El Shadday me llamó a colaborar en el pastorado, con lo que ya no habría pretexto para no continuar con los exámenes, sin embargo, me pusieron otro más: debía demostrar “vocación”. Este proceso y estos obstáculos no me impidieron afirmar mi vocación e insistir y perseverar hasta ver este sueño hecho realidad. Hay que saber esperar y resistir. Te repito, tomé la iniciativa cuando se tuvo que tomar, persistí y resistí. El camino que abrí con esfuerzos, con servicio, con paciencia, con perseverancia, con resistencia hoy lo disfrutan otras mujeres como Gloria González Esquivel, lo cual me da mucho gusto y espero que lo sigan disfrutando muchas mujeres más.

Agradezco mucho en este proceso el acompañamiento, apoyo y oraciones de mis hijos Vania Sofía y Hésed Zabdiel, de mi esposo, Rubén Montelongo, de mis padres, Mario S. Lerín Gómez y Sarahí Cruz Gaytán, de mis hermanos, Sarahí, Azalea y Mario, de la Iglesia El Shadday, de las mujeres y varones presbiterianos y de otras confesiones que siempre me animaron a seguir adelante.

 

3. Ahora que seas ordenada, ¿cuál será tu perspectiva acerca del trabajo de las mujeres en la iglesia?

Creo que nada cambiará al ser ordenada con respecto al trabajo con las mujeres en la iglesia, pues sigo teniendo el mismo compromiso con ellas, y no por haber logrado ya la ordenación dejaré de trabajar por ellas. Mi compromiso es seguir recuperando la conciencia y dignidad de las mujeres. El trabajo es exhaustivo, desgastante, pero antes como ahora mi compromiso será no descansar hasta que cada niña, casa muchacha, cada mujer llamada por el Señor para ejercer algún ministerio tenga la certeza de que si Dios la llama puede ejercerlo con plenitud y libertad. La educación de niños y niñas será uno de mis compromisos, no quiero que los niños crezcan pensando que son mejores o más que las niñas, y tampoco quiero que las niñas crean esas ideas, específicamente, de que por ser mujeres, Dios no las llama a servir. Las mujeres hemos sufrido violencia durante siglos, por lo que seguiré trabajando en la prevención de esta violencia y en la pastoral con las mujeres violentadas.

 

4. ¿Qué teólogas o pensadoras te han acompañado durante estos años de búsqueda, reflexión y servicio?

Las mujeres que me han influido con su pensamiento son, entre otras, las biblistas y teólogas Elsa Tamez, Irene Foulkes, Ivone Gebara, Elisabeth Schüssler-Fiorenza, María José Arana, María van Doren, Carolyn Osiek, y algunas filósofas como Graciela Hierro y Marcela Lagarde.

 

5. ¿Cuál es tu visión de la situación que vive actualmente la INPM? ¿Qué podrías decir a las mujeres que continúan en su seno?

La situación actual para las mujeres de la INPM es complicada. La INPM es una institución jerarquizada, estructurada solamente por varones, por lo mismo, las mujeres nunca han tenido ningún tipo de representación ni de poder dentro de la INPM. La desigualdad que viven las mujeres en la INPM atenta contra la dignidad humana, contra sus derechos como mujeres, pero sobre todo contra la soberanía de Dios.

Cuando las mujeres despierten, la INPM cambiará, no hay que olvidar que muchas veces las mismas mujeres dentro de la INPM han estado en contra de la ordenación femenina, pues como dice Marcela Lagarde: “Hay cautivas felices”. Pero aun así recordemos que siempre que las mujeres se lo proponen pueden modificar la visión de la iglesia sobre sí misma, sobre sus estructuras; las mujeres no se deben conformar al sistema si éste se opone al Reino de Dios, pues les corresponde a las mujeres obedecer a Dios antes que a los hombres. Tienen mucho trabajo, no están solas, las acompañamos y apoyamos en todo, el Espíritu Santo está con ellas, tienen que estar comprometidas a trabajar por la justicia, se deben arriesgar incluso a la excomunión. No deben perder la fe, no deben perder la esperanza, pero deben propiciar un cambio, deben oponerse a las injusticias ante todo aquello que vaya en contra del Reino de Dios, no deben dejar de trabajar por él, pero siempre con dignidad. Deben exigir ser reconocidas y remuneradas en el servicio al cual Dios las ha llamado y, si esto no es posible, creo que, como nosotros deben salir de esta pseudo-iglesia, porque no se es Iglesia cuando se va en contra de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo.

 

6. ¿Hasta qué punto las orientaciones de las organizaciones reformadas y ecuménicas (AIPRAL, CLAI, CMIR, CMI) acerca de los ministerios femeninos ordenados han contribuido a transformar las mentalidades eclesiásticas?

Todos estos organismos apoyan los ministerios ordenados de las mujeres y la INPM siendo miembro de algunos de ellos no acata estas disposiciones. Es Ordenación pastoralcontradictorio que perteneciendo a estos organismos al mismo tiempo se oponga a ordenar mujeres; la INPM maneja una doble moral, ante el extranjero da una cara de apertura y hacia el interior es represiva. Sin embargo, estos organismos han contribuido a transformar las mentalidades en las bases, no en las cúpulas de poder, pero sí en el pueblo.

 

7. ¿Cuál piensas que será tu aportación a la naciente Comunión Mexicana de Iglesias Reformadas y Presbiterianas?

Ahora somos pioneros, con la esperanza en las manos tenemos la responsabilidad de llevar la justicia a toda la iglesia. Mi compromiso no es haber llegado, sino apenas partir, partir hacia un nuevo comienzo. Este evento marca la vida de las iglesias que iniciamos un nuevo camino, estamos preparando el presente y el futuro de nuestras comunidades, no somos como humanos la panacea a los vicios de las iglesias: ¡Dios nos guarde de serlo! “Maldito el hombre que confía en el hombre”, pero sí podemos dejarnos usar por el Espíritu que sopla fuerte, ser agentes de cambio al dejarnos usar con sabiduría por su voluntad. Mi aportación será seguir trabajando para que otras mujeres, que vienen detrás de mí, niñas, jóvenes, adultas que han sido llamadas por el Señor a los distintos ministerios logren el sueño que hoy yo veo realizado y puedan obedecer a este llamado sirviéndole plenamente.

8. ¿Consideras que era necesario el surgimiento de un nuevo organismo eclesiástico?

¡Claro! Era necesario desde hace décadas, pero nadie tomaba la iniciativa, por fin se ha roto con el cautiverio de la INPM, se rompió el odre viejo y ahora podemos guardar vino nuevo en odres nuevos, ha llegado el kairós a nuestra iglesia, hemos sido seducidos por el Evangelio del Reino de Dios. ¿Qué podríamos hacer en una iglesia que no lo vive? Como dice Joachim Jeremías: “El Espíritu de Jehová se ha extinguido” en la INPM, porque una iglesia que discrimina y que excluye no es la Iglesia del Señor, y Jesucristo no excluye a nadie. Tuvo que presentarse la crisis de la excomunión de mis compañeros para que se diera esta transformación, pero los resultados fueron buenos: Ahora formamos una nueva iglesia, una iglesia igualitaria, una iglesia donde cabremos todas y todos.

9. ¿Qué opinan tus hijos y tu esposo de la ordenación que recibirás? ¿Qué te han dicho ahora que por fin se acerca?

Una de las muchas razones por la que me he esforzado en este tiempo es porque las niñas como mi hija Vania Sofía y las siguientes generaciones de mujeres puedan participar plenamente de sus ministerios y ver a su mismo género gozando la igualdad. Mis hijos Vania y Hésed están muy contentos, están emocionados, esto es algo que de alguna manera afirma su confianza en el futuro, su fe en un Dios que puede obrar milagros, mover corazones y cambiar el rumbo de la historia, porque Él es el Señor de la historia.

Como lo mencioné antes, mis hijos y mi esposo me han acompañado con mucha paciencia durante este proceso ¡Imagínate! Vania tenía 4 años cuando inicié el proceso de exámenes. Ellos me han visto llorar, orar, luchar, levantar la cabeza, resistir y persistir. Han orado conmigo, me han animado cuando pensaba claudicar, y de alguna manera ven este logro como un triunfo propio. Están muy felices, están a la expectativa de lo que sucederá el domingo 28 y están convencidos de la igualdad entre hombre y mujer en la iglesia. Rubén ha defendido desde siempre los ministerios de las mujeres, él fue uno de los primeros que ordenó diaconisas en la Iglesia Peniel en enero de 1995. Por supuesto que él es de los más felices y contentos por este evento. Ha luchado conmigo para lograr esta ordenación, ha tratado de que sea justa y sobre todo ha sabido ser un compañero fiel en todo este tiempo, me ha apoyado, ha compartido mis cargas y me ha sostenido en la flaqueza, ha compartido la vida y ha cumplido sus tareas de padre y aun las mías para que yo pudiera estudiar y sacar adelante mis exámenes. Agradezco mucho a Dios por su gran amor y ternura.

10. ¿Qué mensaje darías a las mujeres que, como tú, estudiaron teología y no tenían la posibilidad de recibir la ordenación?

Otra iglesia es posible, nada hay imposible para Dios y para las que confiamos en él tampoco. Las puertas de esta nueva Comunión de Iglesias están abiertas para las que quieran ejercer su ministerio con dignidad. Las mujeres tenemos que tomar la iniciativa, correr riesgos, no conformarnos. Ante los cambios no podemos ser solamente observadoras, pues ahora quedará en ellas el dilema de seguir en una iglesia que no las valora, que las discrimina o moverse, hacer cambios, arriesgarse para lograr ejercer sus ministerios con plenitud. La ordenación de ministras que se llevará a cabo este domingo 28 de octubre les debe mostrar que su esfuerzo académico, sus sueños y anhelos, su vocación con la ayuda del Dios Padre y Madre se logran. Las animo a seguir luchando, a que no se dejen vencer por la tristeza y la desesperanza, a que insistan, resistan y actúen. Aquí las esperamos con los brazos abiertos.


[1] “Comadre” o “compadre”, es una expresión que se utiliza en algunos lugares para significar “amigo,amiga» o «compañero, compañera”

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