Posted On 07/11/2013 By In Cultura, Historia, Opinión With 1711 Views

Si Lutero levantara la cabeza…

Si el doctor Martinus Luther levantara la cabeza, seguro que antes que a la Dom berlinesa a dar gracias a Dios al pie de la estatua que le erigieron en la columna central izquierda del altar por el retorno a la tierra, se encaminaría derechito a la Kanzleramt a tener unas palabras con la señora Angela Dorothea Kasner, más conocida por el apellido de su primer marido, Merkel.

Luego en la Catedral tiempo tendría de dar gracias por el imponente avance, las espectaculares conquistas del Wohlstandstaates, el Estado del Bienestar, para acto seguido pedir perdón por los pecados de la Iglesia, como el de seguir sin apoyar la plena igualdad de la mujer en la sociedad, empezando por la conservación de su apellido natural la mujer casada.

Entraría con voz grave y paso firme en la Cancillería, lógicamente sin pedir audiencia; no en vano él, Martín Lutero, es el referente espiritual, teológico y eclesiástico-administrativo de cuantos párrocos, como su difunto padre Horst Kasner, vienen llevando desde hace cinco siglos junto al nombre de su oficio de pastores la advocación a su apellido: luteranos.

Continuemos con la ficción, pues si alguien hay que en este mundo de nuestros pecados –insignificantes, al lado de los de quienes están causando nuestra ruina colectiva–, esa persona no es otra que el Reformador Lutero.

Empezaría por recordarle que no es virtud evangélica y desde luego está en las antípodas de la Ética Protestante instalarse en el insulto y la descalificación de pueblos enteros, mofándose de sus ciudadanías, a las que se acusa de despilfarradores, vagos profesionales, etc. etc.

Le preguntaría dónde rayos tiene escondidos –si es que todavía los conserva–tempranos escritos suyos de importancia no menor con sus sermones gegen Zins und Wucher (contra el interés y la usura) o, ya en los últimos momentos de su vida, su obra Von Kauffshandlung und Wucher (“Sobre el comercio y la usura”).

Le haría saber lo que se dice en las distintas ediciones –bien es verdad que de circulación alarmantemente minoritaria– en las solapas del libro: el que Lutero “expone una visión profundamente crítica de las prácticas económicas del capitalismo naciente de su tiempo, a las que opone una ética radicalmente evangélica que pone en cuestión los fundamentos del capitalismo. Su crítica radical tiene una indudable pertinencia en nuestros tiempos de hipertrofia financiera”.

Leyéndole el pensamiento a la canciller, y antes de que le viniera con la cantinela de que “eran otros tiempos”, le refrescaría la memoria con un dato tremendamente actual como es la creciente extensión de la iniciativa Oikokredit de cooperativas de microcréditos como una oportunidad de desarrollo, iniciativa a la que no son ajenas comunidades de base de la Iglesia Evangélica Alemana. “Los mercados”, con la voracidad inmisericorde de su maquinaria especulativa… no son cosa del Evangelio.

La invitaría el próximo domingo a alguna de las iglesias en las que, cada vez con mayor frecuencia, se predican sermones Gegen die Gier in der Welt. Como suena: “Contra la codicia en el mundo”.

Publicado en Periodistas en Español.

Otros artículos del autor sobre Martín Lutero:
Aquellos dineros de la joven Angela Merkel (2013)
Lutero contra la usura (2013)
La manipulada sombra de Lutero (2012)
Cuatro cosas sobre la década de Lutero (2008)

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