“Sobre la exclusión ideológica de los poderes y la inclusión que nace del Reino de Dios”

 

                  “Por el camino venía un gemido amargo de esquilones rotos.

Era un sonido que hacía temblar a los judíos.

Había quienes corrían con sólo oírlo. Y todos aceleraban el paso.

Temían ver aparecer, de un momento a otro, aquellas piltrafas de hombre, que llamaban leproso. Oían sus gritos ‘Tamé, tamé’ (impuro, impuro),

y toda su piel de hombres y de cumplidores de la ley se ponía en estado de alerta” 

José Luis Martín Descalzo, “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret, Tomo II: El mensaje”

 El tema de la exclusión y de la inclusión social, política o cultural es un recurrente en la contingencia de las sociedades y es un fenómeno que se puede analizar desde diferentes perspectivas y disciplinas, tales como la sociología, la economía, la antropología y la teología. En nuestro desarrollo, queremos adentrarnos en la interpretación que la biblia  y la reflexión teológica hacen de ambos conceptos. Para ello, analizaremos el texto del encuentro de Jesús con el leproso (Mc 1,39-45), hermenéutica que desarrollaremos en tres apartados:

1. Situación del leproso antes del encuentro con Jesús: Exclusión en clave ideológica

2. Situación del leproso durante y después del encuentro con Jesús: Inclusión que nace del Reino de Dios

3. Situación de Jesús luego del encuentro con el leproso: Exclusión – inclusión en clave misionera y evangelizadora

1. Situación del leproso antes del encuentro con Jesús: Exclusión en clave ideológica.

Lo que debemos comprender en primer lugar es quién es el leproso. El leproso/leprosa, era para la sociedad judía el ‘muerto viviente’. Era un estropajo humano que por causa de su enfermedad era considerado un ptojoi, “es decir un sujeto incapaz de ganarse el sustento, ya sea por invalidez, por enfermedad, o por causas de otra índole. En definitiva los ptojoi representan a alguien que está imposibilitado de ingresar y mantenerse en el sistema judío o griego” (Carbullanca, 2011, p.51). La exclusión del leproso era una comprendida desde la ideología legalista de los grupos de poder, escribas y fariseos, representados en el relato marcano por la sinagoga y por la Ley de Moisés. Con esto, comprendemos en primera instancia que tanto la sinagoga (o también el mismo Templo de Jerusalén) así como la Ley, son instrumentos de legitimación de la marginación y exclusión sociocultural y política que son utilizada por un grupo minoritario en desmedro de un grupo más amplio. El leproso tenía su ‘centro vital’ en los lugares apartados, entre las tumbas de los cementerios y en los desiertos, esto en contraposición con el lugar de los grupos ideológicos que habitan la sinagoga, el templo y utilizan la Ley como instrumento de marginación.

La marginación que experimenta el leproso es una ideológica, la cual es definida como “el conjunto de ideas o representaciones que, como falsa conciencia, contribuyen a la dominación social” (Parker, 2006, p.14). La legitimación excluyente se expresa además desde la cultura y más específicamente del etnocentrismo, el cual expresa que cuando un grupo humano necesitar autodefinirse y autolegitimarse desde sus privilegios contenidos en esta ‘falsa conciencia’, se comprende como el centro  de toda medida con lo cual va sistemáticamente “rebajando a lo distinto, lo extranjero, lo Otro a la categoría de curioso, inferior e incluso peligroso” (Parker, 2006, p.12). El leproso es por tanto un peligro a causa de su impureza, contraída por un demonio, causas naturales o por la también ideología de la doctrina de la retribución que decía que el pecado de los padres se transmitía hasta siete generaciones posteriores.

2. Situación del leproso durante y después del encuentro con Jesús: Inclusión que nace del Reino de Dios

El relato del encuentro de Jesús con el leproso sigue con el diálogo que surge entre ambos. Es interesante notar que la ideología excluyente prohibía a un ‘sano’ interactuar con un ‘enfermo’, ya que el primero quedaba impuro siendo posteriormente excluido de la sociedad y de la sinagoga en virtud de la ley como elemento ideológicamente marginador. Jesús suprime la dimensión ideológica excluyente y entra al mundo el leproso, y decimos ‘entra a su mundo’ porque él siente compasión, es decir, pone su vida y su proyecto del Reino de Dios al servicio del marginado y excluido.

Con esto, el Reino de Dios y su mensaje asumen una función social la cual expresa a “Dios como promesa y utopía comunitaria de liberación y justicia. La esperanza en el Reino de Dios parte de una singular conciencia de opresión y de injusticia, pretende expresamente denunciar poderes históricos concretos y vincula inseparablemente la fe en la fidelidad de Dios con su intervención justiciera y liberadora” (Aguirre, 1994, p.141). La ‘singular conciencia de opresión y justicia’, curiosamente también se asume como una ideología, pero esta vez radica en un determinado conjunto de ideas que permite realizar una hermenéutica de la historia en la que se enfrenta el poder excluyente y el Reino de Dios inclusivo y protector de los ‘otros’, de los ‘distintos’.

La práctica inclusiva de Jesús se expresa posteriormente en la expresión que dirige al leproso “quiero, queda limpio”, o lo que es lo mismo ‘ya eres parte nuevamente de la sociedad que con medios ideológicos te terminó excluyendo, por lo tanto se consciente de que el Reino de Dios ha llegado’ (Cf. Mc 1,14-15). Esta práctica inclusiva nos hace comprender por tanto que Jesús actúa no desde el centro ideológico y santo de la religión farisaica, sino que vive en la periferia y es capaz de reinvertir la historia en pos de los marginados. Desde este nuevo centro que ahora es marginal, Jesús “anuncia el Reino, que no es lo que tenemos ahora, no es la Iglesia ni lo mejor de nuestra sociedad. Es algo que reclama violencia, que agita el corazón y nos mueve” (Reyes, 2008, p.327). 

3. Situación de Jesús luego del encuentro con el leproso: Exclusión – inclusión en clave misionera y evangelizadora 

El texto del encuentro con el leproso concluye con el mandato que Jesús dirige al primero de no contar a nadie lo que ha sucedido y además de ir a presentarse al sacerdote y dar la ofrenda que la ley mosaica prescribía para los que eran sanados de la lepra. Posteriormente a este diálogo, es interesante lo que dice el texto, a saber, Jesús ya no podía presentarse en lugares públicos y se mantenía en las afueras de la ciudad y de las sinagogas. Lo que quiere significar esto es que Jesús ahora experimenta la exclusión que vivía el leproso, y que nace de haberle tocado, dialogado con él y haberlo sanado. Por haber entrado en el mundo del leproso, Jesús es obligado a salir de los lugares públicos y dirigirse a los lugares de los ‘otros’, de los campesinos, de los pescadores, mujeres, niños, en fin, de todos los excluidos del mundo pagano. Exclusión que sin embargo evoca un imaginario teológico que hablará de la inclusión de estos mismos marginados.

La inclusión que se provoca en la praxis de Jesús es una que se fundamenta en la vivencia misionera y evangelizadora nacida del diálogo con el excluido. Esto se comprende como un “dejarse interrogar por la mirada a veces desesperada de tantas personas sufrientes y agonizantes es ponerse en una situación de límite radical donde no hay respuestas humanas, donde el lenguaje se ve confrontado con una notoria necesidad de silencio, donde no hay recetas universalmente válidas, donde no hay fórmulas mágicas, donde no hay planificación ni cálculos que valgan: ¡es orillar la frontera absoluta de la muerte y como parte inescindible del misterio de la vida! (Alonso, 2011, p.24)

Que en la praxis inclusiva de Jesús no hallan cálculos ni fórmulas mágicas, exige un doble desafío a las iglesias, una misión y una evangelización renovadas y que se deben posicionar en clave dinámica, compasiva y que deje de lado la traición ideológica de los poderosos que atacan a los marginados. Es por ello que las iglesias deben fatigarse para poder seguir a su Señor que cruza a la otra orilla en busca de los marginados, orillando la frontera de los ‘normales’ y atreviéndose a ir en la búsqueda de los pobres, de los enfermos, los locos, los ancianos, las mujeres, los niños, en fin, de las minorías que son puestas contra la pared producto de los instrumentos de legitimación de la exclusión. El Reino de Dios que irrumpe en la historia exige finalmente narrar esa misma historia de manera subversiva, es decir, desde los excluidos que son liberados y vueltos a colocar en la vida social, política, cultural y creyente.

Referencias:

–       Aguirre, R. (1994). La mesa compartida, Estudios del Nuevo Testamento desde las ciencias sociales. Sal Terrae: Santander.

–       Alonso, E. (2011). La mirada de lo invisible. Revista Mensaje, 602, 24-25.

–       Carbullanca, C. (2011). ¿Existe la mala suerte? Evangelización de los pobres en la cultura tecnológica. San Pablo: Santiago de Chile.

–       Parker, C. (2006). Cultura. Universidad Católica Silva Henríquez: Santiago de Chile.

–       Reyes, J. (2008). Signos de estos tiempos, interpretación teológica de nuestra época. Universidad Alberto Hurtado: Santiago de Chile

 

 

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Juan Pablo Espinosa Arce

Juan Pablo Espinosa Arce, es Licenciado en Educación con el Título de Profesor de Religión y Filosofía por la Universidad Católica del Maule, Talca-Chile. Autor de “El discernimiento como propuesta pedagógica: Diálogos entre Pedagogía y Teología a la luz del Misterio histórico de la Encarnación” (EAE, 2014) y de numerosos artículos sobre teología, pedagogía y pastoral.

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