Posted On 25/06/2014 By In Opinión With 892 Views

Teología y el mundial

Reflexiones de vida en torno al mundial de fútbol en Brasil

«Si me muero, quiero volver a nacer y quiero ser futbolista.

Y quiero volver a ser Diego Armando Maradona.

Soy un jugador que le ha dado alegría a la gente y

con eso me basta y me sobra» (Maradona, 1992)

No hay sitz im leben (situación vital) que se oculte para reflexionar teológicamente, mucho más cuando estamos ante un acontecimiento que lleva la definición de “mundial” aunque no jueguen todos los equipos del mundo, sino sólo los que han sido calificados para tal estatus. En ese sentido, igual que la primera o segunda guerra, aunque sólo participaron algunos países, se nos dijo que eran “mundiales”, en el fútbol también nos encontramos con estas contradicciones e intereses.

Lo cierto es que  se está celebrando el mundial Brasil 2014 y ¡viva la fiesta! Y si el fútbol es otra forma de religión, entonces que el Papa Francisco, que ha confesado ser hincha del San Lorenzo, sea “el primero en tirar la piedra”, y mucho más cuando el Sur vuelve a ser noticia al convertirse en  centro del ecumenismo deportivo que, según nos dicen, mueve pasiones, que incluyen las de los manifestantes y actores sociales en Brasil que denuncian el excesivo gasto en la inversión del mundial ante realidades latentes de necesidades humanas insatisfechas por parte de la población. Sin embargo, ¿Acaso esto solo pasa por estos lados del Sur, si tenemos en cuenta que la propia España,  sumida en su crisis económica, ve cada fin de semana a equipos de fútbol que invierten una fortuna en la compra de jugadores de “talla mundial”, mientras la FIFA se convierte en una nueva transnacional?

Pero sin abandonar el juego, permítanme hacer unos breves ejercicios tácticos de los juegos y resultados obtenidos en este mundial con algunas reflexiones derivadas de la cancha, y aunque corran el riesgo de ser consideradas como fuera de juego (offside), ¡Ahí vamos!

El juego da nuevas oportunidades y simpáticas revanchas

Y lo sabe muy bien Holanda y lo interpreta bien España. No entraré en el lugar común de exaltar a los triunfadores y masacrar a los perdedores; el juego trae esas implicaciones y posibilidades: ganar, perder, empatar. La vida, como un juego nos brinda sus diversos rostros, aunque lamentablemente hay ciertos rostros que nos gustan más y quisiéramos verlos siempre: ganar y vencer. Pero son los otros rostros, los de la derrota los que sirven para replantear, aprender y hacer cambios tácticos necesarios en la vida. Gracias Holanda y España por  darnos esta lección. En la vida pasamos por diversos tragos de distintos sabores, donde los dulces nos encantan y los amargos nos enseñan.

El David que vence a Goliat

Como en  una nueva versión bíblica contemporánea, Costa Rica frente a Uruguay lo ilustró todo. Cuando todos daban por victorioso al gigante, sin saber cómo, el pequeño sorprendió y lo derrotó. Sin embargo lo “Goliat” en nuestras sociedades tiene la preeminencia, y le rendimos culto a todo lo lleno de grandeza y poderío. Lo grande determina la concepción de éxito, una iglesia grande en su membresía es exitosa ante una iglesia con pocos miembros. Aunque el evangelio nos dejó la lección magistral del “poderío de lo pequeño” (Mt 18,1-5, 1Co 1,27-29), nuestra arrogancia sigue menospreciando lo pequeño. ¡Bravo Costa Rica! porque venciste a dos gigantes e hiciste real, concreto, aquí y ahora, el “sí se puede” frente a los discursos del “no se puede”.

La presión y las expectativas que no convencen

El juego del anfitrión Brasil no logra calmar las expectativas de los grandes equipos brasileños que se vieron en otros mundiales. Sin figuras como Pelé, Romario, Bebeto, Ronaldo y otros, este es un Brasil distinto del que no se puede predecir su trayectoria en el mundial.

El fantasma que enfrenta la selección verde amarela de no estar entre los finalistas quedaría para la historia como la selección que no supo llenar las expectativas siendo anfitriona; no quisiera estar en los zapatos de su técnico. La “presión es fuerte” en esta vida, por algo el alto índice de estrés en las poblaciones que crecen y se desarrollan se hace evidente. Pero, ¿Cómo enfrentar el hecho de que lo que tienes y ofreces no logra convencer a los demás? ¿Quiénes están mal y quienes bien, los que presionan o los presionados? He aquí el gran dilema: ser o no ser, tener o no tener. En la vida hay que aprender a convivir con la presión y las expectativas, pero sobre todo con  honestidad y conciencia de nuestras limitaciones: esto es lo que somos hoy y lo que podemos dar hoy, aunque la prensa no lo entienda. Veremos qué pasa con Brasil.

Como un balde de agua fría

Fue el resultado del partido entre Ecuador y Suiza, pues cuando todos esperábamos una victoria o por lo menos un empate, en los últimos minutos vino el gol y la pérdida del equipo tricolor. En esta experiencia los sentimientos se levantan como una serie de convulsiones que difícilmente se logran controlar: tristeza, pesar, lamento, frustración, enojo, coraje, indignación. Sentimientos que nos llevan a actitudes: búsqueda de culpables, no ver más a la selección, apoyar a otros equipos.

Una de las cosas más difícil frente a la vida es recuperarnos después de recibir “un balde de agua fría”, porque requiere una gran capacidad de fuerza emocional para seguir adelante superando el tropiezo. Aquí nos vendría bien el análisis de Don GianniVattimo y su filosofía del “pensamiento débil” y el “pensamiento fuerte”. Algunos lo llaman resiliencia, la capacidad para sacar recursos que desconocemos pero que están ahí. Todos y todas, incluyendo nuestra selección, podemos levantarnos y seguir adelante frente a los tropiezos. ¡Arriba la Tricolor!

Vino nuevo en recipientes nuevos

Lo demostró Chile eliminando al anterior campeón del mundo. Chile no solo cambió de jugadores en su proceso de renovación, sino que también cambio de técnico que representa un nuevo sistema. Los expertos consideran que el sistema y los jugadores de España están agotados, eso el tiempo lo dirá, pero evidentemente una fue la España de hace cuatro años y otra la España de hoy, pero con los mismos jugadores y el mismo técnico, frente a una selección chilena que, después de sus crisis fue capaz de comenzar de nuevo, no buscar parches y remiendos, sino rehacer las cosas. Habrá cosas en la vida que son posibles conjugar con ajustes y retoques, pero otras definitivamente  nos exigen el único camino de rehacer de nuevo, empezar desde cero. Los latinoamericanos y latinoamericanas sabemos bien eso, empezar de nuevo. ¡Bien por Chi-chi le-le!

Alegría por la paz

Los triunfos de Colombia ofrecen a su pueblo alegría y esperanza, cuando aún no se concluyen los diálogos para el establecimiento de la paz. Un país con tanto azote de inseguridad y guerrillas recibe el triunfo de su selección como signo optimismo. Los cafeteros ganan y gana toda Colombia, toda Sudamérica y gana todo el mundo superando las barbaries de la violencia que tan cotidianas en nuestros pueblos. Ver ganar a  Colombia con un juego de alegría y lucha se transforma en metáfora para la vida de millones de ciudadanos en el mundo que se resisten a aceptar la violencia, el uso de las armas, las imposiciones de Gobiernos extranjeros como las únicas alternativas para la convivencia humana. Hay otras formas: las de ser equipo, las de trabajar por un mismo objetivo, las de unirnos en la diversidad pluricultural y lograr la comprensión a través de la interculturalidad. Es posible la paz, pero exige la superación de todo desequilibrio de poder y ponerse la camiseta haciendo un gran equipo que juegue a favor de la paz. ¡Vamos Colombia!

Entrando a los octavos de final, el saldo se muestra a favor de los pequeños equipos sudamericanos y centroamericanos, frente a las grandes potencias de tradición en esta disciplina. No apuesto por un antagonismos de los fuertes sobre los débiles que ahora se emancipan para cambiar el orden, eso sería estar en lo mismo, el mismo perro con diferente hueso. Apuesto por  un discernimiento de los tiempos, donde es necesario renunciar a toda prepotencia y complejo de inferioridad e interpretarnos como protagonistas y actores de nuestra historia, de una nueva historia como la que nos ilustran varias selecciones de fútbol en este mundial, capaces de hacer nuevas historias en un nuevo tiempo.

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