Posted On 12/07/2013 By In Opinión With 1125 Views

Un sencillo cuentito

La vida es un carnaval dice una canción y en carnaval salen a pasear las máscaras.

Con una máscara es posible cambiar la identidad, un joven puede ser un viejo, un viejo un adolescente, un rostro serio se transforma  en uno lleno de risas.

La máscara disimula, oculta, esconde y hace ver lo que no es, cambiando lo que es.

En este momento se me ocurre un cuentito.

“Un día la mentira se puso una máscara y se convirtió en veracidad, salió a bailar con el engaño disfrazado de confianza, la deshonestidad de honestidad, andaba también  por allí la hipocresía con máscara de rectitud y corrección. 

En un momento inesperado sucedió lo imprevisto cuando alguien, era una dama,  apareció en el carnaval con una gran tijera y comenzó diestramente a cortar los hilos de las mascarás que cayeron una tras otra dejando ver los rostros tal cual eran. 

Los desenmascarados, ahora descubiertos, primero quedaron como paralizados y sorprendidos para luego  comenzar a perseguir  a quien usaba con tanta destreza la tijera, pero no pudieron detener a la extraña e inoportuna dama, había encontrado refugio en un seguro lugar. Cuando alguien que la ayudó  le preguntó  su nombre dijo “soy la Verdad”.

A buen entendedor pocas palabras bastan pero, como a mi mismo me sucede,  no soy buen entendedor, sigo un  poquito más.

Un comentarista escribe desde París “Un momento tan exquisito de hipocresía, cinismo, sumisión, violación del Derecho Internacional, abuso de poder tecnológico y paternalismo occidental merece un lugar destacado en la historia humana” para  luego relatar los hechos que motivaron la prohibición al avión del Presidente Evo Morales seguir su viaje sin dificultades hacia su país.

¿Qué había pasado?  La Verdad había cortado el hilo de la máscara del poderoso,  correcto, responsable y serio país que espiaba a otros del otro lado del mar mediante su avanzado sistema Prism utilizado por su inteligente Agencia de Seguridad. Todas las máscaras cayeron dejando ver, además, la sumisión de avanzados  países que ahora no saben cómo explicar lo sucedido, peor aún, ellos han estado haciendo lo mismo.

Tengamos cuidado, porque como dice Le Monde, todas nuestras comunicaciones están siendo espiadas.

Mientras tanto Edgard Snowden permanece en el aeropuerto de Moscú cuidando su tijera mientras prepara su viaje a Venezuela que acaba de darle asilo.

Todo me recuerda aquella canción que tan bien cantaba el francés Guy Beag, más o menos se escribe así, “El primero que diga la Verdad debe ser ejecutado”.

No pretendo que este cuentito sea leído por Bradley Manning, el soldado estadounidense acusado de haber desenmascarado el mayor número de documentos de la historia militar de Estados Unidos, documentación que fue a dar a manos de Julián Assange que, con su tijera, cortó el hilo de la máscara del FBI y ahora resguarda su vida en la Embajada de Ecuador en Londres.

Cuidado muchachos, la Verdad anda suelta cortando muchos hilos.

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