Posted On 15/05/2014 By In Opinión With 1801 Views

Una avellana de nada

“Y me mostró algo pequeño, del tamaño de una avellana, que parecía descansar sobre la palma de mi mano, tan redonda como una pequeña bolita. Intenté entender lo que estaba viendo, preguntándome qué podría querer decir. Y vino la respuesta: ‘Esto es todo lo que ha sido hecho’. Sentí que era tan pequeño que podría fácilmente desvanecerse, volverse nada; pero una vez mas volví a escuchar que me decía: ‘Esto dura y seguirá durando por siempre porque Dios lo ama. Y así es con todo ser que Dios ama’”.

Esto es parte de la primera visión de Julian de Norwich, aquella mística cristiana inglesa de los siglos XIV y XV. La visión me choca. Ver comprimido todo lo que ha sido hecho al tamaño de una avellana me sorprende. Sobre todo pensar que si expandiéramos esta avellana para formar de nuevo toda la creación, las galaxias, las estrellas, incluso la mesa sobre la que escribo, la mayor parte de todo ello sería puro vacío, nada. Algo que la ciencia confirma: los átomos son más del 99% espacio vacío, nada. No nos lo parece, claro. Esta mesa parece sólida y sobre ella me apoyo sin miedo a atravesarla en cualquier momento.

Así construimos también nuestra vida, sobre la nada, y andamos por ella como si todo lo construido fuese estable, seguro, sin peligro de desvanecerse. La damos significado, ponemos todas nuestras esperanzas sobre ella, la ponemos en el centro de nuestras fantasías. Es una nada peculiar, con el poder de dar cuerpo a nuestros sueños, de volverse no solamente algo, sino ese Algo que estábamos buscando, el Algo que da sentido a nuestra vida. Slavoj Zizek se refiere a este Algo cuando escribe sobre la Coca-Cola light descafeinada. ¿Cómo es posible que esta bebida sin nutrientes, sin calorías, sin cafeína, incluso sin capacidad para quitar la sed, se haya convertido en una de las bebidas más vendidas? Es gracias a la posición que ocupa en nuestra vida, como “pura apariencia, la promesa artificial de una sustancia que nunca se materializa”. En este caso, como dice Zizek, “bebemos nada disfrazado de algo”.

Y así en la vida también. Bebemos nada, aunque creemos beber algo. Y nos convencemos de que quizá sea el siguiente sorbo el que nos traiga satisfacción plena. ¡Un sorbito más, que casi estamos! Y así, sorbito a sorbito, seguimos bebiendo y viviendo, pero esa satisfacción prometida no llega. Y en esta espera, a veces desesperamos. Sobre todo en estos tiempos en los que el sistema capitalista nos ofrece numerosas nadas, cada una ‘mejor’ que la anterior, bajo la promesa de que el nuevo sorbo nos aportará aquello que buscábamos realmente en el anterior.

En nuestra desesperación la oración de Julian en respuesta a su visión de la avellana nos ofrece un Algo distinto: “Dios, de tu bondad, dame de ti; porque tú eres suficiente para mí”.

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