Posted On 04/04/2014 By In Cultura, Opinión With 1219 Views

¿Una gláznot de la Iglesia Católica? ¿Cómo funciona? ¿Hasta dónde llegará?

(Publicado el 21 de marzo 2014 en Diversa, Red de Estudios de la Diversidad Religiosa en la Argentina http://www.diversidadreligiosa.com.ar/blog/?p=1331)

Palabras preliminares. De pronto tuve un insight y pensé que el fenómeno activado por el papa Francisco se parece un poco a la Gláznot (en ruso: apertura, transparencia, franqueza, según Wikipedia),  esto es, la política que empujó Mijaíl Gorbachov entre 1985 y 1991. Así  sucedió cuando yo había escrito en borrador lo que sigue ahora “pasado en limpio”.

Iré entonces a mi texto. Después haré una pasada final por la Gláznot.

El territorio donde se para Francisco. Tenemos dos opciones para hablar del tema de Francisco Sumo Pontífice Romano en su primer aniversario en el cargo (¡qué hermoso empleo le tocó providencialmente a este hombre!). Uno es el camino edulcorado y simplista, que nadie más o menos avezado en el análisis de fenómenos sociales ha de tomar. Y el otro es el camino realista y crudo que lleva en consideración varias dimensiones. Si aceptamos esta última posición (seguramente todos nosotros lo hacemos) debemos asentarnos en el supuesto de que la Iglesia Católica Apostólica Romana (ICAR)  es una iglesia pero también un Estado altamente complejo (con fuerzas internas capaces de contraponerse, formando lo que teoricé como un modelo analítico de “campo de fuerzas”, en el libro “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina”)[1]. En segundo término (¿en segundo?) la ICAR es un actor geopolítico y siempre lo fue desde Constantino en adelante, pasando por las Cruzadas y la Conquista de América, y las empatías con el Sindicato Solidaridad en Polonia, y en muchos otros eventos. Más atrás todavía, y en tercer término, debemos reconocer que el cristianismo desde sus orígenes tuvo un valor político. Jesús subvertía un orden teocrático injusto e hipócrita y por eso lo mataron, por las consecuencias prácticas de su teología y su ejemplo (expulsó del templo a latigazos a los cambistas de moneda y vendedores de animalitos para los sacrificios en los actos que reunían a los judíos de la diáspora de entonces y gritó, supongo que gritó, “Mi casa es casa de oración”).

Dicho esto volvemos ahora al punto de origen. El Vaticano y la iglesia como bastión (dicho vagamente, pues no quiero detenerme en una discusión de palabras pero sí de hechos), como “bastión de la cultura de Occidente”, se encuentra bajo el asedio de varias dinámicas: (a) el avance internacional del fundamentalismo islámico que justifica el uso de la violencia y no acepta el cristianismo ni el judaísmo; (b) el avance al interior de Occidente (nuevamente sin entrar en mayores definiciones) de una cultura decidida por muchos de sus actores, a no aceptar los códigos bioéticos y matrimoniales de la ICAR; (c) el avance de ateístas militantes y secularistas radicales, de los que tal vez Francisco estaría diferenciando a los ateos buenos (o buenitos), los marxistas buenos, así como los musulmanes buenos; (d) el desprestigio derivado del conocimiento público de la corrupción sexual con respecto a las normas de la ICAR y también económica, de los actores del clero y sus episcopales, lo que en última instancia nos dirige al tema de la violación de convenios que son sagrados para la fe católica, como el celibato y desde luego el “no robarás”; (e) la perseverancia retardataria de grupos integristas reaccionarios dentro de la iglesia y de opositores en las sombras del entramado institucional del Vaticano; (f) el avance, hoy discutible tal vez en cuanto a su fuerza real, del proselitismo de las iglesias evangélicas de alcance popular y otras espiritualidades más o menos institucionalizadas o capaces simplemente de oír angustias y brindar respuestas con un estoc propio de bienes simbólicos que logran una buena resonancia con la cultura de cada segmento social alcanzado.

En ese territorio se para Francisco.

Logros de la gestión. Llegados a este punto podemos reconocer en la gestión de Francisco una estrategia muy amplia y que en cierto punto es marcadamente evangélica. La podríamos desagregar en los siguientes ítems:

1. La reordenación y la limpieza del funcionamiento de la iglesia y su aparato financiero, apuntando a la moral y la eficacia pastoral.

2. El reconocimiento público (en la medida de lo posible…) de las corruptelas, bajezas e infamias de elementos del clero, que en la sociedad actual en red, por otra parte, son difíciles de ocultar, y que grupos sociales adversos a la iglesia insisten en hacen públicas, a la par que en la misma dirección se mueven las agencias de la ONU que piden algo más que arrepentimientos, es decir: los nombres de los culpables, y eventualmente su entrega a la justicia[2].

3. La moderación, discreta para no contradecir teologemas básicos de la iglesia, del énfasis sobre normas de rigorismo ético en relación con los gays, los divorciados y las mujeres, abriendo un espacio tal vez a la moderación del celibato con la posibilidad de la ordenación de hombres casados y con familia.

4. La colocación del énfasis, en cambio, en el tema de la pobreza y la injusticia, que constituye en realidad el núcleo de  los Evangelios y la actuación pública de Jesús contra un orden (La Ley, “el mundo”) basado en formalismos e hipocresía (“sepulcros blanqueados”). Esto por otra parte, ya en la escena política internacional,  contribuye  a la eliminación de un factor de conflictos políticos que pueden resultar violentos, construyendo el aporte desde una óptica alternativa a la del marxismo, que puede hacernos evocar, y no sé si es correcto, el manual de la Tercera Posición, ni yanquis ni marxistas, del peronismo de mediados del siglo XX, del que Francisco fue un cercano testigo. Esta construcción alternativa, tiene tangencias con la Teología de la Liberación pero no con el análisis marxista que se hallaba presente en algunos de sus conceptos. En cambio toma por un nuevo camino, notoria ahora al menos en el ámbito de la Argentina, con la “Teología del Pueblo”.

5. La formación de una “neoecumene monoteísta” (me atribuyo la invención del término en una conferencia que ya está posteada en Diversa, “La religión como encuadre de la política”), de cristianos, judíos y musulmanes. Pero al decir cristianos,  debemos reconocer aquí que se trata básicamente de católicos y muy cercanos a las Conferencias Episcopales y a los departamentos especializados del Vaticano, de un modo por lo menos muy perceptible así en la Argentina. Se trataría de una neocumene capaz de aislar a los fundamentalismos, frenar su avance hacia Occidente y dentro de Occidente, y colaborar con el sostenimiento de la paz a través de la eliminación de conflictos armados que de tener lugar lo tendrían como guerras principalmente en el Medio Oriente, y en Occidente con acciones terroristas. Aquí deseo hacer notar, y aportar en refuerzo de mis argumentos, que de esta neocumene y su inserción en el corazón del Vaticano, llevo escritos dos artículos sobre encuentros de espiritualidad entre católicos y evangélicos en el Luna Park de Buenos Aires, alrededor de una “afinidad electiva”, para decirlo en términos de sociología weberiana,  posada sobre la renovación carismática, ambos disponibles en Lupa Protestante, Revista Cristiana de Telogía, Cultura y Opinión (Barcelona, Cataluña, España)[3].

6. La puesta en acción de un carisma personal del papa, un carisma en el sentido más sociológico del término, que rompe con la tradición de tipo monárquico absolutista,  la de la última monarquía basada en el don de DIOS, cuyo representante en la tierra era llevado sentado en un palanquín como un rey anterior a la Revolución Francesa, como un Faraón Egipcio o un César romano, hasta hace cinco décadas atrás. Francisco no se asume rey y ni siquiera (esto lo digo yo muy personalmente) como el vicario de Cristo imbuido de súper-poderes. Se rodea de asesores y parece más el líder de una democracia con rasgos híbridos de democracia burguesa y democracia populista, lo que no es un mal puente de comunicación con la cultura de países de fuerte influencia católica (América Latina), grandes masas de pobres carentes de poder ciudadano y la espera mesiánica de líderes salvadores y conductores. En este punto, el Francisco que  a los pobres de las “villas” (las “villas-miseria” del Conurbano Bonaerense y Ciudad Autónoma de Buenos Aires), les habla desde la televisión diciéndoles “recen por mí”, hace evocar quizás, en las mentes algo entrenadas en el pensamiento cristiano, al “cordero de Dios”.  Tal vez esa última hipótesis resulte un poco insolente pero no quise dejar de expresarla. Y junto a su preocupación por los pobres coloca la preocupación por los presos, los viejos “de descarte”, y la crítica del consumismo y la situación de “vacío” de los jóvenes.

7. La moderación del énfasis en la cita de textos del Magisterio de la Iglesia y filósofos de la antigüedad clásica greco-latina, y un énfasis en anécdotas y conceptos de Jesús provenientes de los Evangelios, y otros relatos del Antiguo Testamento. Este formato retórico lo acerca más a una perspectiva bíblica y evangélica, que puede crear empatía con simpatizantes de otros cultos, sobre todo de origen protestante.

¿Hasta dónde irá todo? Llegados aquí tiene un muy buen ingreso, en mi opinión, la pregunta que Fabián Flores incluye en una contribución acerca de Francisco, el viernes 14 de marzo de 2014, en nuestra Red de Estudios de la Diversidad Religiosa en la Argentina (www.diversidad.com) luego de haber recuperado un enunciado escéptico de Pablo Semán. Fabián dice:

Como bien expresó Pablo Semán[4]: “la expectativa de un Papa ‘progre’, hay que decirlo, es un espejismo de ateos”, sin embargo en este año cargado de ambivalencias, prefiero al Francisco que propone repensar la comunión para los divorciados, que al Bergoglio de “la guerra de Dios” contra el matrimonio igualitario. El interrogante es cuál de los dos es el que podrá, querrá, deberá, llevar adelante las reformas que se proponen. (El resaltado es mío).

Creo que estamos en el comienzo de un ciclo, en el sentido sociológico de lo que significa un ciclo de acción social, que por consiguiente pasará por fases. Y es válido suponer que surgirán barreras o que barreras ya existentes lograrán ciertos niveles de éxito.

Alcanzado este estado de la cuestión,  quiero apoyarme en la sagacidad de Slavoj Zizek, porque nos permitirá algunas extensiones analíticas. En su artículo titulado “Las promesas sin cumplir de Mandela”, originalmente publicado en The Guardian y reproducido en la Argentina el 4 de enero de este año 2014[5], escrito con motivo del reciente fallecimiento del líder sudafricano que llegó a deflagrar un evento de impacto público hasta cierto punto tangente con rasgos del significado público del papa Francisco, Slavoj coloca reflexiones de un caso que bien podría servirnos para un análisis sociológico comparativo. En su texto hay una cantidad de hipótesis y teoremas notables que derivan en un escepticismo básico hacia la posibilidad de alterar el orden global del poder, aunque admite que son posibles reencauzamientos parciales. Una frase que suena clave en el discurso de Slavoj dice: “su gloria universal es también un indicio de que en realidad no perturbó el orden global del poder”. Quizás atribuible también al caso de la “Madre Teresa de Calcuta”, llorada hasta por aristócratas y nobles. Pero el artículo de Slavoj dice mucho más que esto en sus reflexiones sobre qué es posible en materia de cambio social, economía, libertad y dominación,  y aquí no  es adecuado extendernos. Confío en que los interesados en el tema podrán encontrar el texto.

Más duro, terminante y radical, en cambio, es Elio Masferrer Kahn, antropólogo mexicano, en su artículo titulado “Cambió la música pero no la letra”, en el diario El Universal, México DF, 13 de marzo 2014. Una frase clave dice textualmente: Bergoglio no afectará los intereses de los sectores conservadores, estos ya “le tomaron la medida”. En lenguaje argentino callejero se dice “ya lo tienen junado”. Sin embargo hacia los finales del texto, Masferrer Kahn pinta un escenario mayormente de ambigüedades en la gestión actual del Vaticano y deja una pregunta en vez de la afirmación fatalista. Textualmente, dice: ¿Cuánto durará esta ambigüedad? De ello depende el futuro de la Iglesia Católica.

Es admisible pensar que el tema de la ambigüedad podrá influir sobre el futuro demográfico de la Iglesia Católica. Pero corresponde asumir sin embargo que el tema es más complejo y el futuro institucional y organizacional depende también del estatus de la iglesia, mejor dicho del comando de la iglesia, como actor geopolítico cuya influencia ha sido y es útil también para otros actores geopolíticos.

Postreras precisiones. En este artículo fue mencionada desde el comienzo la Gláznot, en sentido metafórico. A rigor debió ser mencionada también la Perestroika. Evité hacerlo porque el sonido de la palabra no entona con el sonido de las otras palabras a su alrededor, provenientes del idioma español. Pero conviene dar cuenta del significado de los vocablos, gracias en este caso a la noble fuente Wikipedia. Junto a la Gláznot que se preocupaba por la libertad y la libertad del periodismo frente al gobierno, la Perestroika se ocupaba de la re-estructuración económica de la Unión Soviética. A rigor, si es posible admitir que en el Vaticano hay una “reingeniería organizacional, institucional y financiera”, entonces, al apelar metafóricamente a la Gláznot, lo más correcto sería incluir también metafóricamente la Perestroika. Este fenómeno situado en dos carriles desencadenó también una movilización contrapuesta de intereses y conceptos en el seno del sistema.


[1] WYNARCZYK Hilario. 2009. Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina. 1980-2001.  Buenos Aires: UNSAM Edita, Sello Editorial de la Universidad Nacional de San Martín. 392 páginas. Para campo de fuerzas, páginas 16-20. Para comprender el uso del concepto, puede notarse que a partir del mismo el libro expone la taxonomía diacrónica del campo religioso evangélico en la Argentina, páginas 39-67, y hace aparecer los posteriores estados de “tensión del sistema” frente a desafíos como el de comunismo/liberalismo y códigos de bioética y matrimonio igualitario.

[2] Desde el punto de vista bíblico, todo esto es algo muy serio. Jesús entre otras referencias a los niños, según los Evangelios, dijo estas cosas: «Dejad a los niños que vengan a mí, porque de los que son como estos es el Reino de los Cielos. Después, les impuso las manos, y se fue de allí» (Mateo 1: 14). «Y abrazaba a los niños, y los bendecía imponiendo las manos sobre ellos» (Marcos 10; 16). Y habló especialmente del escándalo que afecta a los pequeños y a los creyentes en Mateo capítulo 18.

[3] WYNARCZYK Hilario. 2013 (11 de octubre) “Encuentros inter-religiosos en el Luna Park. Datos y reflexiones (Parte 1)”. Lupa Protestante – Revista cristiana de teología, cultura y opinión (de Cataluña, España). En línea: http://www.lupaprotestante.com/blog/encuentros-inter-religiosos-en-el-luna-park-datos-y-reflexiones-parte-1/

WYNARCZYK Hilario. 2013 (16 de octubre). “Encuentros inter-religiosos en el Luna Park. Datos y reflexiones (Parte 2)”. Lupa Protestante – Revista cristiana de teología, cultura y opinión (de Cataluña, España). En línea: http://www.lupaprotestante.com/blog/encuentros-inter-religiosos-en-el-luna-park-datos-y-reflexiones-parte-2/

[4] SEMÁN Pablo. 2013, abril. “El conservadurismo activo de Francisco. Los límites de la reforma”.  Buenos Aires: Le Monde Diplomatique. Edición 166 (abril). En línea:  http://www.eldiplo.org/archivo/166-de-chavez-a-francisco/el-conservadurismo-activo-de-francisco/. No hemos avanzado sobre ese texto de consulta valiosa. Igualmente con otro notable aporte, de ESQUIVEL Juan Cruz. 2014, febrero. “Francisco en el Vaticano”. Buenos Aires: Le Monde Diplomatique. Pp. 4-5. El artículo de Esquivel forma parte de un dossier.

[5] ZIZEK Slavoj. 2014 (1 de enero). “Las promesas sin cumplir de Mandela”. Ñ, Revista de Cultura, Nro. 536, p. 7. Buenos Aires: editorial del Diario Clarín.

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