A menudo se critica a los no creyentes por no poseer una moralidad suficientemente desarrollada y asentada sobre pilares firmes y absolutos. A menudo se utilizan términos como “relativista” para referirse a los ateos, como si por el hecho de no aceptar las enseñanzas de la Biblia carecieran de un sistema lógico de acción. Y de igual modo, a menudo encontramos a muchos cristianos sobre pedestales morales proclamando lo que hay o no hay que hacer basando sus opiniones en textos tomados (más o menos aleatoriamente) de las Escrituras, como si dichas Escrituras ofrecieran un sistema moral completamente racional y lógico que cualquier ser humano puede seguir hoy.
Sospecho que la razón por la que muchos cristianos dan ese salto “lógico” (de “no creo en la Biblia” a “no tengo moral en absoluto”) es que cuando hablan con algunos no creyentes encuentran que estos no creyentes, o bien no saben sobre qué base ideológica apoyar la moralidad por medio de la cual viven, o bien ofrecen una base que suena demasiado relativa a los oídos cristianos. Al preguntarles a veces escuchan cosas como: “Sé que no es bueno matarnos unos a otros, pero no tengo ningún texto sagrado sobre el que apoyarme”, “preferiría que no hubiera abusos sexuales, pero no tengo un sistema lógico en el que basar ese sentimiento”, “estoy a favor de que todas las personas compartan los mismos derechos humanos, aunque solo sea porque eso es lo que me parece más justo”, etc… Todas estas frases chirrían en los oídos de algunos cristianos porque suenan demasiado relativistas. Según ellos, si no tienes un sistema lógico sobre el que apoyarte, un sistema que sirva para fundamentar esos preceptos morales y que nos asegure que dichos preceptos no van a cambiar cuando cambie la moda, la cultura, o los sentimientos de la sociedad, entonces eres un relativista cuya opinión depende del momento y la sociedad en la que vives, lo cual implica que no tienes derecho a decir a otra persona que su moral no es adecuada porque, como implica la palabra “relativista”, todo es relativo, todo vale.
Pero es evidente que todo no vale, y que esa forma de argumentar está basada en un error. Tener un sistema moral completamente racional y lógico que no falle en absoluto independientemente de las circunstancias en las que se aplique es una idea que ha fascinado a la humanidad, creyentes y no creyentes por igual, pero que nadie ha conseguido. Ni los cristianos, ni los musulmanes, ni los budistas, ni los humanistas, ni los ateos, han conseguido un sistema moral perfecto que no falle nunca, y no por no haberlo intentado. Ni siquiera dentro de un mismo grupo hemos encontrado que no hubiera discrepancias entre sus miembros: sin ir más lejos, los cristianos han desarrollado hasta el día de hoy innumerables sistemas morales, algunos enfrentados entre sí, y en todos ellos se han encontrado faltas. Es normal hasta cierto punto que algunos cristianos hoy día crean haber encontrado la llave hermenéutica que les ayuda a resolver todos los problemas éticos que encontramos en la sociedad. En cada generación ocurre lo mismo y surgen varios grupos de cristianos que creen haber alcanzado ese sistema perfecto de respuestas éticas divinas. Eso sí, hasta que la generación siguiente demuestra que el sistema que creían infalible ha resultado ser, después de todo, más falible de lo esperado.
Sin embargo, no por esta falta de sistema moral perfecto se va acusando por ahí a los cristianos de ser relativistas. Al contrario, en cada generación los propios cristianos consideran que su sistema moral es exactamente eso, un sistema moral que ofrece un camino absoluto a seguir ante situaciones complejas. Y de la misma forma que dichos sistemas van cambiando conforme vamos aprendiendo de los errores que cometemos, pues igualmente ocurre con los sistemas morales de los demás grupos sociales, ya sean creyentes de otras religiones o no creyentes. Todos coincidimos en algunos puntos y discrepamos en otros. Todos tenemos nuestras razones para elegir un sistema moral determinado, y aunque unas suenen más relativas que otras, al final resulta que a menudo la única manera que los humanos tenemos de determinar si algo es bueno o malo es a través de la experiencia. Sin más.
Por tanto cuando escuchemos a cristianos proclamar el relativismo moral de todo aquel que no piensa como ellos, recordemos que no existe un sistema moral perfecto y no por ello vamos por ahí matando y abusando sexualmente de los demás. No nos dejemos intimidar por la retórica de algunos cristianos que nos quieren hacer creer que su sistema moral es el único aceptable por Dios. Más bien observemos con cuidado el sistema en el que dichos cristianos se basan, analicemos los principios que creen infalibles, y no perdamos tiempo en apuntar los problemas que existen con ellos. Así al menos iremos aprendiendo todos juntos a reconocer que al final todos los humanos somos más parecidos de lo que queremos creer.