Una vez aceptadas las premisas de que los tres evangelios sinópticos comparten cierta dependencia literaria (unos copiaron de otros) y la prioridad del evangelio de Marcos (Mateo y Lucas copiaron de Marcos), nos queda un último problema que tratar: Mateo y Lucas comparten 235 versículos que no se encuentran en Marcos, y los parecidos, tanto verbales (palabras, vocabulario y estilo) como en el orden de las palabras, entre los textos que estos dos evangelios comparten es a menudo tan chocante como los que encontramos entre Mateo y Marcos, entre Lucas y Marcos o entre los tres. Hay dos posibilidades para resolver este problema: o bien Mateo o Lucas copiaron uno del otro, o bien ambos usaron una fuente común. Y dado que la prioridad de Lucas con respecto a Mateo queda prácticamente descartada (hay varios argumentos que confirman este descarte, como por ejemplo las mejoras gramaticales que encontramos en Lucas con respecto a Mateo) sólo nos queda elegir entre la posibilidad de que Lucas copiara de Mateo (propuesto por A. Farrer en 1955), o la existencia de alguna fuente perdida (conocida con el nombre de Q) que fue utilizada por Mateo y Lucas (propuesto por H. J. Holtzmann en 1861).
La historia de Q no es precisamente nueva. Como he indicado más arriba esta hipótesis apareció el siglo pasado. La mayoría de sus partidarios creyeron en un principio que se trataba de una colección de dichos escritos en arameo. Sin embargo, actualmente sabemos que esta teoría se basaba en una interpretación errónea de un texto de Papías (bajo la guía inicial de Schleiermacher y posterior de C. H. Weisse). Hoy, los defensores de Q creen que esta colección de dichos fue escrita originalmente en griego, aunque no hay consenso acerca de los dichos que han de componerla. La validez de Q depende principalmente de una premisa sin la cual dicha hipótesis se derrumba, la premisa de que ni Mateo ni Lucas conocían el evangelio del otro a la hora de componer el suyo. Si se puede mostrar, por medio de evidencias textuales, que esta premisa falla (que Lucas conoció y tuvo acceso al evangelio de Mateo al componer el suyo) entonces la hipótesis de Q no es necesaria. Y por tanto, cualquier defensa de Q pasa por demostrar que Lucas no pudo conocer ninguna forma del evangelio de Mateo.
Para ayudarnos a considerar los asuntos principales relacionados con estas preguntas voy a exponer a continuación algunas de las razones por las que muchos estudiosos consideran que Lucas no conocía Mateo al crear su evangelio:
1. Lucas no contiene aquellos cambios realizados por Mateo a pasajes de la tradición triple (este punto puede ser extendido a problemas de orden, donde Mateo y Lucas no coinciden en el orden dentro de pasajes de tradición triple). En palabras de W. D. Davies y D. C. Allison: “Si Lucas usó el primer evangelio es increíble que no parezca conocer la incorporaciones de Mateo al material de Marcos… Es decir, Lucas parece haber utilizado Marcos, no Marcos revisado por Mateo”. O, como dice Fitzmyer: “Nunca se ve a Lucas reproducir las adiciones típicas que hace Mateo a la tradición triple”.
2. Lucas sitúa aquellos pasajes que comparte con Mateo en distintos contextos de los de Mateo, destruyendo el orden creado por Mateo en sus discursos. De nuevo, en palabras de Fitzmyer: “¿Por qué habría querido Lucas romper los sermones de Mateo, especialmente el sermón del monte, incorporando solamente una sección en su sermón y dispersando el resto a través de la narrativa del viaje sin conexiones ni contextos claros?”.
3. Unas veces Lucas y otras Mateo ofrecen versiones más antiguas de aquellos pasajes en los que coinciden (este punto puede ser extendido a consideraciones teológicas: unas veces un evangelio muestra pasajes más desarrollados teológicamente y otras veces el otro). En palabras de Davies y Allison: “Algunas veces es el primer evangelista el que parece preservar la forma más original de un dicho que aparece en la tradición doble, y otras veces es Lucas. Esto no se puede explicar si uno de los dos evangelistas siempre sigue al otro”.
Hoy día hay una mayoría de estudiosos que aceptan estos argumentos y resuelven el problema de la dependencia literaria entre Mateo y Lucas argumentando a favor de una fuente Q, compuesta exclusivamente de dichos de Jesús (sin nacimiento virginal, pasión, crucifixión, resurrección, etcétera), de la que Mateo y Lucas hicieron uso para componer sus evangelios. Es importante recordar que este fuente Q de dichos es una suposición teórica cuya existencia nunca ha sido demostrada y de la cual no poseemos ningún texto. Es más: para una fuente que supuestamente fue desarrollada entre los años 30 y 65 después de Cristo, una fuente que estaba presente en las comunidades cristianas a la hora de componer los evangelios de Mateo y Lucas (según sus defensores), es sorprendente no encontrar ninguna referencia a ella en ningún escrito cristiano. Digo que este punto – la imposibilidad de corroborar la existencia de Q desde el punto de vista de los manuscritos, las cartas de Pablo o la historia conocida de la Iglesia primitiva – es importante porque a menudo encuentro libros de estudiosos de los evangelios que dan la existencia de Q por sentado (¡incluso algunos se refieren a ella como un evangelio perdido!) sin ni siquiera sentir la necesidad de argumentar su punto de vista, como si no hubiera ningún problema con esta hipotética fuente.
Sin embargo, no son pocos los estudiosos que han reconocido desde hace años que la existencia de Q no es necesaria realmente para resolver este problema de dependencia entre Mateo y Lucas. Expongo a continuación los argumentos en los que se apoyan para decir esto respondiendo uno por uno a los puntos expuestos más arriba, y añadiendo algún punto más:
1. Decir que Lucas conoció Marcos, pero no Marcos revisado por Mateo, es un error. Según Farrer, Lucas conoció ambos, Marcos y Marcos revisado por Mateo. Bastaría, por tanto, con mostrar evidencias textuales de que Lucas conocía las adiciones de Mateo a Marcos para demostrar que Lucas conocía Mateo (sin necesidad de que Lucas hubiera elegido siempre la revisión de Mateo a Marcos al copiar de Marcos). Y, contrario a lo que los defensores de Q alegan, Lucas contiene muchos de los cambios realizados por Mateo a pasajes de la tradición triple (por ejemplo, Lucas contiene las adiciones de Mateo a Marcos en la predicación de Juan el Bautista en Mateo 3, Marcos 1 y Lucas 3; las tentaciones en Mateo 4:1-11, Marcos 1:12-13 y Lucas 4:1-13; la controversia acerca de Belzebú en Mateo 12:22-30, Marcos 3:20-27 y Lucas 11:14-23; o la semilla de mostaza en Mateo 13:18-19, Marcos 4:30-32 y Lucas 13:18-19). La razón de que los defensores de Q no acepten los numerosos ejemplos que existen en esta categoría es que ellos parten de la suposición de que Q existe, y por tanto estos ejemplos pertenecen a una categoría que ellos llaman “superposición Marcos-Q”. Sin embargo, en mi opinión la mera necesidad de tener que crear una nueva categoría para explicar aquellos ejemplos que echan por tierra la existencia de Q no hace más que demostrar que dicha fuente no es realmente necesaria para explicar los textos.
Hay una variación de este punto que requiere tratamiento aparte. Existen unas mil correspondencias textuales muy cortas (más cortas que las vistas en el párrafo anterior) entre Mateo y Lucas en contra de Marcos en la tradición triple. Encontramos un ejemplo en Mateo 4:12-13, Marcos 1:14, 21 y Lucas 4:14, 16, 31. Primero, Mateo y Lucas coinciden en este texto en contra de Marcos en el itinerario seguido por Jesús (Jesús visita Nazaret antes de ir a Capernaum). Pero más interesante es que Mateo y Lucas deletrean Nazaret de forma única: no NAZARET, ni NAZAREQ, sino NAZARA. Esta coincidencia, tan difícil de explicar si Lucas es independiente de Mateo, sólo puede ser explicada por los defensores de Q por medio de añadir textos redaccionales acerca de los viajes de Jesús a su colección de dichos, convirtiendo así lo que inicialmente era una colección de dichos en un pupurrí de textos añadidos a Q con la única intención de mantener Q a flote. Otro ejemplo de estas correspondencias, aún más problemático para los defensores de Q, es el que encontramos en Mateo 26:67-68, Marcos 14:65 y Lucas 22:63-64. Al final de este texto Mateo y Lucas coinciden, en contra de Marcos, en una pregunta: “¿Quién es el que te golpeó?”. Tenemos aquí una correspondencia exacta de cinco palabras griegas entre estos dos evangelios, palabras que no aparecen en Marcos, y con el uso de un verbo (PAIW, “golpear”) que sólo aparece en este texto tanto en Mateo como en Lucas. El problema para los defensores de Q es que, por definición, Q no contiene ningún relato de la pasión, por lo que este documento no puede ser usado para explicar esta correspondencia. De hecho, es tal el problema que este texto supone, que la única explicación que los defensores de Q proponen es que todos los manuscritos de Mateo han sido corruptos en este punto para incluir estas cinco palabras. Una defensa de la que no poseemos ninguna evidencia textual.
2. Es importante dejar claro de inicio que el material de tradición doble a menudo se encuentra fuera de los cinco famosos discursos que encontramos en Mateo (ver por ejemplo, Mateo 3-4; 8:5-13; 8:19-22; 9:37-38; 11:2-27; 12:22-45; 22:1-10; o 23). De hecho, el tercer discurso en Mateo contiene únicamente 3 versículos de Q, mientras que el cuarto discurso contiene solamente 4. Por tanto, se podría decir que el material de tradición doble se encuentra tan disperso en Mateo como en Lucas. Pero hay un elemento más acerca de este argumento utilizado por los defensores de Q: decir que la reorganización de material realizada por Lucas es inferior a la realizada por Mateo es una apreciación estética subjetiva. Argumentar que Lucas nunca habría podido romper el sermón del monte, tomar una parte y poner el resto de los dichos en otros contextos equivale a decir que “si yo fuera Lucas nunca habría hecho eso”. Pero es importante recordar que nosotros no somos Lucas, y por tanto cualquier apreciación de este tipo ha de ser reconocida como tal, como una apreciación personal, pero nunca como un argumento sobre el que apoyar una hipótesis. No deja de ser curioso que ninguna de las versiones cinematográficas realizadas en el siglo XX del sermón del monte haya mantenido todo el sermón del monte intacto sino que todas hayan optado por realizar modificaciones al estilo de Lucas. El hecho de que Lucas a menudo muestre un trato similar del evangelio de Marcos debería dejar abierta la puerta de que no haya tenido problema alguno para hacer lo mismo como Mateo.
3. Hay dos problemas con el argumento basado en la antigüedad de los dichos de la tradición doble. Por un lado, para poder hablar de que los dichos de un evangelio son más antiguos que los del otro hemos de tener algún criterio que nos ayude a determinar, con cierta seguridad, la manera de decidir qué dichos son más primitivos que otros. Por ejemplo, uno de los principios usados para reconstruir Q es que es poco probable que una forma lingüística característica de Mateo perteneciera al texto original de Q, de modo que cuando estas formas “típicas de Mateo” aparecen en el texto han de ser menos antiguas que las de Lucas (y las de Q). Sin embargo, Michael Goulder mostró hace tiempo que existen textos de la tradición doble, tanto en Mateo como en Lucas, que contienen expresiones características de Mateo, lo cual implica que no podemos dar por sentado que Q no contenga expresiones que creíamos “típicas de Mateo”. Por otro lado, incluso si imaginamos que en alguna ocasión hemos sido capaces de identificar, sin ninguna duda, que Lucas contiene un texto de tradición doble más antiguo que el que aparece en Mateo, ¿significa esto que Q tiene que existir? La respuesta a esta pregunta sólo tiene que ser necesariamente afirmativa si no aceptamos la presencia de una tradición oral en las comunidades cristianas a la hora de redactar estos evangelios. Si aceptamos la presencia de tradición oral, es normal aceptar la influencia que dicha tradición podría haber tenido sobre los evangelistas a la hora de componer sus evangelios.
4. En un mensaje anterior expliqué la existencia de un fenómeno llamado “fatiga editorial”, un fenómeno que servía de evidencia a favor del uso que ciertos evangelistas habían hecho de otros evangelios. Este fenómeno se da también en textos de tradición doble, textos en los que coinciden Mateo y Lucas, y cuando se da, la fatiga siempre es en la misma dirección, a favor de Lucas usando Mateo (aquellos interesados en este punto pueden buscar mi mensaje “Fatiga Editorial”).
Concluyo esta serie de tres mensajes acerca del problema sinóptico con un resumen de lo expuesto. Existen evidencias que indican que, a la hora de componer sus evangelios, unos evangelistas copiaron de otros. Esto no deja de ser interesante, dado que en muchas ocasiones se da por sentado que los autores de los evangelios fueron acompañantes de Jesús o testigos visuales de sus obras que conocían de sobra lo acontecido y que por tanto escribieron sus evangelios a partir de los recuerdos que guardaban de aquellos eventos. La crítica literaria, histórica y textual de los evangelios echa por tierra esta imagen tan idealizada de los redactores de los evangelios y nos ofrece una imagen un tanto distinta: la de un autor que recopila fuentes, selecciona material y lo adapta a sus intereses para transmitir un mensaje acerca de Jesús. Estos estudios, además, apuntan a Marcos como el primer evangelio sinóptico escrito, y por tanto nos muestran que la tradición eclesial que afirmaba la prioridad de Mateo es probablemente errónea. Por último, el análisis de los textos nos obliga a ser cuidadosos a la hora de poner una solución al problema sinóptico por encima de otra. Si hay algo que los muchos libros escritos hasta el momento sobre el tema muestran, es que ni Q ni ninguna otra teoría ha sido demostrada por encima de toda duda, por lo que los autores que se dediquen a escribir libros acerca de documentos hipotéticos como estos siempre tendrán que argumentar sus suposiciones dejando la puerta abierta a estar equivocados en sus razonamientos.