Voy a exponer tres argumentos muy usados hoy día en el debate entre ciencia y fe:
1. “Querer afirmar que realmente (la evolución de las especies es cierta y que el ser humano y el chimpancé tienen un ancestro común) resulta muy peligroso, no sólo por irritar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también porque puede dañar la santa fe, haciendo falsas las Escrituras…”
2. “Como usted sabe, el Concilio prohíbe exponer las Escrituras contra el consenso común de los santos padres…”
3. “Si se diese una verdadera demostración de que (la evolución de las especies es cierta y que el ser humano y el chimpancé tienen un ancestro común) entonces habría que explicar con mucha circunspección las escrituras que parecen contrarias, y más bien decir que no las entendemos, antes que decir que sea falso lo que se ha demostrado. Pero no creeré que exista tal demostración hasta que no me sea mostrada…”
Estos tres (seudo)argumentos proceden de una carta de Belarmino a Foscani escrita el 12 de Abril de 1615, en el contexto del descubrimiento que estaba siendo confirmado de que la Tierra no era el centro del universo y de que era el Sol y no la Tierra el que permanecía fijo (con la segunda dando vueltas a su alrededor). Lo único que he cambiado de estos tres fragmentos de la carta es lo que aparece entre paréntesis; en la carta original el texto entre paréntesis decía: “el Sol está en el centro del mundo y la Tierra en el tercer cielo, y que el Sol no gira alrededor de la Tierra sino que la Tierra gira alrededor del Sol”.
Hay algunos puntos que me parecen interesantes al realizar la comparación entre los argumentos que tenían lugar en aquellos tiempos y los que estamos presenciando hoy. Primero, hemos de notar la similitud entre las frases que leemos en esta carta y las afirmaciones que constantemente se repiten desde algunos grupos cristianos hoy día. Porque cuando hablamos de evolución hoy día en un contexto de iglesia, es fácil encontrar la opinión de que afirmar que la evolución es cierta resulta peligroso para la santa fe por estar hablando, tanto en contra de las Escrituras, como en contra del consenso común de los santos padres. Solo cabe mencionar un apunte aquí: las Escrituras no niegan la evolución, como tampoco las Escrituras afirmaban que la Tierra fuese el centro del universo. Lo que sí es cierto es que algunos textos pueden ser interpretados de tal manera que las conclusiones afirmen tales cosas (y en el caso de la Tierra y del Sol así ocurrió). Pero en este punto es importante recordar que no son las Escrituras las que afirman que la evolución no puede ser verdad (o que la Tierra es el centro del universo); son las interpretaciones de ciertos grupos que no consiguen escapar esa conclusión. Si hay algo que verdaderamente es peligroso es acostumbrarnos a hacer equivaler la verdad de las Escrituras con la interpretación que los seres humanos hacemos de ellas.
Otro punto que considero interesante es el hecho de que, a pesar de que en su momento una mayoría de cristianos rechazaron las ideas de Copérnico acerca de quién daba vueltas alrededor de quién, hoy día no encontramos grandes números de cristianos que aún sigan afirmando que la Tierra es el centro del universo y que el Sol da vueltas alrededor de ella. Y esto es así, no porque hayan encontrado otros textos bíblicos que no conocían en aquellos tiempos y que confirman que Copérnico tenía razón. Esto es así porque, por un lado las evidencias científicas a favor de que la Tierra da vueltas alrededor del Sol han ido creciendo con los años y hoy pocos se atreverían a negar algo tan evidente, y por otro porque a medida que las generaciones han ido cambiando, cada vez ha habido menos cristianos que han visto la necesidad de interpretar ciertos textos como lo hacían “los santos padres” y han aprendido a leerlos de distintas formas que consiguen evitar el conflicto con las conclusiones científicas en este punto. Digamos que, poco a poco, los cristianos han aprendido que su salvación eterna no descansa en ese punto y han perdido la ansiedad que les creaba el ir en contra de lo que ciertos textos parecían decir. Me pregunto hasta cuándo tendremos que esperar para que eso mismo ocurra en este otro caso, en el debate entre creacionistas y evolucionistas…
De estos tres argumentos mencionados en la carta, quizá el que me provoque más preocupación sea el tercero (después de todo los dos primeros no hacen otra cosa que reconocer que los miedos que muchas veces nos impiden aceptar las evidencias científicas proceden en muchos casos de no querer enfadar a los teólogos y filósofos de los que bebemos, o de no querer ir en contra de las tradiciones asentadas por nuestros padres espirituales). Sin embargo en el tercer argumento se intenta mostrar una cierta apertura a escuchar evidencias sin prejuicios, como dando a entender que el problema verdadero con estas conclusiones científicas es que no hay suficientes evidencias a favor. En el caso de esta carta el asunto es iluminador y nos ayuda a entender un poco el truco que muchos usan hoy cuando pretenden hacer alarde de una mente igualmente abierta: después de todo hoy sabemos que en aquella ocasión había evidencias científicas de sobra para llegar a esa conclusión acerca del Sol y la Tierra (el problema realmente era la tradición eclesial). El caso hoy día con el tema de la evolución es muy parecido en este punto: evidencias a favor de la evolución entre especies hay de sobra, pero la tradición pesa. Haremos bien en recordar esta carta cuando alguien nos diga que si conseguimos demostrar aquello que creen falso, lo creerán.
Termino con un punte final. Es cierto que no es posible (ni adecuado) hacer una comparación punto por punto entre lo que ocurrió en tiempos de Galileo entre ciencia y fe y lo que ocurre hoy en nuestros días entre creacionistas y evolucionistas. Los tiempos son muy distintos, así como la forma en la que se lee la Biblia. Sin ir más lejos, en aquellos tiempos aún no conocían ni la alta crítica textual de la Biblia que hoy conocemos, ni tampoco eran muy dados a las lecturas literalistas que toman textos al pie de la letra sin pensar en el contexto ni el género del libro que leen. Los tiempos han cambiado mucho. Pero eso no quiere decir que los argumentos que se usen a la hora de defender nuestra “santa fe” o de atacar las herejías del enemigo hayan cambiado tanto en estos años. Como diría el pensador: “no hay nada nuevo bajo el Sol…”.
3 users comentarios en " Nada nuevo bajo el Sol "
Follow-up comment rss or Leave a TrackbackMuy cierto, yo también escribí acerca de esos paralelismos:
http://oldearth.wordpress.com/2008/11/24/la-condena-de-galileo-el-destino-que-muchos-desearon-para-darwin-i/
http://oldearth.wordpress.com/2008/11/25/la-condena-de-galileo-el-destino-que-muchos-desearon-para-darwin-ii/
Perdón por el autobombo. Lo que me llama la atención es que los creacionistas, que no pueden dudar de que la Tierra gira alrededor del Sol (aunque hay un grupo que sí lo hace, pero es marginal), es que sacan balones fuera diciendo que eso fue culpa de la iglesia católica. Olvidan que Calvino escribió acerca de la herejía de Copérnico. Y lo ás importante, también olvidan que los mecanismos y estrategias empleados en aquellas época son muy similares a los ellos usan, tal y como expones en el artículo.
Jose, dejé un comentario, pero como llevaba un par de enlaces ha quedado bloqueado. Cuando puedas lo recuperas. Gracias.
..y en complemento de lo anterior, (entre de carambola a este lugar y por tanto no se si ya han tratado ese tema en cuyo caso agradeceria me remitan el vinculo)….me parece que un tema interesante de tratar, seria el de las posibles razones para que el supuestamente ser mas intelignete (entender como: hombre o “humano” en el sentido biologico y no filosofico ni religioso)…que dice ser “cientifico” que supuestamente tiene a su disposicion y conocimiento los adelantos, conocimietnos y erramientas de la ciencia….continue dando credibilidad a cosas tan riduculas ….y “creyendo” no solo en el “creacionismo” sino en las demas cosas derivadas de la religion….
(new-tyrt@hotmail.com)
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