Siempre he querido mantener una conversación seria y abierta con alguien que se dedique a leer las manos y a leer el futuro en las cartas del tarot. Si dicha conversación fuera posible, me vienen decenas de preguntas a la cabeza que podría hacer, simplemente con la intención sincera y abierta de aprender más acerca de cómo funciona lo que hacen. Me gustaría preguntar, por ejemplo, cómo es posible que los espíritus influyan en el orden de las cartas al barajar; me gustaría tomar la baraja y mezclar las cartas cinco veces seguidas y ver si la lectura después de cada mezcla es igual que la anterior; me gustaría entender la manera en la que los espíritus influyen en las líneas de nuestras manos para que en ellas aparezca reflejado nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Me gustaría mucho poder hacer eso, pero sé que no es posible porque el exceso de preguntas en entornos espiritualistas de este tipo es considerado como una ofensa, como un bloqueo de las fuerzas espirituales, como un intento de invadir las fuerzas positivas con fuerzas negativas.

El escepticismo es el enemigo de la fe ciega típica de aquellos grupos religiosos/espiritualistas que basan su éxito en que sus adeptos aprendan a aceptar lo que los líderes/iluminados dicen sin cuestionar nada. Hace unos pocos años intenté mantener una conversación abierta y honesta con una mujer que pertenecía a los Testigos de Jehová. No le busqué yo sino que fue ella la que llamó una mañana de miercoles a mi puerta con la intención de mostrarme la Verdad de Dios. Le invite a pasar y mantuvimos conversaciones no muy largas durante cinco semanas, un día por semana, acerca de la Biblia, de cómo interpretar ciertos textos y de la mejor forma de leer lo que en ella encontramos. Al final la conversación terminó: no porque hubiera desacuerdo entre mis explicaciones y las suyas, sino porque yo no estaba dispuesto a aceptar sus afirmaciones sin explicación alguna.

Para algunas personas la fe consiste en aceptar aquello que el líder dice a ciegas, sin preguntar. Para estas personas la fe es la enemiga de la razón, de modo que cuando podemos entender algo ya no forma parte de la fe. Algunos han decidido que la mejor forma de creer es cerrar los ojos: este es el tipo de fe verdadera y pura que no se deja contaminar con las preguntas que surgen de una mente inquisitiva. Y así existen en nuestro país cientos de grupos religiosos que se caracterizan por esta forma de actuar: tienen un libro sagrado y los fieles no tienen otra cosa que hacer que aceptar la manera en la que el líder de turno lee dicho libro. El que acepta sin preguntar es un buen fiel, hijo de Dios, que tiene acceso a la Verdad espiritual de Dios que le separa de los demás ignorantes; los que se dejan llevar por la curiosidad y el escepticismo y deciden hacer preguntas cuestinando las diversas interpretaciones del líder son simplemente hijos desviados que han optado por atacar a Dios y no confiar en él.

El Cristianismo de muchas personas no es más que otra versión de este tipo de fe ciega que no admite preguntas. El problema con este tipo de mentalidad sectarea es que no puede ser aplicada al Cristianismo histórico con mucha facilidad, debido a que el Cristianismo es muy diverso y lleva con nosotros muchos siglos. Hoy día podemos encontrar denominaciones cristianas que leen la Biblia de formas tan diversas que es difícil promulgar la creencia de que solamente la interpretación que hace el líder de turno es la verdadera. Es cierto que hoy día existen cristianos que nos hacen creer que el verdadero cristiano ha de aceptar la creación del universo en 6 días, ha de rechazar la teoría de la evolución, ha de promulgar la imagen patriarcal de la familia, ha de condenar a los homosexuales, etc…, o sino estará yendo en contra del mismísimo Dios. Pero en estos tiempos estas personas no lo tienen nada fácil, por el simple hecho de que siempre es posible encontrar grupos cristianos que aceptan la teoría de la evolución, que interpretan el libro del Génesis como un mito antiguo, o que aceptan las distintas orientaciones sexuales como creadas por Dios. Por tanto, la única opción que les queda a estos cristianos de mentalidad sectarea es cerrar el círculo y proclamar que todos los “cristianos” que no compartan su forma de interpretar la Biblia no son cristianos realmente sino paganos. Con lo que volvemos a donde empezamos: a la creación de una secta donde la interpretación del líder de turno es la única que vale y donde las preguntas están prohibidas.

Como resolución de año nuevo propongo que no nos dejemos engañar por estas personas sectareas. El Cristianismo es lo que es, y eso no puede ser cambiado. El Cristianismo tiene una historia, y de ella podemos aprender que siempre hubo cristianos con preguntas serias y profundas, que siempre hubo cristianos que decidireron retar las tradiciones aceptadas y recibidas y echarlas por tierra en una búsqueda honesta de la Verdad de Dios, que siempre hubo diversidad dentro del cuerpo de Cristo. Que ningún sectario nos engañe: la Verdad de Dios pertenece a Dios, de modo que nadie tiene el monopolio de dicha Verdad. El Espíritu de Dios ayuda a los que buscan sinceramente a encontrar el camino porque “el que busca haya”, porque “el que pregunta recibe respuestas”. Menos mal que a Dios no le ofenden nuestras preguntas; probablemente a Dios le ofendan mucho más los que, no solo ya no preguntan, sino que evitan que otros lo hagan. Así que este nuevo año preguntemos sin miedo y no dejemos de hacerlo hasta que nuestra curiosidad haya sido satisfecha.