Máximo García Ruiz, España
La España del exilio. Las migraciones políticas españolas en los siglos XIX y XX, Editorial Síntesis (Madrid: 2006), es una de las últimas publicaciones del profesor Juan Bautista Vilar, muy conocido y respetado en ámbitos evangélicos gracias a sus trabajos de investigación llevados a cabo en torno a la historia de las iglesias protestantes en España. Consta este volumen de 495 páginas y, aunque su publicación se produjo en el año 2006, no había llegado a mis manos hasta fecha muy reciente.
Con el rigor que caracteriza a este autor, que se apoya en una amplia bibliografía en la que destaca el repertorio de documentos procedentes de fondos pertenecientes a diferentes entidades y organismos públicos y privados, monografías y otro tipo de estudios, así como una dilatada nómina de publicaciones especializadas en la materia, presenta el doctor Vilar un relato minucioso, aunque él mismo señale modestamente en su prólogo que se trata únicamente de “una aproximación global”, de los principales flujos de emigrados políticos españoles producidos desde la Revolución francesa y el nacimiento de la España contemporánea hasta las provocadas por la Guerra Civil de 1936-1939. Debemos insistir en que la aportación bibliográfica contiene un valor que tal vez solamente los investigadores puedan apreciar en toda su valía.
Pone atención especial el profesor Vilar en los diferentes puntos de destino de los emigrantes políticos españoles, según haya sido la época y la causa del exilio, que permiten establecer vínculos de relación más allá de las relaciones institucionales. La tesis de Vilar es que los españoles son a un tiempo víctimas y verdugos de sí mismos, lo cual viene a demostrarse precisamente en el hecho de las migraciones políticas que ponen en evidencia la precariedad de la convivencia pacífica entre diferentes corrientes de opinión en cada momento histórico, que deviene en un profundo arraigo de la intolerancia y, con ello, la traumática historia española de los últimos doscientos años. Una aportación interesante es el análisis que hace en torno al flujo y reflujo de las migraciones políticas, según sea el signo que vayan adoptando las sucesivas situaciones institucionales, con toda la carga de juicios y prejuicios que acompañan a esos movimientos pendulares.
Ahora bien, sin reducir un ápice el valor global de la obra, queremos poner el acento de forma especial en la atención que Juan Bautista Vilar presta a ciertos emigrados de confesión protestante, tema en el que el autor se desenvuelve con mucha soltura, dado el profundo conocimiento que ha alcanzado sobre la materia. El primer personaje del que se ocupa, y el más destacado, es José María Blanco Crespo (“White”), al que el autor califica de “emigrado singular […] referente imprescindible en la primera generación liberal, [que] estaba llamado a convertirse en uno de los máximos valores tanto de la literatura inglesa como de la española de su tiempo” a quien atribuye “la más compleja y acabada reflexión sobre el problema de España” y al que dedica una amplia referencia biográfica. Por otra parte Vilar se une a otra pléyade de autores que recientemente han desmontado y desautorizado el descrédito que sobre este personaje había caído a causa de las insidias provocadas por su conversión a la fe anglicana y, posteriormente, al unitarismo, que abrazó Blanco White en el destierro en Inglaterra, y su destacado papel como autor reformado, además de su radical militancia liberal contraria al régimen absolutista español.
Ya en tiempos de Isabel II, previo al efímero período de libertades que se abriría con la Revolución de 1868, Juan Bta. Vilar se ocupa de los protestantes deportados en ese período, prestando una atención especial en Manuel Matamoros García, convertido a la fe evangélica en Gibraltar en el año 1857, a quien se acusa no solamente de practicar una fe prohibida en una España ajena a cualquier conato de libertad religiosa, sino de estar comprometido políticamente con el prohibido Partido Demócrata y acusado de formar parte del conocido como contubernio protestante-socialista para derrocar a Isabel II. Matamoros y otros acusados juntamente con él, fueron condenados a ocho o nueve años de cárcel, en medio de la más viva repulsa internacional contra la intolerancia del régimen español. Matamoros sería finalmente deportado a Gibraltar, de donde marcharía a Inglaterra.
El análisis de Vila continúa, como ya hemos señalado anteriormente, hasta la emigración política producida como consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939 y el refugio encontrado por los emigrados políticos en varios países europeos, la Unión Soviética, Chile, República Dominicana, Venezuela y otros países Iberoamericanos, destacando entre todos ellos el papel de anfitrión que asumió México, país de acogida por definición de los emigrados españoles en América.
Si queremos entender la historia de la represión política en España en los últimos doscientos años, incluida la religiosa, es preciso leer el libro del profesor Vilar, ya que a través de sus páginas encontramos un análisis desapasionado, objetivo y riguroso de nuestra historia más reciente.
Junio 2009.
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