Luis N. Rivera-Pagán*, Puerto Rico
A Plutarco Bonilla, en gratitud por tantos aportes…
Casiodoro de Reina
Al publicar, en 1569, su versión castellana de las escrituras sagradas cristianas Casiodoro de Reina estaba muy consciente de la importancia de su empresa, llevada a cabo, como escribe en la “Amonestación” que inicia su texto, en el destierro y la pobreza, con su libertad y vida en constante peligro, acechado y asediado sin cesar por la Inquisición española.
Lo que está en juego, afirma Reina, es la gloria de Dios y la salvación humana. Por ese doble objetivo trascendental lo arriesga todo, en lo que considera la tarea crucial de su momento histórico: la entrega de la Biblia al pueblo español en su lengua vernácula. Esa excelsa obra no es una insignificante nota al calce en la historia intelectual y espiritual de su patria. Es una expresión medular de las soterradas pero vigorosas, perseguidas pero vigentes, corrientes erasmianas y reformadoras en la España del tradicionalmente llamado Siglo de Oro.
Reina intenta lo indecible por evitar crueles desgarramientos eclesiásticos y nacionales, y se aferra, con inútil obstinación, al decreto del Concilio de Trento que versa sobre las versiones de la Biblia “in vulgari lingua”, en los idiomas populares. Pretende ver autorización, donde, en realidad, se trata de prohibición; intenta convertir en estímulo lo que para los obispos tridentinos, en verdad, es restricción. Incluso dirige un prólogo en latín a los reyes y príncipes cristianos de toda Europa, incluyendo al catolicísimo Felipe II, monarca de toda España. Es un esfuerzo tenaz pero infructuoso de mantenerse, a pesar del exilio y la persecución, dentro de la comunión cultural de su nación y al interior de una iglesia cuya unidad él considera posible preservar sólo si se centra en la lectura de, y obediencia a, las sagradas escrituras. Por ello los dos extensos prefacios, el latino y el castellano, son ventanas privilegiadas para entender los dilemas, agonías y aporías de los traductores de la Biblia en el siglo dieciséis español, cuando ese oficio podía conllevar la cárcel, el destierro o, incluso, la pena capital.
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*Ponencia presentada por el Dr. Luis N. Rivera-Pagán, el pasado 28 de octubre, en el Seminario Evangélico de Puerto Rico, en ocasión de la presentación de La Biblia del Siglo de Oro