Ignacio
Simal, España
Los
protestantes españoles somos conscientes de que el gobierno de
Rodríguez Zapatero tiene por delante una apretada agenda, repleta de
temas que tienen que ver con el futuro de España. Somos muchos los
que agradecemos su política progresista y el que no ceda ante las
zancadillas que ciertos sectores de la sociedad española le van
poniendo cada vez que anuncia medidas para afrontar la crisis
económica de nuestro país.
El
protestantismo español desde los tiempos anteriores a la rebelión
franquista se mostró como una Iglesia que apostó, sin dudas, por la
democracia, plasmada en ese momento por la instalación de la
República. No en vano muchos de nuestros correligionarios sufrieron,
como tantos españoles, la muerte, la cárcel, el exilio y la
depuración de sus puestos de trabajo. Y lo sufrieron con la cabeza
en alto pensando en un futuro mejor para nuestro país.
Debido
a nuestra manera de entender el Evangelio, nuestro compromiso con la
democracia y nuestra significación en la República, sufrimos la
marginación y la criminalización por parte de los que lograron la
muerte de la España democrática y se instalaron en el gobierno que
no les correspondía. Ello implicó para nuestras iglesias y nuestros
pastores un alto precio. En el caso de los últimos, la dictadura
franquista no les reconoció su estatus profesional y por ello se
vieron imposibilitados para cotizar a la Seguridad Social.
La
opción de nuestros pastores fue clara y rotunda. Quisieron servir a
las iglesias protestantes y, por extensión, a la sociedad española,
confiados que en su vejez Dios y sus hermanos y hermanas en la fe
atenderían sus necesidades. Nada podían esperar de esa dictadura
inmisericorde con cualquier tipo de disidencia, fuera religiosa o
política.
Llegada
la democracia todo fue alegría y esperanza para los ciudadanos y
ciudadanas del Estado Español y, por supuesto, para el pueblo
protestante. Se concedió la libertad de culto, se firmaron acuerdos
con el Gobierno de España... pero una cuenta quedó pendiente. Una
cuenta con nombres y apellidos, el nombre y apellidos de pastores
protestantes, o de sus viudas, que no podían acceder a la obtención
de una pensión de jubilación por no haber cotizado a la Seguridad
Social al haberlo impedido el gobierno franquista.
Las
iglesias evangélicas, entre ellas la Iglesia Evangélica Española,
a través de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de
España, dialogó con los diferentes gobiernos democráticos. La
derecha española las ignoró. Y la izquierda, representada por el
PSOE, dialogó con ellas y mostró -en todo momento- su apertura a
solventar el problema de los pastores protestantes jubilados a los
que se les negaba una pensión de jubilación por parte del Estado
gracias al franquismo. Algo similar les ocurrió a los sacerdotes
católicos secularizados durante la Dictadura. Sin embargo, todavía
queda pendiente una resolución definitiva a la injusticia histórica
que el protestantismo español sufre en las personas de sus pastores
jubilados.
Tenemos
la esperanza de que, en lo que queda de legislatura, el Gobierno de
España repare la sinrazón franquista y conceda el derecho a los
pastores protestantes, o a sus viudas, a percibir una pensión digna
por parte del Estado Español que signifique el reconocimiento de la
sociedad española a los que sufrieron los rigores de la dictadura
por su no adherencia a la convención religiosa y política del
invierno que sufrió el pueblo español durante decenas de años.
Confiamos
en el talante progresista de nuestro actual gobierno. Confiamos en la
Ley de Memoria Histórica donde se afirma que “es
la hora de que la democracia española y las generaciones vivas que
hoy disfrutan de ella honren y recuperen para siempre a todos los que
directamente padecieron las injusticias y agravios producidos, por
unos u otros motivos políticos o ideológicos o de creencias
religiosas, en aquellos dolorosos períodos de nuestra historia”.
No
esperamos menos del Gobierno de España. Por ello solicitamos al Presidente José Luis Rodríguez Zapatero
que haga un hueco en su agenda para los protestantes españoles y
repare la injusticia histórica que estamos sufriendo.
Ignacio
Simal