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Carta abierta a un candidato a monitor de campamentos cristianos Imprimir E-Mail
lunes, 10 de septiembre de 2007

 Eugenio Berruezo, España

Querido candidato:

En primer lugar, déjame reconocer el valor positivo de tu deseo de ofrecerte como voluntario para ejercer como monitor de campamentos cristianos. Remarco el aspecto voluntariado porque, en la mayoría de los casos, éste es el estatus en el que se trabaja en nuestro amado contexto evangélico. ¿Por qué será esto así? Me imagino que, por la tan trillada pobreza de la Iglesia Evangélica en España, tal vez un día reflexionemos sobre nuestra aparente pobreza.

Una vez hecha esta introducción, quiero explicarte algunas de mis experiencias e ideas que personalmente tengo como monitor y director de campamentos que he sido durante unos treinta años. Hoy ya estoy jubilado de esta responsabilidad tan apasionante, ya que sólo me dedico a la formación de líderes y responsables de estos quehaceres.

Déjame hacer un poco de historia para ti. Corría el año de 1962, cuando mi hermano Antonio, que acababa de cumplir 16 años, tuvo su primera experiencia en un campamento de verano. Paco, mi padre, tomó por recomendación de un amigo una de las decisiones más extrañas que jamás yo hubiera imaginado. Él, un hombre más rojo que un fresón de Huelva, en cuanto a ideas políticas y sociales se refiere, no tuvo otra ocurrencia mejor que inscribir a mi pobre hermano a un campamento de la OJE.

Como decíamos hace tiempo “errar es humano”.

Para despistados o jovencitos, como tú, carentes de referencia histórica, déjame transcribir como se autodefinía la OJE: La Organización Juvenil Española (OJE) tiene como objetivo cubrir el tiempo libre de sus afiliados con intención educativa, aprovechando estos momentos para completar su formación como ciudadanos libres y responsables. La base fundamental de su ideario es el servicio a los demás, principio del cual surge su lema “Vale Quien Sirve”.

Leyendo esta autodefinición, uno puede pensar que Paco no andaba tan errado. Pero en realidad aquélla era una organización de líderes con intenciones ocultas facciosas. Te llevaban de campamentos pero querían hacerte adepto a sus ideas. Eran, sus campamentos, un marco en el cual las presiones emocionales e ideológicas solapadas se efectuaban sobre los chavales con premeditación, alevosía y nocturnidad. Se utilizaban las últimas horas de la jornada, muy “cucos” ellos, cuando la capacidad de reflexión está mermada por la mucha actividad del día, para hacer una invitación a la aceptación de ideas.

Esta organización y sus vínculos con Falange Española eran reales. En ese tiempo la sección femenina de Falange, por ejemplo, enseñaba a sus mujercitas en bachillerato: “Si tu marido sugiere la unión, accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de la mujer. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”. ¡Ahí queda eso! ¡Toma del frasco, Carrasco!

Esta era la gente que en sus campamentos aprovechaba la oportunidad de tener a un número importante de chavales bajo su control y les instruía sobre los contenidos de la Formación del Espíritu Nacional, FEN, asignatura impartida en las escuelas en aquellos años, que yo tantas veces suspendí. En ella se dejaba muy claro, por ejemplo: “que los homosexuales debían de ser considerados delincuentes y que debían ser encarcelados bajo el amparo de la ley de vagos y maleantes” ¿No son éstas actitudes facciosas? Pues todo ese ideario era el que se compartía también en los campamentos entre actividades, juegos y reflexiones en las nocturnas veladas.

Volviendo al verano del 62 , tuvimos la oportunidad de visitar a mi hermano en “El día de la familia”. Cuando vi a mi hermano con aquel uniforme pensé que se había enrolado en el ejército. Tengo que reconocer que le envidié la boina. ¡Siempre me ha gustado mucho esa prenda, ¡la boina! Personalmente, no la utilizo demasiado, porque me da la sensación que cuando me la pongo parezco un champiñón. Es comprensible la comparación, con ciento cincuenta y cinco centímetros de estatura y una boina, ¡ya me dirás!

Cuando yo vi cómo eran tratados aquellos chavales, sentí unos deseos irresistibles de salir corriendo de aquel lugar, todo funcionaba a toque de corneta. A los pequeños que había en aquel campamento de 7 a 10 años los llamaban “flechas” y les cantaban canciones humillantes llamándoles “meones cobardes” por no salir de la tienda de noche para ir a los servicios o letrinas. Los arqueros, que eran los chavales de 11 a 13 años, hacían de los pobres flechas el objeto de todas sus bromas y gamberradas. Los cadetes, que eran adolescentes de 14 a 16 años, tres cuartos de lo mismo con los flechas y los arqueros. Por encima de todos ellos habían unos “guías”, que ejercían de monitores, que eran lo más parecido al hoy tan conocido “Rambo”, pero sin cuerpazo, sin armas, excepto un pequeño machete y con “Chirucas”: (La Chiruca era una bota trapera. Digo trapera porque era de trapo. Muy vendida entre los montañeros “cutres” de la época. Hoy Chiruca continúa fabricando botas, pero más modernas).

Al acabar el día, y después de arriar bandera, padres, madres, hermanos y abuelos fuimos invitados a abandonar el recinto e irnos a la calle y bajaron una barrera, mientras sonaban himnos patrios por los altavoces. Yo a mis siete años me puse a llorar porque pensaba que aquella especie de mercenarios se quedaban para siempre con mi hermano con el que yo tanto jugaba. Pero no, regresó, tocado, pero no hundido.

¿Por qué te cuento todo esto? Pues por una razón muy importante para mí. Puede que resulte extraño, pero esta desagradable experiencia no me marcó, ni me predispuso en forma negativa hacia el formato educativo “campamento”. Me pregunto: ¿Cómo es posible? Tal vez porque yo nunca asistí a uno de esos eventos “fachas”. También es cierto que mi hermano jamás me los recomendó, pero nunca me predispuso en contra de esta actividad.

Así es que a mí, el ir de campamentos, siempre me pareció una buena forma de utilizar mis vacaciones, aunque, por supuesto, siempre que se desarrollasen en formato diferente.

Personalmente, desde que fui adolescente y me involucré en una comunidad evangélica, lo hice también en el servicio en campamentos para niños como monitor voluntario. (Sí, voluntario, de esos que curran pero no cobran ni un euro). Más tarde, los organicé yo mismo, no sólo para niños sino también para adolescentes y jóvenes; pero desde mi responsabilidad como director, junto con un equipo, los preparábamos en un marco totalmente distinto a lo que te he contado, fíjate bien: “Campamentos Evangélicos”, sin boina pero con Biblia, prenda imprescindible.

A pesar de que siempre fue una tarea difícil, te puedo decir que ¡las he vivido de todos los colores!; he de confesarte que siempre disfruté muchísimo. Así es que si decides servir en esta área sólo puedo decirte: ¡Bravo por tu decisión!

Pero como ya comenté en otro artículo publicado en Lupa, me asustan los muchos errores que desde el grupo de liderazgo se cometen también en este ámbito lúdico. Errores muchas veces no detectados, por lo tanto no reconocidos, no confesados, no corregidos, lo que implica que no se mejore, tampoco, en este área de ministerio.

También se debe de reconocer que existen muchos “Pacos” que, aun teniendo las ideas muy claras sobre lo que quieren para sus hijos, son capaces de cometer el error de enviarlos al campamento más inadecuado, simplemente porque alguien lo recomienda en la iglesia a la que se asiste, porque es el campamento al que van los amigos de sus hijos, o bien se escoge un campamento determinado simplemente por la conveniencia de fechas, olvidando que, por el simple hecho de que esa actividad esté organizada por cristianos evangélicos no necesariamente tiene por qué ser de calidad. A la vista está que no siempre nos caracteriza la excelencia en aquello que hacemos, simplemente porque, a lo realizado, le pongamos el apellido de evangélico.

Yo soy de la opinión de que los padres deberían ser más exigentes y poner algo más de interés a la hora de decidir a qué actividad lúdica de verano envían a sus hijos.

Un par de aspectos que creo debieran interesar a todo padre, madre o tutor, antes de enviar a sus niños a unos campamentos determinados son: el ideario del campamento y el tener cierta referencia, cierto conocimiento, de aquellos que van a ser los líderes de los chavales durante unos días. Conocer, por ejemplo, las motivaciones que tienen director y monitores para ofrece este servicio. Conocer el objetivo del campamento, el objetivo del organismo que promueve el evento. Este interés no me parece desmesurado ni falto de ninguna clase de ética, ¿no es cierto?

¿Por qué razón deberían estar estos padres interesados en estos aspectos? Por dos muy sencillas: como padres o como tutores, no solemos dejar expuestos a nuestros hijos a cualquier idea que se les pueda trasmitir, ¿verdad? Como tampoco lo es que dejemos a nuestros hijos al cuidado de desconocidos, porque simplemente alguien nos los recomiende ¿a qué no? ¿Por qué actúan los padres de ese modo con los campamentos cristianos?

Ahora, una vez dicho lo dicho, mi pregunta para ti sería: ¿Qué te motiva a ti a dedicar días de tus vacaciones a realizar este ministerio? ¿Qué crees que motiva a algunos líderes cristianos a organizar campamentos durante el verano? Siempre me resultó muy interesante preguntar a los muchachos que querían venir de monitores a nuestros campamentos “¿Qué te motiva a querer hacer de monitor en este campamento?” Las respuestas eran muy variadas, pero la más común en la mayoría solía ser: “La conversión del campista”. Tenemos que reconocerlo, en la mayoría de los casos, se considera la actividad de campamentos como evangelista. O sea, se busca que el campista acepte nuestro ideario, nuestra fe, nuestra verdad. Esto siempre chocó bastante con nuestra filosofía, chocó y de frente, porque éramos de la opinión que debíamos presentar a Jesucristo, pero jamás quisimos aprovechar el marco de un campamento para, con premeditación, alevosía y nocturnidad, invitar a los indefensos chavales a un cambio de confesión o a la aceptación de una nueva fe. Siempre entendimos que un campamento cristiano se enmarcaba en el área de “La educación en el tiempo libre”. Educación, que no una actividad con otra finalidad.

Siempre reconocimos la facilidad que teníamos para manipular cada situación y la fragilidad de los campistas y entendíamos que no nos era lícito aprovecharnos de ello. Así es que, conscientemente, nunca entendimos esta actividad como un momento y lugar para convertir a nadie a nada, ni tampoco para imponer nuestra ética, ni nuestra moral. Date cuenta de que estoy hablando de imponer, no de ofertar. Un educador, como un mentor (Definición: Amigo. Consejero o guía de otro. El que sirve de ayo), de aquí viene la palabra monitor (persona que guía en el aprendizaje) es una persona que informa, aconseja y ofrece, pero no manipula ni impone nada, dado que ésta ni es su tarea, ni su responsabilidad.

¿Por qué lo hacíamos así? Muy sencillo, siempre nos inspiró el ejemplo del Jesús de los Sinópticos. Es curioso que cuando vemos a Jesús en los Evangelios Sinópticos moviéndose entre la gente, no le vemos como buscando a hombres y mujeres pecadores a los que convertir de su terrible vida de pecado. Lo que vemos es a un Jesús que se acerca y aconseja al hombre, va hasta el enfermo o el atormentado y lo libera de aquello que está haciendo de su vida una desgracia: la cojera, la lepra, la ceguera, la posesión demoníaca, la menstruación incesante, incluso la muerte de una hija, la enfermedad de un amigo o también el mal padecido por el esclavo de un centurión, hasta incluso la tremenda necesidad de mujeres bajo la práctica de la prostitución es atendida, entendida, aconsejada y perdonada. Tampoco Jesús se enfoca en corregir únicamente la moral de las gentes a las que ministra. Esta obsesión, tristemente, es la obsesión de muchos líderes de campamentos cristianos, mientras que Jesús hace un énfasis en aquello que no les deja ser felices, sea lo que sea, no exclusivamente su moral y su pecado. “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lc. 4:18-19. Cf. Is. 61:1-2)

Es serio, pero en muchos campamentos la obsesión de los líderes de los mismos se enfoca en que acepten la confesión de fe que ellos tienen y en corregir la moral de niños, adolescentes y jóvenes. Son muchos a los que les obsesiona la moral del campista. Para ello centran sus esfuerzos en hacerles entender que dependiendo de qué música escuchen, qué libros lean o qué películas vean, su moral será más digna o indigna a los ojos de Jesús. Pero resulta que ésta no es la actitud de Jesús que vemos reflejada en los Evangelios. Lo que le preocupa a Jesús es aquello que agobia y cansa hasta extenuar al ser humano, aquello que lo hace sufrir, aquello que lo angustia y desborda y no siempre, no siempre y en exclusiva, es la moral lo que ahoga al ser humano.

Evidentemente que a Jesús le preocupa el pecado de la persona, tanto que murió en una cruz por esta causa, y evidentemente le preocupa el pecado de nuestros chavales, sea cual sea su edad, pero también está interesado en aquello que los mantiene alejados de su persona y de su Reino y en muchas ocasiones en las vidas de esos seres humanos, tan jóvenes, hay muchas más razones que les pesan más que simplemente el hecho de que hayan nacido bajo pecado; hay muchas vivencias que les hacen sentirse desgraciados. Además, la mayoría de ellos son seres normales que siguen un proceso natural de maduración: “Hay niños que atraviesan la infancia sin sobresaltos y aterrizan suavemente en el mundo adulto con sensatez y cordura. Bastantes se desorientan y tropiezan durante un tiempo, pero, de pronto, florecen. Los más, tiemblan, se tambalean, luchan, se enderezan, cambian de rumbo, y finalmente encuentran su autentico equilibrio personal” (Stella Chess, De la niñez a la independencia, 1978). Es en este proceso de maduración en el que encuentro un lugar para prestar un buen servicio de campamentos, un servicio de educación en el tiempo libre. Jesús nunca utilizó su posición de líder para reclamar seguimiento, sino que era una oferta de libertad, descarga y descanso: “Venid en pos de mí y yo os haré descansar”. No impuso nunca nada, pero siempre estuvo disponible como ejemplo a seguir. Él sí fue un siervo que sirvió a todos, seguidores y también a los no seguidores de su verdad anunciada. Me atrae la verdad que se ve en Jesús amando a los que no le aman, e interesándose por los que no tienen ningún interés en él. Beneficiando, no sólo a los que le siguen, si no también a los que deciden no seguirle.

Si entonces nos volvemos a preguntar “¿Qué debe motivar a un director de campamentos? ¿Qué debe motivar a un monitor?” podríamos decir que: “La misericordia”. Sí, la misericordia para toda criatura, porque misericordia es lo que vemos en el Jesús de los evangelios.

Resulta curioso, pero los resultados de los campamentos se evalúan como positivos dependiendo de las conversiones habidas. El concepto de la misericordia tiene otros parámetros de evaluación, por ejemplo: personas aliviadas en sus problemáticas individuales, ayudadas en sus procesos de desarrollo, horas invertidas en escucharles, tiempo ofrecido de sana diversión. Estoy convencido, porque lo he comprobado, que muchos de esos maravillosos chavales acuden a los campamentos sumamente cargados de problemas de los que les gustaría sentirse aliviados después de haberse pasados unos días bajo la atención de unos sirvientes monitores. Esto nos dice algo: hay que dedicar más tiempo a escuchar. Se dedica tiempo a predicar e intentar modificar la moral de niños, adolescentes y jóvenes, pero menos a enterarse de lo que muchos de los chavales están viviendo, qué los tiene extenuados.

Un aspecto más que es interesante es que en muchas ocasiones a los líderes de campamentos les obsesiona presentarse, ellos mismos, como modelos a seguir. Es cierto que debe de existir este principio, pero sin olvidar que el modelo es Jesús. Ni los monitores, ni la entidad que organiza el evento, son el modelo final.

Algo que debería caracterizar la actividad lúdica de campamentos cristianos debiera ser la diversión y el trato amable con los campistas. Nada impositivo, como si el monitor fuera la autoridad máxima sobre los chavales y su verdad fuera la única verdad. Nada debiera darse que hiciera de uno de nuestros campamentos algo similar a aquel que yo conocí en el año 1962. Deberíamos tener cuidado, porque el riesgo es real. “Muchas personas que están convencidas de su gran valía utilizan la crueldad como herramienta preferida para demostrar su convencimiento” Roy F. Baumeister. Egoísmo y Agresión, 1999. Es curioso, pero resulta que todos aquellos líderes que actúan de forma violenta o agresiva sobre las personas que forman los equipos que lideran suelen ser personas con complejo de inferioridad, gente frustrada consigo mismo, que busca apaciguar su autodesprecio agrediendo a personas vulnerables.

La mayoría de nuestros chavales en un contexto de un campamento cristiano son personas vulnerables y debiéramos ser extremadamente exigentes con el equipo de líderes o monitores para que, en ningún caso, esa vulnerabilidad sea utilizada, incluso, para la captación a ningún tipo de seguimiento.

Los padres, en nuestras congregaciones, cada verano, reciben un gran cambalache de ofertas de campamentos de todo tipo. Suele suceder que la elección de donde enviamos al niño este verano, muchas veces, como decíamos, viene determinada más por la conveniencia de fechas que por cualquier otra razón. Tal vez, la elección debiera ser un poco más depurada y cuidada y deberían exigir que se les explique el ideario de la actividad y la motivación de los monitores, vosotros, ésos que seréis los líderes por unos días de sus hijos. Más que nada, es para que no se lleven sorpresas, como le sucedió al pobre Paco, mi padre.

Por tu parte, si después de leer mi carta sigues interesado en ser monitor de campamentos cristianos, creo que habrás tomado una sabia decisión, pero, por favor, esfuérzate y ten las ideas muy claras de lo que debe ser la responsabilidad de un monitor de campamentos cristianos y escoge bien con quién decides colaborar para que mejoremos, por lo menos, en este área del liderazgo.

Un fuerte abrazo.

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