De mis tiempos de profesor de secundaria conservo algo bastante original: una tertulia. Una vez al mes nos reunimos algunos compañeros (más compañeras), de los que sólo dos nos confesamos cristianos (evidentemente, yo soy el único protestante), para hablar de todo lo humano y lo divino en torno a una mesa con algo para picar. En mi última tertulia, el diálogo derivó hacia la situación social en España y en el mundo, y mis amigos (licenciados de edad media) manifestaron un profundo sentimiento de miedo hacia el aparente aumento de la violencia, no sólo en España, sino en todo el mundo. Lee más…











