Posted On 10/06/2022 By In Opinión, portada With 179 Views

El Dios cercano y necesario | Ramón Pinto Díaz

Hoy, debido a la pandemia y la guerra en Ucrania, el aceite y la harina se elevan a precios nunca vistos, ¿Los tiempos de Elías han vuelto?

La literatura económica es elocuente en esto. A medida que el precio de un producto sube, un grupo cada vez mayor de personas va quedando excluida del mercado que lo ofrece. Y si el precio del producto se eleva a niveles extremos, éste  adquiere la connotación  de artículo  de lujo, pudiendo ser adquirido solo por personas millonarias.

Pero el precio de un producto no varía  por simple capricho, sino que responde a la abundancia  y/o escasez  del mismo. Mientras  más  escaso es el producto  más alto será su precio.[i]

No obstante, muchas veces  la escasez de los productos no obedece a situaciones naturales, sino que se explica por la egoísta acción humana, que de  modo frío y calculador genera la escasez  necesaria para elevar el precio y así aumentar las ganancias.

Es el caso de la OPEP, que reúne a la mayoría  de los países productores de petróleo, y donde se acuerdan las cuotas de producción para cada país miembro, con el propósito de para mantener el precio lo más  alto posible sin destruir (idealmente) con ello la economía  mundial.  Esta práctica juega al filo de la navaja, arriesgando constantemente provocar una crisis energética y política mundial.[ii]

En la agricultura se ha recurrido a la quema de cosechas para elevar los precios de sus frutos. En nuestra historia relativamente reciente, se han quemado cosechas equivalentes al consumo de todo el continente americano. Han ardido bajo las llamas de la ambición y la especulación, miles de millones de hectáreas, las que han beneficiado a los ambiciosos propietarios.

¿No se podía  regalar? ¿Era muy irracional darlo a los pobres? ¿Era más lógico quemarlo antes que ser consumidos?. Tristemente, las ganancias  económicas están por sobre las personas.[iii]

Con estos ejemplos podemos ver que la escasez  es un fenómeno bastante relativo. Y no siempre significa  que haya carencia real de un producto, sino por el  contrario, éste puede abundar, pero solo está disponible para los pocos que puedan pagar por él.

Respecto a las carestías, La Biblia nos relata una muy conmovedora historia del encuentro entre el profeta Elías y una viuda de la aldea de Sarepta. Elías cansado y hambriento de su caminata, le pide pan a la desdichada viuda; ella resignada, le confiesa que apenas tiene un puñado de harina y unas gotas de aceite para hacer un último y pequeño pan para comerlo junto a su hijo; para que luego del «festín» aceptando su realidad, se dejen morir.

Al escuchar  sus palabras el profeta le expresa un mensaje de esperanza, que contra toda ley de la naturaleza, pero coherente con el carácter de Dios (Isaías 41:10), les promete provisión abundante de harina y aceite, lo básico  para hornear pan, hasta que nuevamente llegue la abundancia a su hogar (1 Reyes 17:12-14)

Sin embargo , aunque no lo señala el texto, podemos inferir lo que sucedía en aquella época en otras partes del reino del norte. Tanto la corte real, la clase sacerdotal y las familias privilegiadas por el rey; no percibían la carestía en Israel del mismo modo que la viuda. Para ellos la sequía en Israel podía ser preocupante, pero no de vida o muerte, ya que poseían grandes riquezas que les permitían comprar a las caravanas extranjeras, o ciudades vecinas, lo que no se hallaba en los mercados de Israel.[iv]

Por esto, desde la antigüedad nada es más obsceno que morir de hambre, enfermedad o frío por falta de dinero. Tristemente en nuestra sociedad es un fenómeno tan común, que parece normal, como si fuera parte de las condiciones del juego económico  que nos impusieron jugar.

Por ello podemos asegurar que la necesidad no es transversal, no afecta a todos por igual, sino que es relativa y se manifiesta en nuestra sociedad según la riqueza material de cada persona.

Si nuestras necesidades son diferentes nuestras plegarias también pueden ser diferentes entre un mismo grupo de creyentes. Ya que según nuestras necesidades invocamos hacia el atributo divino que necesitamos de Dios: Provisión, sanidad, protección, cobijo, etc.

De este modo, «bajamos» a Dios del Cielo, y lo volvemos cercano, un «Dios Personal».

Es lo que nos refuerza con vehemencia el místico Tony de Mello, respecto al carácter Dios Personal, señalando que la revelación divina y su mensaje se vuelve particular e intransferible, y solo (él) yo, en el presente del mensaje puedo interpretarlo, y solo para mí.[v]

Hoy por hoy se mantiene la discusión entre el Dios Trascendente que no interactúa con la humanidad, y el Dios Personal que camina diariamente con ella. Paradójicamente, cada posición describe de modo tan diferente a Dios, que pareciera que habláramos de dos divinidades distintas.[vi]

No obstante, aunque no queramos visualizar a Dios como una despensa de alimentos, medicamentos o gestor de bienes raíces; o incluso, como una divinidad asistencialista. La convicción de que Dios nos acompaña en lo cotidiano necesariamente lo vuelve personal, y por tanto íntimo e inmanente. (Salmos 145:18)

Sin embargo, quienes están satisfechos en sus necesidades básicas prefieren al Dios trascendente, criticando a quienes buscan al Dios cercano que provee en lo cotidiano. Aluden un cierto infantilismo espiritual en quien ruego a Dios lo básico, como si enlodara al Dios que esta sobre todas las cosas. Como si cierta elegancia de la divinidad se basara en su completa trascendencia y distancia del ser humano.

Estas personas se olvidan que su crítica no es más que una respuesta egoísta a un estómago lleno y una casa segura, negándose a toda sensibilidad y empatía con aquellos creyentes que necesitan urgente al Dios cercano.

Contra esta visión encontramos que un espíritu hambriento y sediento es precisamente lo que Dios bendice (Mateo 5:3), pues tal condición reconoce la total y absoluta fragilidad y dependencia hacia Dios.

Puesto que, quien ha perdido toda esperanza en la humanidad, sólo en el Dios cercano encuentra su proveedor

Pablo extrema está convicción y nos señala que Dios vive «en» nosotros; por tanto, compartimos nuestra  experiencia de vida con la divinidad (1 Corintios 3:16–17). Y si es así, Su Presencia es consciente de nuestra realidad y sus necesidades (Mateo 6:32).

Es por ello que aunque nos enfrentemos a desastres provocados por la humanidad (guerra) o provocados por la naturaleza (desastres naturales), podemos contar con un Dios cercano que está atento a nosotros. (Salmos 75:1)

Y aunque no es un mayordomo ni un cajero automático dispensador de dinero, pese a ello, provee. Y junto a ello Su Presencia en nosotros nos acompaña en las travesías.

No temeremos, ni nos desolaremos ante las crisis que se aproximen; Dios está  aquí para peregrinar en unidad en esta experiencia existencial.

En Cristo proyectamos la figura del Dios cercano y atento a nuestras múltiples vulnerabilidades. No considerando ninguna necesidad como demasiado básica, como para no atenderla.

Hay una bendición especial y una sabiduría divina, en aceptar nuestra fragilidad y total dependencia de Dios. En la debilidad DIOS se fortalece en nuestras vidas, manifestándose por medio de su Voluntad obras de la fe, incluso más allá de lo posible. Milagros.. (Romanos 8:26)

Milagros, esa palabras que puede ser incomoda incluso en creyentes. Al igual que la fe que acompaña lo imposible. Pero esa incomodidad poco tiene que ver con el rechazo al fanatismos, sino por el contario, refleja como un barómetro la consistencia de nuestra propia creencia en el Dios cercano. Porque al que cree, todo es posible (Marcos 9:23)

El Dios cercano invita a un peregrinaje sin agendas ni horarios, llama a una espiritualidad no domesticada. Es el camino de la fe impredecible, que nos desafía, y nos lleva hacia la inevitable dependencia a Dios.

El Dios cercano es la aventura de espiritualidad más apasionante que tendremos en nuestra experiencia de vida. Dios en nosotros y con nosotros en lo cotidiano.

Así, tal como los peregrinos de Emaús, nuestro corazón arderá de alegría ante cada palabra que Dios nos transmita en nuestro diario caminar (Marcos 24:32)

Por esto descansamos, confiamos, agradecidos de Su Presencia en nuestras vidas.  Y nos sentimos inspirados a exclamar con todo el corazón:

No temeré, porque tu estarás conmigo (Salmos 23:4)

 


[i] Pindyck, Robert,Microeconomía, pág. 126-163

[ii] Crisis mundial del petróleo 1973. https://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_del_petr%C3%B3leo_de_1973#:~:text=La%20crisis%20del%20petr%C3%B3leo%20de,(OPEP)%20(m%C3%A1s%20Egipto%2C

[iii] Uno de los clases que destacan esta práctica fue la “Quema de café”  en Brasil -1931-44. https://juntadelcafe.org.pe/hace-90-anos-en-busca-de-la-salvacion-brasil-quemo-miles-de-millones-de-libras-de-cafe/

[iv] Leipoldt & Grudmann , Mundo del Nuevo Testamento, pág.202

[v] DE MELLO, Anthony, (El Dios desconocido, pág. 18)

[vi] https://mercaba.org/Rialp/D/dios_trascendencia_inmanencia.htm

 

Ramón A. Pinto Díaz

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