Posted On 12/07/2021 By In Cultura, Opinión, portada With 139 Views

Hafiz de Persia y la mística como embriaguez | Juan Pablo Espinosa Arce

 

1. Hafiz como figura mística y poética

Quisiera en estas líneas ofrecer una lectura propia de la poesía mística del poeta persa-iraní del siglo XIV Hafiz, lectura que se realizará desde el enfoque o criterio de pensar la mística como embriaguez, de adentrarse en cómo la embriaguez puede constituir un camino místico y de pensar cómo el vino marca una posible gramática de la mística de como desmesura. Una primera aclaración me parece importante: al hablar de embriaguez estamos utilizando este concepto como metáfora o símbolo de aquello que el místico/mística experimentan en el encuentro con lo divino. Con ello, no estamos haciendo referencia a una embriaguez física producida por el exceso de alcohol en la sangre, sino que queremos entender el vino y sus efectos desde una simbólica poética y figurativa.

Hafiz ha sido catalogado como el “mejor representante de la poesía sufi” (Nasrollah S. Fatemi). El sufismo o los sufí constituyen el corazón espiritual y esotérico del Islam. A juicio de Nasrollah S. Fatemi, “en Hafiz, el gran poeta místico de Persia, encontramos las mejores manifestaciones de las ideas sufíes”[1]. Una de las cosas que personalmente más me llaman la atención de las manifestaciones místicas es la libertad con la que ellas se expresan en la vida de los seres humanos. Hay un carácter disruptivo y casi anárquico en la experiencia mística, en cuanto ella ofrece lenguaje marcado por los criterios lúdicos, poéticos, simbólicos. En la mística se suscita un exceso en sus sentidos. Dichos imaginarios obligan al místico a tratar de balbucear sus experiencias con lo sagrado o lo divino a partir del lenguaje simbólico.

En el caso de Hafiz de Persia serán los símbolos del vino y la embriaguez los que le permitirán expresar lo que sucede en la relación con la fuente original de la vida, con lo sagrado, con Dios. El poeta y el místico sufí se siente emborrachado por dentro. Experimenta una auténtica embriaguez mística. Esto ha sido reconocido por Luce López Baralt quien, y a propósito de un estudio sobre la simbología mística musulmana en Juan de la Cruz y en Teresa de Ávila indica: “Aunque los sufíes no sean los primeros en utilizar el vino o la viña como arquetipo de sabiduría espiritual (ya en el Gilgameš y en la Mišna encontramos la asociación), en la literatura mística musulmana, tras numerosos siglos de uso, se lexicaliza la equivalencia del vino entendido invariablemente como éxtasis místico”[2].

En la lectura de la poética de Hafiz podemos encontrar expresiones como: la embriaguez es la figura más alta del amor; el vino como símbolo y figura de lo experimentado en el encuentro con Dios; la iluminación santa que ocurre en medio de la embriaguez del vino; figuras sugerentes como el copero o espacios sagrados como la taberna.

Nuestra intención en esta propuesta es ofrecer una auténtica cata del vino poético de Hafiz. Para ello, recuperaremos algunos poemas que, del libro Los gazales de Hafiz, nos permiten desprender las figuras y símbolos que hemos mencionado anteriormente. Hacia el final de los poemas, realizaremos algunas reflexiones en torno al carácter dionisiaco de la mística y buscaremos indagar en algunos puntos que nos permitan recapitular y tratar de comprender la poesía del gran místico persa.

 

2. Cata de poesía, vino y mística

 

“La vendimia”

“He aquí de nuevo
el vino me hace suyo.
De nuevo el vino me conquista con sus caricias.

¡Bendito seas mil veces, rojo vino que das a mi rostro
Los colores de la alegría!

¡Bendita sea la mano que
Cosechó el racimo!
¡Que el pie que lo pisó
No tambalee nunca!

¡Quienes beben vino puro como Hafiz,
Son los que se embriagan con el único en la copa de la eternidad!

 

“La taberna”

“El último día, Hafiz,
Aunque en tus manos tengas aún la copa,
Podrás, desde la taberna ser conducido al paraíso”

 

“Las rosas de la noche”

“Toma la copa y bebe ya,
Que el copero ofrece el vino puro”

 

“En la taberna”

“Bebe el vino al son del arpa
Y echa lejos de ti la pesadumbre.
Si te dicen “no bebas”, responde:
Dios está lleno de misericordia”

 

“La ausencia”

“Dame, ¡oh Sakí!, la copa:
Ese espejo que nos evoca a los que están ausentes”

 

3. Algunas pistas para la lectura de la poesía embriagadora de Hafiz

 Hemos ofrecido algunos de los intensos poemas místicos de Hafiz, destacando en ellos el imaginario y el símbolo del vino, de la embriaguez y de la experiencia del encuentro con lo divino expresado a través de las figuras del copero o de la taberna. Es sugerente pensar cómo las grandes figuras de la mística manifiestan que el camino de encuentro con Dios se puede expresar como un exceso, una desmesura. Alguna vez escuché al rabino Marcelo Kormis quien indicaba que para entrar en la mística (en su caso judía) era necesario desestructurar el pensamiento. Gershom Scholem, una de las figuras más representativas del estudio de la Cábala judía expresa que lo místico tiene que ver con un salir del marco de lo acostumbrado, tiene que ver con el juego, con las relaciones con la magia y con el poder de creación a través de símbolos de crisis.

Es interesante también percatarse que el vino, como camino hacia el encuentro con lo sagrado, involucra la presencia de otros que colaboran en su ofrecimiento. Así en el poema “La vendimia”, Hafiz agradece y bendice a los que tomaron los racimos y a los que aplastaron las uvas para hacer el vino. Se destaca también la figura del copero (“Las rosas de la noche”), el cual ofrece el vino cuando la copa se vacía, copa que puede ser símbolo de la vida del místico. Destaca también el lugar sagrado de la taberna, la cual y para Hafiz es la puerta de acceso al paraíso. Este sentido de taberna-paraíso podríamos encontrarlo también el Corán. En la sura 76 sobre el hombre (las suras son los capítulos del libro sagrado del Islam) se lee que a los justos, en su llegada al Paraíso, les será ofrecido vino. Dice el Corán:

(12)
Su recompensa por haber tenido paciencia es un jardín y seda.

(13)
En él estarán recostados sobre lechos y no verán solana ni helada.

(14)
Las sombras estarán sobre ellos, cercanas, y sus frutos bajarán sumisamente.

(15)
Se circulará en torno a ellos con vasijas de plata y copas que serán cristal,

(16)
cristal de plata, cuyas proporciones habrán medido con exactitud. [Es decir, tendrán la transparencia del cristal, siendo de plata.]

(17)
En él se les dará de beber un vino cuya substancia será jengibre.

(18)
Y habrá una fuente llamada Salsabil [Que significa la de dulce y fácil bebida.]

Quizás por ello la taberna es el espacio para acceder al Paraíso, en cuanto ambos espacios sagrados comparten la presencia del vino y de su deleite como símbolo de la vida eterna y del consecuente encuentro con Dios. En esto, creemos que la figura de los “ayudantes” propuesta por el filósofo italiano Giorgio Agamben nos puede ayudar a pensar en el copero, en los que aplastaron uvas o en los que sirven en la taberna. Para Giorgio Agamben y los ayudantes anuncia la existencia del “país de la abundancia”, el nuevo mundo. Por lo tanto, ellos son personajes mesiánicos o escatológicos. Ibn Arabi, otro gran místico sufí, habla de los “ayudantes del mesías” los cuales son hombres que, en el tiempo profano, poseen ya las características del tiempo mesiánico, pertenecen ya al último día. La función del ayudante es ser traductores de la lengua de Dios a la lengua de los hombres. Para Ibn Arabi el mundo es traducción de la lengua divina y, en esta lógica, los ayudantes revelan un misterio escondido y anuncian al Mesías que vendrá a enderezar lo torcido.

 

4. ¿Una vida dionisiaca para nuestro tiempo?: ansias de una mística vital

 Finalmente, una palabra sobre el carácter dionisiaco como figura e imaginario del vino y de la embriaguez como posibilidad de vivir nuestro tiempo. El filósofo Eduardo Nicol en su obra La idea del hombre, define que la mística es un modo originario de acceder a la divinidad. Los místicos hablan del ascenso que ellos han tenido al encuentro de lo sagrado o divino, experiencia que es propia pero que puede ser comunicada a la comunidad como educación y deificación a través de un lenguaje simbólico y aproximativo. La mística nunca ofrecerá códigos certeros, sino que siempre serán un balbuceo. Olvani Sánchez habla de los “caminos de expresión” como forma en la que los místicos comunican sus experiencias.

En la mística sucede el llamado carácter apofático o negativo que, en palabras de Javier Melloni supone “ser guiados más allá de la perplejidad”[3], asumiendo que la perplejidad representa el corazón del camino místico. A su vez, indica la importancia de balbucear las palabras por medio de las cuales expresamos los aspectos que queremos comunicar. Es en medio de esa perplejidad y de esa Profundidad en donde, y como inquiere Melloni “toda palabra se desvanece”[4]. Y en otro lugar, esta vez hablando de la labor de la teología como dispositivo lingüístico que busca expresar el acontecimiento de lo sagrado, el mismo Melloni expresa: “la teología no deviene una construcción de un sistema de pensamiento en la que secuestrar a Dios sino una deconstrucción permanente de todo sistema para abrirse al Dios siempre mayor, oculto en la misma capacidad de pensar, de inquirir e indagar que ha dado a los humanos para encontrarlo”[5]

Por ello, y en diálogo con Eduardo Nicol, mantenemos la consideración que el místico está vinculado con Dionisos. El dios Dionisos es figura del entusiasmo, es la figura que altera el orden establecido, es el dios loco. El mundo griego reconoce en Dionisos la fuente de inspiración, una fuerza impulsora. Quizás, y para nuestro tiempo, sea necesario pensar y proponer una teología mística de carácter dionisiaco, una espiritualidad que da espacio a la creatividad, a la locura, al juego y al vino y que evita encerrar a Dios en conceptos acabados. La locura del vino, la embriaguez como camino místico, la figura del copero y la taberna, todo ese imaginario tan sugerente de Hafiz, nos pueden ayudar a pensar en las ansias de encuentro con Dios, ansias que, pensamos, se actualizan en momentos de profunda crisis.

El místico y el poeta expresan sus palabras en momentos de profunda noche oscura, de falta de sentido cotidiano, de aparente silencio divino. El místico y el poeta trabajan con las crisis humanas, espirituales, sociales, culturales y personales. Y, desde esas crisis, son capaces de ofrecernos pequeñas luces para caminar el tiempo, los días y dar sentido a las experiencias que nos constituyen en seres abiertos al mundo, a los otros y a la trascendencia.

 


[1] Nasrollah S. Fatemi, “Hafiz, el mejor representante de la poesía sufi” (Estudios de Asia y Africa Vol. 18, No. 4 (58) (octubre – diciembre de 1983), págs. 584-603 (20 páginas) Publicado por: El Colegio de México, Estudios de Asia y África; https: // www. jstor .org / stable / 40312722

[2] Luce López Baralt, “Simbología mística musulmana en San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús”, en: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/simbologa-mstica-musulmana-en-san-juan-de-la-cruz-y-santa-teresa-de-jess-0/html/021e4a2a-82b2-11df-acc7-002185ce6064_11.html?fbclid=IwAR3DZBNKD2Q3VDhecctmvJ4E5ry-jVYl7DUfFD8_YU6uLverOpjlhl7EJ2o

[3] Javier Melloni, Hacia un tiempo de síntesis (Fragmenta Editorial, Barcelona 2011), 191.

[4] Javier Mellonim, “Prólogo”, en Abdemumin Aya y José Manuel Martín Portales, El Dios de la perplejidad (Herder, Barcelona 2010), 9-11, 9.

[5] Javier Mellonim, “Prólogo”, en Abdemumin Aya y José Manuel Martín Portales, El Dios de la perplejidad (Herder, Barcelona 2010), 9-11, 11.

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