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Debo quejarme ante mi prójimo y solicitarle consuelo. Lo que él entonces me ofrezca y me prometa como consuelo, eso será también un «sí» junto a Dios en el cielo. A la inversa, también debo yo consolar al otro y decirle: Querido amigo, querido hermano, ¿por qué no te olvidas de tu preocupación? No es voluntad de Dios que te advenga un solo sufrimiento. Dios dejó que su hijo muriera por ti, para que no estéis tristes y puedas vivir alegre. Por eso, anímate y no tengas miedo: con elloRead More

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