Posted On 22/04/2017 Por En Entrevista, Entrevistas, Libros, portada With 1423 Views

Emociona emocionar: una entrevista

Andrés Rodríguez

Andrés Rodríguez Domingo nació en Barcelona, el 19 de septiembre de 1968. Diseñador gráfico y Creativo de profesión desde hace 30 años, ha trabajado en diversos estudios de diseño y agencias de comunicación.

Reconoce que antes de cumplir los cuarenta apenas leía y menos aún escribía. Andrés Rodríguez Domingo confiesa que fue la ansiedad la que dejó a su sensibilidad maltrecha en un escalón justo por encima de donde había estado siempre. Empezó a leer entonces descubriendo el universo de las emociones del papel escrito. Y fue justo ahí cuando probó él a mezclar las palabras.

¿Quién eres?

Alguien que empezó a escribir tarde.

¿Y qué tal se te da?

Prefiero que opinen los que me leen, aunque escucho que no lo hago del todo mal.

¿Cuál es tu obra a día de hoy?

A finales de este año habrá cuatro novelas corriendo por el mundo. Tengo otras dos que se están gestando y algo más hay en el horno.

Háblame de lo que podemos leer…

Publiqué «El tiempo de la cebada» en 2010, fue mi primera novela. Durante mi infancia en casa siempre había alguna Biblia al alcance, solíamos leer sus historias. La imaginación es el motor de los pensamientos y, por tanto, de la fe. Yo no me fío mucho de quien tiene respuestas para todo. Suele ser gente que nunca duda de lo que cree y eso significa que lee poco

¿Y de qué trata?

En la novela relato situaciones muy conocidas, al menos en ambientes de tradición cristiana. Yo no me atrevería nunca a alterar el sentido de los textos bíblicos, eso ya lo hacen otros que en mi opinión son más osados y algo inconscientes. Yo viajo, sencillamente. Me meto en medio de los personajes conocidos y doy vida a otros para que respondan a mis preguntas. ¿Cómo podría haber sido el encuentro entre la madre de Judas y la madre de Jesús? Piensa que en el mismo día en que uno se suicida colgándose, al otro le asesinan los romanos clavándole en una cruz. No existe nada más terrible que ver morir a un hijo… son estos los que deben enterrar a sus padres. Otro asunto que aparece en esta novela, en forma de trama, es que cuando yo era niño solía pensar dónde habría estado Jesús durante los tres días en que se nos dice que estuvo en el sepulcro antes de resucitar. Así que me apetecía darme una respuesta. Tendrás que leer la novela si quieres saber donde pudo haber estado.

Cuéntame algo sobre «MAN-HÚ».

Me apetecía investigar sobre la medicina en el antiguo Egipto y su concepción de la muerte. Mi objetivo era enfrentarla a la visión de los hebreos en la acción que transcurre 1447 años antes de Cristo. Desde la lectura de los cinco libros del Pentateuco del Antiguo Testamento, quise ver al pueblo hebreo en el desierto. Por eso di vida a Nebenkeme, un médico que pudo haber vivido en el palacio del faraón mientras que Moisés era todavía un mocoso. Los dos personajes volverán a encontrarse en el largo y penoso éxodo por el desierto del Sinaí. Es una historia que se sustenta sobre los mismos textos sagrados que comparten las religiones monoteístas: Islam, Judaísmo y Cristianismo. Fascinante.

¿Te autoeditas?

¡Que remedio! Es muy difícil que una editorial apueste por ti sin tener agente, padrino o sin haber ganado ningún premio. El año pasado participé en varios certámenes de novela, sin éxito, y mandé manuscritos a editoriales… con un poco de suerte te responderán con un simple: «su obra no encaja con nuestra línea editorial», o «ya no aceptamos más manuscritos». Aunque lo más habitual -al menos desde mi experiencia- es que ni te contesten… pasan de ti, quiero suponer que somos muchos los que escribimos y que llega demasiado material a la mesa del editor y a su equipo de lectores. Confío en que las cosas cambien, aunque de momento me cueste dinero escribir seguiré haciéndolo a través de editoriales especializadas en coedición.

Acabas de publicar «La piel de nadie». Una historia sorprendente cargada de suspense.

¡Y que bien que me lo he pasado! Tenía ganas de escribir una novela que nada tuviese que ver con las anteriores, de ficción, actual, llena de intriga, lujo y mucha creatividad. Está teniendo muy buena acogida. Me cuentan los lectores que engancha de forma adictiva. Les encanta. Incluso hay quien dice que ha soñado con su protagonista.

Precisamente, el personaje Gustavo De Souza es un escritor que ha dejado el diseño por la literatura.

Ya veo por donde vas… pero no, no soy yo. ¿Te imaginas? Aunque tiene mucho de mí, claro.

Esperábamos primero la novela histórica sobre tu padre, el pastor protestante Sebastián Rodríguez Gómez.

Cuatro años me ha llevado escribirla. «Biengastados». En sus últimos años de vida el alzhéimer le había arrancado todos sus recuerdos, uno a uno. Su vida había sido borrada por completo de su mente, así que la tarde de los viernes solía leerle los episodios escritos durante la semana para ir devolviéndosela poco a poco. También le contaba detalles sobre las más de cincuenta entrevistas que mantuve con antiguos amigos. Le hablaba de los descubrimientos que había hecho en archivos. Le enseñaba fotografías para presentarle de nuevo los rostros olvidados. Le comentaba sin tapujos lo que me parecían sus trabajos o artículos y también pude expresarle con libertad mi opinión sobre gran parte de sus sermones. En otras ocasiones, simplemente, le contaba los pormenores de viajes que yo hacía por Huesca, Zaragoza, Alicante o Madrid para hurgar en su pasado. Un «trabajazo», como dicen mis hermanos, pero sin duda valió la pena. Verle la cara cuando escuchaba su propia historia fue genial. Me emociona emocionar. Sebastián y Eunice fueron personas extraordinarias y yo tuve el privilegio de contar entre sus hijos.

¿Para cuándo está previsto que llegue a nuestras manos?

En verano, para leer durante las vacaciones, no te compres otra (ríe). La presentación será un homenaje en toda regla a los hombres y mujeres protestantes que sobrevivieron a la España que saltó por los aires en la Guerra Civil. Aunque debo advertir de que la extensión se me ha ido un poco de las manos, tanto, que he tenido que dividir la historia en dos volúmenes: «La memoria robada» y «El susurro de las piedras». La primera comienza con Sebastián Rodríguez en un pequeño cementerio de Huesca, buscando nombres en las tumbas de antiguos protestantes. Es una novela donde se resume la historia de mis antepasados de Valencia y Albacete. Abarca desde 1880 hasta el 22 de junio de 1966, que fue la última tarde en la que los dos protagonistas vivieron en Zaragoza.

¿Ha resultado difícil escribir la vida de tus propios padres?

No, en absoluto. Además, pude hacerlo sin pudor, tenía su permiso (ríe). Lo que sentía era vergüenza ajena conforme avanzaba en mi investigación. Al constatar las calamidades que tuvieron que padecer las personas que defendían su libertad de conciencia, ideales que no comulgaban con la dictadura de Franco. Los personajes de la novela, en su caso, sólo querían vivir la fe cristiana a la manera protestante. España es un país con una historia borrosa, gris y nublada. Y eso que ya lo advirtió Azaña al decir que «un país sin memoria es una sociedad sin historia». El acoso y persecución a la minoría evangélica, durante y después de la Guerra Civil, continúa hoy siendo una crónica desconocida, olvidada. Pero hubieron exiliados, fusilados, depurados, castigados… La ofensa del estado español todavía continúa indemne. Hubieron dos grupos que no recibieron ni tan siquiera una disculpa: los masones y los protestantes. Ningún gobierno desde la Transición ha tenido agallas para plantarle cara a su historia. El español es así, muy gallito pero muy cobarde.

Son viejas heridas…

Una de tantas. La historia de nuestro país está salpicada de cicatrices. Estoy convencido de que para la inmensa mayoría ésta es desconocida. Me conformaría con sacudir un poco las conciencias. Dentro de muy poco tiempo ya no quedarán testigos vivos de la Guerra Civil. Los protestantes que por entonces eran niños se llevan su fe y sus historias a la tumba, así que creí necesario darle un pellizco al olvido. Quien lea «La memoria robada» transitará por un arcén del pasado patrio.

¿Puedes contarnos algo más?

Escalofriante resultó el asunto de las escuelas, por ejemplo. Desde el principio la educación era un puntal básico en las ideas de la Reforma de Lutero, y el analfabetismo en la España de principios de siglo era salvaje. Por eso, ya en tiempos de la Segunda República los protestantes eran conocidos porque el territorio nacional se había llenado con sus escuelas, pequeñas y grandes. «El Porvenir», en Madrid, «La Escuela Modelo» de Alicante, «La Escuela del Poble Nou», en Barcelona o «La Escuela Nueva» de Jaca. Colegios todos con un nivel académico excepcional que habían dejado al descubierto el poco, o nulo, interés de la iglesia católica de entonces por la educación popular. Al igual que sus teólogos y pastores formados en importantes universidades europeas, que escribían sus artículos en la prensa o influían en política… Indalecio Prieto, que se convirtiría en un personaje clave del socialismo, había estudiado en una escuela evangélica de Bilbao… Unamuno llegó a ser conocido como «el amigo de los protestantes»… Hasta el presidente Azaña prologó «La Biblia en España», un libro que narra las aventuras de George Borrow…

¿Y qué pasó?

Que la guerra y los que la provocaron quisieron arrancar de raíz las ideas reformadas. Se calcula que había unos 20.000 evangélicos antes del Alzamiento, y los que sobrevivieron a la guerra se vieron abocados a la clandestinidad cuando sus templos fueron clausurados o incautados, cuando no habían sido destruidos por las bombas. Los 7.000 niños de sus colegios quedaron sin escolarizar. A partir de ahí, el español debía ser católico o no ser nada. Ha sido sobrecogedor ver llorar a ancianos octogenarios mientras relataban la persecución y el acoso que sufrieron ellos y sus familias.

¿Y los protagonistas de la historia?

Los veremos nacer y crecer hasta convertirse en jóvenes entregados que explicaban a sus conciudadanos como relacionarse con Dios.

¿Y dónde estaba ese Dios?

El protagonista lo descubrió en los libros. Era un lector empedernido que con el tiempo se iba a convertir en un teólogo con mucho temperamento. Más tarde, como Calvino, concluiría que había sido el mismo creador quien le había estado buscando desde mucho antes. Él se esforzaba en amarle por encima de todas las cosas, cada día. Fue la ética sin dobleces que lucía mi padre la que le granjeó el respeto de todos. En la novela podremos verle en su juventud, aterrorizado por la poderosa Iglesia católica, donde los pecados mortales o el purgatorio eran los crueles castigos de un Dios inaccesible. Fueron los protestantes quienes le ofrecieron su primera Biblia. Entonces sus ojos se abrieron a un mundo nuevo donde se encontró con Eunice, la mujer con quien iba a compartir una fe prohibida.

Has empezado bien el año…

Y me gustaría acabarlo con las cuatro novelas en formato electrónico disponible en todas las plataformas digitales. Que sean accesibles desde cualquier rincón del mundo es increíble.

¿Y después?

«El susurro de las piedras» está en fase de revisión, así que habrá que acabarla. La gente me pide que no tarde mucho en hacerlo, aunque todavía debo darle alguna vuelta más. Yo soy un tipo obediente, mis lectores me piden que escriba (ríe). Esta segunda parte se centra en el trabajo de Sebastián Rodríguez en Barcelona por treinta años, sus viajes y sus libros. Conoceremos al detalle la historia del primer templo protestante que se construyó en la ciudad: la Iglesia de San Pablo. Y también podremos ver como llegaron los protestantes que vinieron a quedarse en la Barcelona de 1868, pero primero habrá que esperar a ver como funciona «La memoria robada».

¿Tienes más proyectos en marcha?

Tal vez retome la segunda parte de «El tiempo de la cebada». Aunque el proyecto más inmediato es otro relato que ya se mueve entre mi cabeza y el papel.

Cuenta, cuenta…

Se trata de una historia de ficción muy potente. Incluso creo que es demasiado cruda, de rasposa actualidad. La protagonista es una misteriosa periodista noruega llamada Stina Naess, que llega como profesora a un pueblecito asturiano. La acción transcurre a caballo entre Asturias y las Islas Lofoten, la tierra de los antiguos vikingos. Una historia que nada tendrá que ver con el resto mis libros. Todavía estoy inmerso en el período de documentación.

¿Tiene título?

Solo te diré que le tengo muchas ganas. Promete…

Habrá que esperar entonces.

Un escritor debe tener paciencia. Y el lector más si cabe. Además, por trabajo tampoco puedo dedicarle a la escritura todo el tiempo que me gustaría.

¿Te ves viviendo de la literatura?

Prefiero no soñar, podría suceder.

Te seguiremos la pista.

Es fácil. Sigue mis letras.

 

 

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