Posted On 15/05/2013 By In Teología With 2446 Views

Creer, ver y cuestionar. Testimonio de un educador teológico

Las y los educadores teológicos latinoamericanos de una y otra manera fuimos influidos por la famosa trilogía de la revisión de vida acuñada por la mitad del siglo XX en tierras europeas: ver, juzgar y actuar. La usamos, abusamos, adaptamos, trivializamos a nivel pastoral, teológico y educativo. Dejamos frecuentemente de considerar que el ver está profundamente condicionado por nuestras fes, deseos o premisas epistemológicas. Por otra parte cuando nos asaltan dudas sobre la salud de nuestras apuestas, esperanzas y creencias, resulta saludable recordar y expresar convicciones sólidas, visualizar esperanzas persistentes y, paralelamente, desechar lo que perdió sabor y sentido.

Para que esos credos salgan de la esfera meramente individual resulta necesario contrastarlos con la realidad empírica, percibir en qué intersticios incógnitos alojarlos para que sobrevivan y crezcan. La confrontación entre el creer y el ver lleva, río arriba, a un cuestionamiento más general sobre las prácticas de las que somos partícipes, el agotamiento de algunas, la reserva de sentido de otras, lo inédito de muchas. Me expondré a este ejercicio dentro del campo de acción que más me ocupa: la Educación Teológica (ET).

Creo
Nuestros pisos teológicos, ideológicos y políticos no terminan de moverse y de resignificarse, algunos se decantan o pulen también.
– Creo en la necesidad de la teología como reflexión sobre la fe dentro de un mundo confrontado a las guerras, a la exclusión, a la opresión, al empobrecimiento y a la destrucción del medio ambiente. Una teología hecha entre diferentes y capaz de discernir la vida dentro de la muerte.
– Creo en una teología al servicio de la Iglesia entendida como comunión de servicio transformador, de celebración contemplativa y de aprendizaje. Una teología en constante recreación capaz de confrontar sus raíces propias con las otras religiones, espiritualidades, culturas y ciencias.
– Creo que las y los creyentes son todos teólogos en la medida en que buscan dar razón de su fe. Teólogas y teólogos son: la madre o padre de familia cuando explican a sus hijos cómo y porqué orar; la o el creyente que busca y da sentido a su vida; la o el militante que, interpelado por sus compañeros de lucha, comparte por qué su fe lo impulsó a abrazar aquel compromiso medioambiental, social o político; la o el pastor que acompaña a su comunidad, dirige un estudio bíblico o predica; la o el teólogo profesional que investiga, traduce e interpreta tal pasaje bíblico, tema doctrinal, ético; que escudriña la realidad desde la fe con todas las herramientas posibles de análisis e interpretación de la realidad.
Todas y todos son teólogos aunque no con el mismo grado de especialización.
– Creo que todos los tipos de teólogas y teólogos mencionados son todos, a su vez, educadores teológicos; por lo tanto requieren de formación y de herramientas específicas para desempeñar su función propia. La formación de una o un teólogo profesional es diferente de la del pastor y esta difiere de la del militante de base. Si cualquier teólogo requiere una experiencia existencial de fe, no por ello el teólogo profesional tiene que ser pastor, ni este teólogo académico.
– Creo en la necesidad de una ET abierta al silencio y al misterio, solidaria con el destino de las personas, crítica frente a los poderes sexistas, religiosos, políticos y económicos.
– Creo en una ET contextual e interculturada que, a pesar de las condiciones de subordinación en las que se encuentra en AL, tenga voluntad y capacidad para compartir y en su caso confrontarse con las teologías dominantes y universalizantes.
– Creo que la o el teólogo profesional requiere una formación extremadamente amplia que le permita aprender y dialogar con todas las expresiones de la humanidad: del arte a la física, de la ciencia a la sexualidad, de la religión a la ecología.

Veo
Tengo el privilegio de recorrer muchas experiencias e instituciones de ET a lo largo y ancho de América latina y el Caribe y confieso que, en varios casos, mis creencias chocan con la realidad.
– Veo que muchas iglesias, independientemente de su tamaño y de sus recursos se afanan en crear su propia institución de ET en vez de compartir esa responsabilidad con otras.
– Veo que el afán denominacionalista de muchas iglesias empobrece la ET que buscan o reproducen.
– Veo espacios exitosos de ET que desconocen tanto su propia tradición como el contexto y las culturas en las que se desempeñan.
– Veo programas de ET cuya teología y eclesiología siguen apuntando a una iglesia que se piensa y se sirve a sí misma.
– Veo una ET en muchos casos monocultural a pesar de la extraordinaria diversidad de sus actores, y en contra de la polisemia del Evangelio.
– Veo dentro de la ET un déficit pedagógico y didáctico como si las verdades teológicas -¿por reflejar a “la Verdad”?- pudieran transmitirse por sí solas.
– Veo instituciones de ET que tuvieron que abandonar su condición universitaria porque no cumplieron con los requisitos oficiales y mantuvieron un funcionamiento doméstico dentro del modelo del seminario.
– Veo instituciones que abandonaron su proyecto ecuménico y su alcance latinoamericano por falta de apertura y de capacidad de negociar espacios alternativos y autónomos.
– Veo que por falta de referentes y de compromisos políticos mayores y externos, los conflictos interpersonales se agudizan hasta volverse el centro de la atención de la ET misma.
– Veo que las propuestas de ET parten más de necesidades y “sabidurías” de directivos y docentes que de las creencias, demandas y expectativas de las y los educandos del Pueblo de Dios.

Cuestiono
Como los evangelios sinópticos nos lo recuerdan, en medio de la tempestad, el contrario de la fe es el miedo y no la duda. Por ello no vacilo en plantear mis dudas bajo la forma de preguntas. Sé que muchas respuestas obligaran a replantear el credo inicial.
– ¿Cuáles son los espacios educativos donde las y los cristianos de a pie, las y los pastores, las y los teólogos profesionales pueden formarse teológicamente? ¿Cómo hacer para que estos tres tipos diferentes de formación teológica tengan puentes entre sí y se enriquezcan mutuamente?
– ¿Para qué pretende cada espacio eclesial crear su propio centro de formación teológica cuando existe un tronco teológico común entre iglesias, denominaciones y confesiones? ¿Qué mecanismos desarrollar para que la teología preste servicios profesionales específicos a las iglesias y a la sociedad sin ser condicionada por esas?
– ¿Qué tienen que hacer las y los educadores teológicos para re-encantarse con la Iglesia y qué tiene que hacer la Iglesia para encantarse con la teología? ¿Quién le quitará soberbia a los teólogos profesionales y quién le restará arbitrariedad a los poderes eclesiásticos?
– ¿Cómo transitar de la cultura del seminario de iglesia a la cultura de la universidad privada y de la administración pública? ¿Cómo instalar en el mundo universitario y en la sociedad el debate entre teología, ciencias de la religión y otras disciplinas?
– ¿Es posible imaginar proyectos de ET superior con altas exigencias académicas que no estén integrados a las estructuras universitarias tradicionales? ¿Quiénes los acreditarán a nivel global?
– ¿Cómo descolonizar y despatriarcalizar la ET en América Latina y el Caribe? ¿Cómo salir del imperialismo epistemológico dominante para que la ET se vuelva intercultural?
– ¿Cuáles son los frutos que ha dejado la corriente de la Teología de la Liberación en el campo de la formación teológica? ¿Dónde están sus huellas dentro de la ET realmente existente en América Latina y el Caribe?
– ¿Cómo recuperar, sistematizar o reconstruir en la coyuntura actual los proyectos latinoamericanos de ET que fueron los más significativos y liberadores?

Creer, ver y cuestionar: un círculo diferente pero tan virtuoso como el ver, juzgar y actuar.

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