Posted On 30/04/2013 By In Opinión With 13050 Views

“Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”

“Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Este dicho castellano se vuelve realidad una y otra vez en nuestro país. Mientras desayunaba escuchando la radio salió en antena el anuncio de Caixabank que tiene por conclusión que aquello que nos hace fuertes es ser fieles a nuestros valores. Presumen da haber sido fieles a sus valores durante más de cien años. Eso me transportaba a otro anuncio de Bankia, de su campaña de 2012, en el que, en el peor momento de credibilidad como institución, nos recordaban la importancia de los valores.

Es curioso que después de haber colocado participaciones preferentes engañando a tanta gente mayor, que después de ser el origen de la crisis actual, que después de tener parte en la concesión de créditos hipotecarios con bajas garantías, que después de necesitar el dinero de nuestros impuestos para salvar sus vergüenzas y su mala gestión, que después de tantas y tantas cosas, ellos nos digan que han sido siempre fieles a sus valores. Uno ahora se pregunta, ¿cuáles deben de ser esos valores de los que presumen y que tanto nos cuesta ver?

Me preguntaba si el riesgo de los bancos no puede ser también nuestro riesgo. A veces escucho cierto tipo de predicaciones que me preocupa. La imagen que se proyecta es que el mal está ahí afuera, el vicio, la corrupción, la falta de valores, etc. Luego se pinta un contraste como del negro al blanco. Se proclama un mensaje triunfalista sobre la Iglesia en la que nosotros aparecemos como puros, verdaderos, con una santidad casi acabada, etc. Temo que estemos olvidando que la Biblia habla de que el mal nos ha afectado a todos, que no hay justo ni aún uno, que no hay quien busque a Dios, que la experiencia de la conversión, del nuevo nacimiento y la regeneración, ha implicado una experiencia de gracia y que esa gracias sigue siendo necesaria ahora. La presencia del Espíritu en nosotros va generando cambios en nuestro interior para que cada vez nos parezcamos más a Jesús, pero es siempre una realidad incompleta. La Iglesia, es decir, los cristianos que la componemos, tenemos mancha y arruga hasta que el Señor complete su tarea en nosotros y esto no será en este lado de la eternidad.

Predicar este tipo de “evangelio” me parece como “venderle la moto” a la gente, como cuando el banco habla de valores. Aparentar ser lo que, por mi experiencia pastoral con tantos hermanos en proceso de crecimiento, no somos realmente. Este hombre con el que camino cuando estoy en soledad me enseña lo que hay en el corazón humano. La realidad que veo en el día a día, compartiendo con estos cristianos sinceros, se parece más a la frase de John Owen: “No soy lo que debo ser, no soy lo que quiero ser, no soy lo que espero ser en el más allá; pero aun así no soy lo que era, y por la gracia de Dios soy lo que soy.” ¿No os suena distinto esto que la publicidad de los valores de los bancos?

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