Posted On 07/12/2010 By In Opinión, Teología With 2511 Views

La evolución… ¿imposible?

Henry Morris es uno de esos creacionistas que ha dedicado su vida a intentar rebatir el hecho de la evolución forzando “argumentos” científicos más allá de su alcance real. Una de las ramas científicas preferidas de Morris es la Termodinámica. Y no es que sea una de sus ramas preferidas porque Morris la haya estudiado seriamente, o porque haya descubierto algo que nadie más había visto antes. Esta es una de las ramas preferidas de Morris porque, si los “argumentos científicos” que Morris encuentra en la Biblia son ciertos, entonces las leyes de la Termodinámica demuestran, según las entiende Morris, que la evolución es imposible. Como él mismo dice:

“Estos pasajes de las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, dejan claro que el trabajo de la creación terminó al final de los seis días. Dios está ahora preservando todo lo que fue creado en seis días, pero no está creando nada. Dios nos ha dicho claramente en su Palabra, por tanto, que nada está siendo ahora creado o destruído, y por tanto no nos ha de sorprender que cuando estudiamos las leyes de la naturaleza encontramos que la más básica, la más universal y mejor probada de estas leyes, sea la ley de la Conservación” (http://www.the-highway.com/against-evolution_Morris.html)

Es un ejemplo más de falta de rigor científico que un creacionista como Morris pueda ver con tanta claridad que la Ley de Conservación de la Energía demuestra que la evolución es falsa. ¿Cómo es posible que Morris haya podido descubrir tal contradicción entre la evolución y una de las leyes fundamentales de la ciencia, un descubrimiento que nadie hasta hoy había podido encontrar? Como él mismo dice:

“Debería ser evidente que esta ley universal contradice, y por tanto demuestra la falsedad de la hipótesis de la evolución, que mantiene que ‘creación’ – es decir, creciente organización e integración y desarrollo – continúa sucediendo hoy día” (http://www.the-highway.com/against-evolution_Morris.html)

No existe ningún científico serio en el mundo que afirme que una de las hipótesis de la evolución es la creación o destrucción de energía. Ninguno. Decir algo así sería absurdo, ya que todo científico sabe que en el proceso evolutivo no tiene lugar ninguna creación o destrucción de energía; simplemente una transformación. En sus ansias por encontrar argumentos científicos para echar por tierra una de las verdades científicas mejor demostradas, Morris intenta hacer uso de otra de esas verdades científicas intentando mostrar que ambas se contradicen, con la triste consecuencia de que en el proceso argumentativo lo único que consigue Morris es mostrar que no conoce realmente de lo que está hablando.

Pero la “ley estrella” para Morris no es la Primera Ley de la Termodinámica sino la Segunda. Esta es la que realmente, según Morris, echa por tierra cualquier intento científico de explicar la diversidad y complejidad de la vida por medio de los mecanismos propuestos por la evolución. Como él mismo dice:

“Y si la Primera Ley de la Termodinámica demuestra la falsedad de la evolución, ¿qué decir de la Segunda? La Segunda Ley, igualmente universal y probada más allá de toda duda científica, afirma que en toda transformación de energía existe una tendencia por medio de la cual parte de esta energía es transformada en energía calorífica irreversible” (http://www.the-highway.com/against-evolution_Morris.html)

¿Transformación de energía? Creía que Morris había decidido que la evolución afirmaba la creación de energía, no su transformación (razón por la cual la evolución y la Primera Ley se contradecían). Parece que ni él mismo se da cuenta del error en el que cae. Tanto quiere creer Morris que la evolución contradice todas las leyes de la Termodinámica que para ello decide cambiar, a medio camino, incluso lo que él mismo dice que la evolución afirma.

A continuación Morris cita las definiciones aportadas por algunos científicos reconocidos acerca de la Segunda Ley. Tomaremos simplemente un ejemplo aquí, el ofrecido por Harold Blum, un biólogo de Princeton:

“La Segunda Ley de la Termodinámica dice que cualquier sistema aislado dejado solo tenderá a una creciente entropía, que también significa que tenderá hacia una mayor aleatoriedad, hacia aquellos estados más probables” (http://www.the-highway.com/against-evolution_Morris.html)

Y después de estas definiciones, Morris vuelve a afirmar, como hizo ya con la Primera Ley, que:

“Es casi imposible pensar en dos leyes más completamente opuestas como el principio del crecimiento de entropía y el principio de evolución. Uno es el opuesto del otro. Como Huxley la definió, la evolución consiste en el continuo crecimiento de orden, de organización, de tamaño, de complejidad. El principio de entropía consiste en una continua reducción de orden, de organización, de tamaño, de complejidad” (http://www.the-highway.com/against-evolution_Morris.html)

En este párrafo Morris comete el mismo error que encontramos en un gran número de creacionistas cuando se lanzan a utilizar leyes de la Termodinámica a la ligera sin pensar mucho en lo que dicen. El problema principal es que frases como estas toman solamente una parte de la Ley y dejan la otra fuera. Como leímos en la definición de más arriba, “La Segunda Ley de la Termodinámica dice que cualquier sistema aislado dejado sólo tenderá a una creciente entropía”. Es importante recordar que la Segunda Ley solamente habla del crecimiento de la entropía en un sistema cerrado, aislado, sin intercambio de energía. En la naturaleza hay múltiples ejemplos de reducción de entropía, de crecimiento de complejidad y organización de sistemas abiertos. Y cualquiera sabe que la Tierra, con la naturaleza que hay en ella, es un sistema abierto, no cerrado. Por tanto no hay nada en la Segunda Ley que impida, hablando en términos termodinámicos, que la evolución tenga lugar.

Lo irónico del asunto es que Morris se da cuenta de este problema y lo menciona a continuación en su artículo:

“Por supuesto, es posible que la entropía baje en un sistema abierto. De hecho, cualquier ejemplo de incremento local en organización – el crecimiento de un niño, el desarrollo de un cristal, la creación de un edificio – es un ejemplo de crecimiento de ‘energía’ o ‘información’ dentro del sistema abierto, de modo que su tendencia innata a decaer es abandonada temporalmente. Pero ese niño, o cristal, o edificio, o cualquier otro ejemplo acabarán tarde o temprano por decaer. Incluso el crecimiento temporal, supuestamente natural de un organismo debe ser realmente atribuido de forma última a la creación y preservación que Dios ejerce sobre ese maravilloso mecanismo de reproducción” (http://www.the-highway.com/against-evolution_Morris.html)

Que yo sepa, ningún científico serio afirma que la evolución implique el eterno desarrollo y crecimiento de los organismos. Todos los biólogos serios saben que si un niño no come (no absorbe energía de algún tipo), muere. Como ocurrió con la Primera Ley, Morris crea un argumento inexistente y ridículo, afirma que eso es lo que la evolución dice, y al final nos muestra como dicho argumento es ridículo. Y lo irónico es que muchos cristianos siguen hoy día tragándose los libros de este personaje, como si lo que dijera fuese obvio y verdadero. Sospecho que la única razón que muchos cristianos tienen para seguir tomando los argumentos de Morris en serio es que, de vez en cuando, utiliza algún versículo bíblico en sus argumentos. Resulta preocupante la facilidad con la que muchos cristianos a veces cierran sus mentes al argumento que están escuchando cuando dicho argumento se rodea de algunos versículos bíblicos bien situados. “Ah, vale, ha citado la Biblia, así que debe ser verdad”, muchos piensan.

Esto es quizá más evidente en el último párrafo, donde Morris demuestra sus deficiencias científicas al afirmar que, “Incluso el crecimiento temporal, supuestamente natural de un organismo debe ser realmente atribuido de forma última a la creación y preservación que Dios ejerce sobre ese maravilloso mecanismo de reproducción”. ¿Acaso no es obvio que esto se sale completamente del terreno de la ciencia? Las ideas teológicas de Morris son totalmente respetables. Pero disfrazar dichas ideas teológicas por medio del uso inadecuado de leyes científicas y afirmar que dichas leyes contradicen aquello que se quiere rebatir espiritualmente es engañoso.

Si hoy día se siguen vendiendo libros de Morris en las librerías cristianas es porque hay cristianos que no perciben el grave error argumentativo, científico e incluso teológico en el que personas como estas caen. Esto es, sin duda, preocupante y habla alto y claro del nivel teológico e intelectual de nuestra fe. Si estamos dispuestos a tragarnos cualquier cosa que nos digan porque suene parecido a lo que queremos oír o porque nos lo den rodeado de versículos bíblicos, entonces estaremos a merced de aquellos personajes suficientemente deshonestos como para seguir haciéndolo. Y eso, sin duda, acabará moldeando nuestra comunidad cristiana y la convertirá en algo muy alejado del evangelio de verdad y libertad que Jesucristo vino a proclamar (si es que no lo ha hecho ya).

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