Posted On 20/01/2023 By In Biblia, portada With 272 Views

La Iglesia de Lucas y la Iglesia de hoy ante los mismos desafíos de siempre | Enrique Rivera Zambrana

 La Iglesia de Lucas y la Iglesia de hoy ante los mismos desafíos de siempre.
Un análisis de San Lucas 4, 1-13.

El texto al cual nos aproximamos tiene como antecedentes, la genealogía de Jesús (Lucas 3,38) y el bautismo de este en el río Jordán llevado a cabo por Juan el Bautista (Lucas 3,22).[1] En ambos eventos se declara la filiación divina del nazareno. Se hace más que obvio entonces que, del texto mismo se desprenda que, este tema tenga una relación directa con el ministerio público de Jesús en el resto del tercer evangelio. Por esa razón, luego de establecer la tesis según la cual se proclama la filiación divina del Mesías de Lucas, vale la pena formular la esencial pregunta, ¿Cuáles son las implicaciones de ser “Hijo de Dios” en Lucas? ¿Cómo opera el Hijo de Dios en el ámbito de un mundo dominado por un régimen que a su vez reclama la legitimidad del señorío supremo? ¿Cuál debe ser el compromiso de la iglesia lucana de cara a dicha proclamación y ante tales circunstancias?

Con esas preguntas en mente, hemos de aclarar, sin embargo, que Lucas afirma la filiación divina de Jesús después de nutrirse de sus principales fuentes, a saber, el Evangelio según Marcos, así como de la fuente de dichos Q.[2] En principio, la tradición resalta, en palabras de Joel B. Green, que  Jesús es el tan esperado Mesías davídico; el Hijo de Dios que traerá el don de la salvación a toda la humanidad.[3] Sin embargo, como resalta Phillip Vielhauer, si bien es cierto que el evangelio de Lucas destaca el que Jesús es concebido de modo milagroso,[4] y  que, además  realiza milagros gradualmente más portentosos, también es cierto que Lucas, mucho más que Marcos y Mateo, distingue de manera acentuada la humanidad de Jesús[5].

Por lo pronto, es conveniente entrar un poco más en nuestro texto. Con este fin, hemos de auscultar en las fuentes del texto, así como su consecuente análisis redaccional. Se procurará discutir el género del pasaje, así como su contexto vital. Cada una de las tentaciones será interpretada de la mano con el contexto vital. Esto último con el fin de fijar al mismo tiempo, un mensaje para nuestra situación actual.

Anteriormente hemos mencionado que este relato tiene como fuentes principales a Marcos y Q.[6] Por ser la fuente original de la que, tanto Mateo como Lucas extraen sus narrativas, el relato de Marcos resulta ser el más breve. Por lo tanto, Mateo y Lucas relatan con más detalle la prueba de Jesús en el desierto.[7] Además, Gerd Thiessen, resalta que, la fuente de dichos Q legitima, junto con el relato de la predicación de Juan el Bautista y las tentaciones, los discursos siguientes de Jesús, en especial, todo lo que comienza a partir de 4,16-21. En efecto, quien “fue anunciado por los profetas” y vence a Satanás con las mismas Escrituras tiene toda la autoridad de Dios.[8] Ahora bien, como  resalta Córdula Langner, las tentaciones son las mismas en Mateo y Lucas, pero el orden se invierte en la segunda y la tercera.[9] Con relación a este cambio de orden, Joseph A. Fitzmyer entiende que Mateo ubica la tentación que se ubica en la alta montaña por su interés de hacer ver a Jesús como el nuevo Moisés y la montaña en relación con el sermón del monte.

Pero, antes de proseguir, es necesario resaltar el siguiente paréntesis: el relato de las tentaciones de Jesús tiene un lugar común en los cuatro evangelios, así como en otros contextos del Nuevo Testamento.[10] En Juan esta tradición aparece reelaborada (Juan 6,15.26-34).[11] En San Juan esta reelaboración responde, evidentemente a la propia teología joanina. Ocurre algo similar cuando Jesús reclama a las gentes que le hayan seguido solo porque les brindó pan en momentos de necesidad. En este punto Jesús es comparado con el maná que Dios abasteció al pueblo de Israel. Sin embargo, Jesús les corrige pues el no solo provee el pan de vida, sino que el mismo es, este pan de vida.[12] Por lo anteriormente referido, se entiende que, temprano en la tradición cristiana, la idea en cuanto a que Cristo fue tentado tuvo amplia difusión. Es de comprender entonces que, en muchos casos, el Nuevo Testamento resalta, en múltiples espacios, la humanidad de Jesús (Hebreos 2,14-18; 4,15).[13]

Por lo demás, las tentaciones tal y como se estructuran en el presente texto, presentan una narrativa la cual ofrece algunas afinidades con los antiguos debates rabínicos.[14]  Se trata de una “historia de Jesus”,[15] pero el género de esta perícopa tiene fuertes componentes midrásicos ya que implica situaciones de la iglesia en su momento proyectados a determinados textos de la Biblia hebrea.[16] De ese modo, como resalta Green, Lucas se enfoca en varios textos veterotestamentarios que no pasarían desapercibidos a la audiencia original. En primer lugar, Green menciona la dirección divina en el desierto (Deuteronomio 8,2).[17] El autor previamente señalado alude de igual modo al número “cuarenta”, tan importante en la tradición hebrea (Éxodo 16,35; Números 14,34; Deuteronomio 8,2).[18] Lo mismo puede decirse en cuanto al desierto y al modo en que Dios les dirigió en dicho lugar (Deuteronomio 8,2).[19] Otro aspecto vital que menciona Green es el que señala al pueblo de Israel como Hijo de Dios(Éxodo 4,22-23).[20] Una fuerte analogía formulada por Joel B. Green tiene que ver con la prueba de Jesús y la prueba del pueblo de Israel (Deuteronomio 6–8).[21]

En consecuencia, la comunidad de Lucas es en esta coyuntura, “Hija de Dios”. Es la Iglesia que de algún modo tiene problemas con el imperio, y que por tanto tiende a interpretar los mensajes veterotestamentarios como reivindicación frente a los poderes seculares propios de su tiempo. [22] La iglesia lucana es el Israel que atraviesa por las mismas tentaciones que franqueó el pueblo de Israel, las mismas que enfrentó Jesús. Sin embargo, hemos de coincidir con Josep Rius Camp en cuanto a que el autor de Lucas debió ser “un pagano muy versado en las Escrituras judías”.[23] Entendemos entonces, como lo expone nuevamente Gerd Theissen – específicamente en “ La redacción de los cuatro evangelios y la política eclesial”-que, si bien es cierto que  Lucas es un pagano y tiende a dar valor a ciertas costumbres e instituciones romanas,  no muestra estar del lado del imperio, por el contrario, se opone al endiosamiento de los emperadores además de que defiende la libertad de expresar las enseñanzas y las obras de Jesús.[24] En todo caso, Theissen arguye que la iglesia podía tener una influencia positiva en el imperio y evitar la guerra que culminaría con los trágicos eventos del año 70.[25]

Por otro lado, y con el fin de ser más específicos en nuestro análisis, debemos aceptar el que, como señala Fitzmyer, la historia de las tentaciones en Lucas tiene como objetivo el que su comunidad explique por qué Jesús se negó a llevar a cabo milagros en beneficio propio.[26] También podemos ver la influencia de los debates de los judíos y los cristianos lucanos en este relato.[27] La presión de ambos frentes- los judíos y el gobierno romano- debió llevar a la iglesia a sentirse fuertemente probada en ambos flancos. En efecto, la comunidad lucana vería a Jesús como un rey diferente a los altos mandatarios del imperio, así como de otros reinos de su época. La iglesia de Lucas ve en Jesús al Hijo de Dios cuyo reino es para los pobres y marginados (Lucas 1, 46-55; 4, 16-21; 9, 46-48). La comunidad de Lucas se reafirma en que Jesús es el Hijo de Dios que obedece al Padre y quien, a través de estas tentaciones, robustece su confianza en Él.[28]

En efecto, la expresión, “lleno del Espíritu Santo”, muy propia de Lucas (Lucas 1,15.35; 3,16; 4,14; 12,12; Hechos 6,5; 7,55; 11,24) muestra que la Iglesia llena del Espíritu Santo (Hechos 2,1-47), pero amenazada, tiene como modelo a Jesús, el vencedor.[29] Por tal razón, cada una de las tentaciones pone a la primitiva iglesia de Lucas ante el espejo de los tres grandes retos que ponen en entre dicho la filiación divina del Señor de la comunidad de Lucas en el presente relato.  Isabel Gómez Acebo resalta el número tres como propio de la” totalidad”, además de las “tres funciones de Jesús: sacerdote, profeta y rey.”[30]

Por eso, la primera tentación se refiere al pan, ¿Qué tipo de Mesías seria Jesús? Debía traer pan, maná como lo hizo Moisés,[31] o como lo haría el imperio romano, al “pueblo pan y circo”.[32] Este primer acto termina con la cita de Deuteronomio 8,3: “no solo de pan vive el hombre.”[33] Como resalta John Nolland, la filiación divina en este caso sería usada como un privilegio a ser explotado.[34] La respuesta antes citada implica la confianza en que Dios ha de proveer mediante sus propios términos, tanto a su Hijo como a su iglesia.[35]

La segunda tentación en Lucas corresponde a una especie de visión mediante la cual se le ofrece a Jesús una gran potestad política.[36] Para Gerd Theissen, la “oikumene” hace rererencia “al mundo habitado”, lo que a su vez concluye que se trata del imperio romano.[37] Isabel Gómez Acebo plantea que, sería extraño en Lucas esta visión tan negativa del imperio romano, pues el evangelista pretende ser considerado con dicho gobierno.[38] Sin embargo, puede que Lucas no considere tanto ser pro-imperio como pro-gentiles. Ciertamente, la visión soteriológica de Lucas es universalista, no así imperialista.[39] Nuevamente se presenta la respuesta con base en las Escrituras, Deuteronomio 6, 13: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”. Aliarse con los poderes políticos del momento ofrece la oportunidad de salir adelante en medio de las crisis por las que atraviesa la comunidad de Lucas. No obstante, la Iglesia solo sirve al Señor verdadero, pues su reino es distinto. El gobierno divino deriva en humildad, justicia y servicio (Lucas 9,46-48; 22,24-38), no procede en nada como lo harían los poderes opresores y corruptos de su tiempo.

La tercera y última tentación tiene como espacio, el pináculo del templo. La cita, como resalta Theissen, es del Salmo 91,11, aunque el autor aludido también llama la atención en cuanto a que el texto tomado de la versión de los LXX ha sido alterado con la finalidad de corresponder a la situación histórica que atravesaba la comunidad de Lucas.[40] En este caso, se busca, como señala Fitzmyer, hacer que, como Hijo, Jesús utilice su poder a fin de “revelarse a sí mismo con claridad a sus contemporáneos y para conformarse a las ideas populares de lo que sería un líder del pueblo enviado del cielo”.[41] En este punto, se pone en boca de Jesús la tajante sentencia de Deuteronomio 6,16: “no tentaras al Señor tu Dios.” El sentido del ayuno de Jesús radica en hacer la voluntad de Dios, aunque esto implique una muerte humillante.[42]

En conclusión, este fragmento lucano nos habla de Jesús Hijo de Dios, siervo humilde, así como culminación suprema del proyecto humano de Dios.[43]  Es el compendio de la teología surge de las experiencias concretas de la iglesia lucana. No es de otra manera. En virtud de esto, Lucas nos remite a las vivencias fundantes de su primigenia comunidad. Está claro entonces que, si nos remitimos en algo a los ecos esparcidos del Jesús histórico a través de los sinópticos, nos queda en claro que el llamado a la iglesia actual es seguir la senda de Jesús Hijo de Dios, siervo justo y humilde.

Las tentaciones son hoy en esencia las mismas que hace cerca de dos milenios atrás. Solo que, distinto al Maestro, caemos una y otra vez en los mismos desafíos que este enfrentó. No se trata de una afirmación pesimista; corresponde más bien a una objetiva descripción de nuestra historia como iglesia. Si, con profunda y humilde sinceridad echamos un vistazo a nuestra historia comprobaremos que, solo honrosas excepciones, la iglesia se ha visto abocada a estrepitosas caídas a lo largo de su dilatado paso por la historia. Una y otra vez, nos seduce la idea de ser quienes nos entregamos al error de vender falsos sueños a los inocentes. Los caminos desesperados del proselitismo evangelicalista y mercader nos empujan a querer convertir las piedras en pan. Prometemos caminos de prosperidad económica a nuestro pueblo con garantías de prestidigitador fraudulento. En vez de pan, solo les servimos piedras a la gente. Es entendible, se trata del camino ancho, es lo más sencillo a la hora de captar más prosélitos.

Incluso, nos seduce la idea de establecer alianzas con los poderes políticos con el fin de controlar a los pueblos. Tras una falsa moralidad, pretendemos controlar con miedo, la consciencia de los pueblos. Aquí nos acorrala el miedo a Dios, mediante el cual intentamos contagiar al resto de los mortales. El discurso se confunde con el “temor de Dios.” De esa misma forma, el miedo se convierte en ira y la ira en odio.  Este último toma como causa la religión, y se confunde con la justicia, pretendiendo arrebatar la libertad a quienes la profesan.

Finalmente, nos encantan los actos milagrosos, pero en sintonía directa con el pensamiento mágico. Los milagros, como en tiempos de Jesús y de la iglesia primitiva, son un entretenimiento. El lugar sagrado del milagro es entonces usurpado por lo superfluo y carnavalesco. Nuestras iglesias pagan por ver y vivir espectáculos que les sumergen en el éxtasis eufórico, al tiempo que se renuncia al camino del amor, la verdad y la justicia. Es conocida la novela de Fiodor Dostoievski, Los hermanos Karamasov en la cual se introduce la historia del gran inquisidor. En este cuento, Jesús visita la tierra por segunda vez y es apresado por un viejo inquisidor. El inquisidor reclama a Jesús el haberles otorgado la libertad a los humanos cuando bien pudo consentir a las tres propuestas que le hiciera el maligno en el desierto. Los humanos no quieren libertad, quieren pan, control y éxtasis mágico; parece gritarnos el gran inquisidor a través de los siglos. Sin embargo, Jesús nos extiende nuevamente su llamado al seguimiento. El Señor de la iglesia de Lucas nos estimula al servicio, amor y adoración que se brindan en la verdadera humildad. Hemos de vivir de manera rotunda la filiación divina. Filiación en cuyas marcas radica un reino distinto a los reinos de este mundo.

 

Bibliografía

 

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[1] Joseph A. Fitzmyer, The Gospel according to Luke I-IX (New York: Doubleday & Co., 1970), 506.

[2] Adam Winn, “Son of God”, en Dictionary of Jesus and the Gospels, ed. Joel B. Green. (Notthingham: Inter-Varsity Press, 2013), 892.

[3] Joel B. Green, The Gospel of Luke, The New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids/Cambridge: William B. Eerdmans Publishing Company, 1997), 23.

[4] Phillip Vielhauer, Historia de la literatura cristiana primitiva. Biblioteca Estudios Bíblicos 72 (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1992), 393

[5] Vielhauer, Historia de la literatura cristiana primitiva, 393.

[6] James M. Robinson, Paul Hoffmann y John S. Kloppenborg, El Documento Q. Edición Bilingüe, trad. Santiago Guijarro y Esther Miquel, Biblioteca de Estudios Bíblicos 107 (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2002), 108.

[7] Córdula Langner, Evangelio de Lucas. Hechos de los Apóstoles, Biblioteca Bíblica Básica 16 (Navarra (Estella): Editorial Verbo Divino, 2008), 98.

[8] Gerd Theissen, Colorido local y contenido histórico en los evangelios: Una contribución a la historia de la tradición sinóptica, trad. por Manuel Olasagasti Gaztelumendi, Biblioteca de Estudios Bíblicos 95 (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1997), 228.

[9] Langner, Evangelio de Lucas. Hechos de los Apóstoles, 98-99.

[10] Isabel Gómez-Acebo, Lucas, Guías de lectura del Nuevo Testamento 3 (Navarra (Estella): Editorial Verbo Divino, 2008), 106.

[11] Gómez-Acebo, Lucas, 106.

[12] Santiago Guijarro, Los cuatro evangelios, 2a edición, Biblioteca de Estudios Bíblicos 124 (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2012), 486-487.

[13] Luke Timothy Johnson, The Gospel of Luke, Sacra Pagina, ed. Daniel J. Harrington (Collegeville: A Michael Glazier Book/The Liturgical Press, 1991), 75.

[14] John Nolland, Luke 1:1–9:20, Word Biblical Commentary 35A (Nashville: Thomas Nelson Inc., 2002), 3, Logos Bible Software.

[15] Fitzmyer, The Gospel according to Luke I-IX, 508.

[16] Cesar Mora Paz y Armando J. Levoratti, “Evangelio según San Lucas”, en Comentario Bíblico Latinoamericano. Nuevo Testamento, eds. Armando J. Levoratti, Elsa Tamez y Pablo Richard (Navarra (Estella): Editorial Verbo Divino, 2013), 494–95.

[17] Green, The Gospel of Luke, 191.

[18] Green, The Gospel of Luke, 191.

[19] Green, The Gospel of Luke, 191.

[20] Green, The Gospel of Luke, 191.

[21] Green, The Gospel of Luke, 191.

[22] Gerd Theissen, La religion de los primeros cristianos, P. 100.

[23]Josep Rius-Camps, “Confrontación en la Iglesia primitiva: el círculo hebreo y el helenista
en la obra de Lucas (Evangelio y Hechos de los Apóstoles)”, en Biblia y helenismo: el pensamiento griego y la formación del cristianismo, ed. por Antonio Piñero Sáenz. (Córdoba: Ediciones El Almendro, 2007), 261.

[24] Gerd Theissen, La redacción de los evangelios y la política eclesial: Un enfoque socio-retórico, trad. Jose Pedro Tosaus Abadfa, Ágora 11 (Navarra (Estella): Editorial Verbo Divino, 2002), 178.

[25] Theissen, La redacción de los evangelios y la política eclesial, 178.

[26] Fitzmyer, The Gospel according to Luke I-IX, 508.

[27] François Bovon, El Evangelio Según San Lucas, I (Lc 1, 1 – 9, 50), trad. Alfonso Ortiz García, Biblioteca de Estudios Bíblicos 85 (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2005), 290.

[28] Langner, Evangelio de Lucas. Hechos de los Apóstoles, 99.

[29] Robert J. Karris, “Evangelio según Lucas”, en Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo, eds. por Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy (Navarra (Estella): Editorial Verbo Divino, 2004), 152.

[30] Gómez-Acebo, Lucas, 107.

[31] Bovon, El Evangelio Según San Lucas, I, 285.

[32] “Panem et circenses”, Ortografía, accedido el 28 de abril de 2022, https://www.ortografias.com/2017/10/panem-et-circenses.html.

[33] Fitzmyer, The Gospel according to Luke I-IX, 511.

[34] Nolland, Luke 1:1–9:20

[35] Fitzmyer, The Gospel according to Luke I-IX, 511.

[36] Mora Paz y Levoratti, “Evangelio según San Lucas”, 496.

[37] Theissen, Colorido local y contenido histórico en los evangelios, 235.

[38] Gómez-Acebo, Lucas, 109.

[39] Véase el interesante argumento de Robert B. Coote & Mary P. Coote, Power, Polítics, and the making of the Bible: An Introduction (Minneapolis: Fortress Press, 1990), 119.

[40] Theissen, Colorido local y contenido histórico en los evangelios, 240.

[41] Fitzmyer, The Gospel according to Luke I-IX, 511.

[42] Karris, “Evangelio según Lucas”, 152.

[43]Karris, “Evangelio según Lucas”, 153.

Enrique Rivera Zambrana

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