Posted On 14/10/2022 By In Biblia, portada With 639 Views

La prueba de Abraham ¿Por qué Abraham iba a sacrificar a Isaac? | Milena Forero

Este artículo es una ampliación de lo expuesto en el video:

 

Que la Biblia tenga una narración en la que un padre intenta sacrificar a su hijo para responder a una orden de Dios, es ya de por sí difícil de asimilar en el Siglo XXI; sobre todo cuando es un relato que se usa para hablar de fe ¡de nada menos que el padre de la fe! Uno no puede evitar preguntarse ¿qué es esta barbaridad? ¿Qué hace esa narración en un texto de fe?, ¿qué nos dice de Dios?, ¿qué nos dice de Abraham?, ¿qué nos dice de la fe? y ¿qué nos dice a nosotros hoy?

Una lectura contextual del texto nos muestra a un Dios que se diferencia de los cultos de Mesopotamia y que enseña a Abraham a desaprender su fe y a conocer al Dios de la vida.

 

Dialogando con el contexto

Empecemos por Abraham: de origen pagano, a lo largo de su vida realiza varios actos inusuales que lo llevan a ser llamado Padre de la Fe. Abandona la tierra de sus antepasados y sale a lo desconocido de la mano de un Dios que tampoco conoce, que le promete su protección más allá de la tierra inexplorada. Llega hasta su tierra prometida sin tener hijos, esperando una promesa divina, y allí de manera milagrosa por fin nace su heredero, luego de (nada menos que) recibir una visita celestial en su casa. De ahí que el texto lo muestra como hombre ejemplo de fe que vive sucesos extraordinarios que demuestran su confianza en Dios.

Pero este Dios desconocido que él sigue, quiere mostrarle algo más.  En ese punto Abraham ya ha vivido milagros, provisión, protección. Y un día, recibe la orden de sacrificar a su heredero, sobre el que descansan sus sueños y la promesa de ser una gran nación.

¿Era extraño para Abraham pensar que su Dios pudiera pedirle un sacrificio humano? No. Muchas religiones de la antigüedad hacían holocaustos para aplacar la ira de los dioses. De manera que puede que Abraham haya pensado “me dio un hijo y ahora quiere algo a cambio”. No era algo fuera de su cotidianidad, de hecho la Biblia prohíbe expresamente los sacrificios humanos porque eran una práctica común.

Desde el siglo XXI uno puede preguntarse cómo alguien puede considerar sacrificar un hijo. Una explicación común es decir que la gente se dio cuenta que no podía controlar las fuerzas de la naturaleza, el destino, la suerte, y trató de hacer algo al respecto: Si los dioses controlaban la lluvia y todos estaban muriendo por la sequía, debía ser que los dioses de la lluvia estaban enojados y había que darles algo que apaciguara su ira ¿por qué no un cordero o lo mejor de las cosechas o nuestros propios hijos? el primer hijo, la niña inocente. La lógica era que lo malo que sucedía: la sequía o las inundaciones, los terremotos, las enfermedades, podían evitarse o podían parar si los dioses (que habían sido ofendidos de alguna forma) dejaban de estar enojados y recibían algún sacrificio[1] o que la forma de agradecer a los dioses era darles lo más preciado, así esto fuera un hijo.  Abraham vivía en esa lógica, todavía creía que debía sacrificar algo, tal vez creía que existía algún tipo de sacrificio tan grande que garantizaría para siempre la bendición y la compañía de Dios para su familia.

Desde el siglo XXI puede caerse en la tentación de pensar ¡Cómo era la gente de ignorante! ¡Cómo podían creer que haciendo sacrificios iban a calmar a Dios o a hacer que lloviera! Sin embargo, desde nuestra religiosidad, también podemos actuar igual. Si ocurre un terremoto o explota un volcán, hay quien se pregunta qué pecado habrán cometido para provocar ese castigo. Y si nos quedamos sin trabajo, puede que nos pase por la cabeza pensar si haría falta dar más dinero a Dios o al prójimo. En muchas congregaciones se practica el ayuno como una “huelga de hambre” a Dios, como si abstenerse de alimentos sirviera para que se contestaran más rápidamente las oraciones. Incluso llegamos a pensar que Dios actúa a nuestro favor si y solo si, le prometemos algo a cambio, negociamos con Él, prometemos dinero, prometemos tiempo. Puede que hasta lleguemos a pensar que la bendición de Dios y su amor es algo que se obtiene, que se merece, que uno puede “ganar el favor de Dios” ¿no existen todavía predicas sobre cómo “activar la fe” y recibir lo que se pide? Pero ese no es el evangelio, el evangelio es lo que le ocurrió a Abraham.

Abraham subió al monte, el lugar de encuentro con lo sagrado, y llevó a su hijo, con la intención de sacrificarlo. No sería el primero en hacerlo, la Biblia cuenta que los israelitas “pasaban a sus hijos por el fuego” es decir, sacrificaban al primogénito para que sus dioses les dieran más hijos. Lo maravilloso es que Abraham se encuentra con Dios en el monte, y Él lo detiene y no lo deja dañar al niño. Abraham es el padre de la fe, porque inaugura una forma de creer, de encontrar a Dios en la oscuridad del mundo.

La idea de “la prueba” está instaurada en la cultura cristiana, Dios como el que pide “pruebas de amor”, y esta idea puede echar raíces en una lectura de este pasaje que asegura que Dios le pidió a Abraham sacrificar a su hijo “para ver si él era capaz de dárselo o no”, o para que Abraham se diera cuenta de que su hijo era “un ídolo para él”.  Sin embargo el contexto no dice eso. El contexto nos muestra un hombre varios milenios atrás, en una cultura religiosa sacrificial, con sacrificios humanos habituales, que lleva a su hijo a sacrificarlo ante su Dios y su sacrificio no es recibido. En la progresión que narra la Biblia, el sacrificio de Abraham se sustituye por un sacrificio animal, años después por el rescate a los primogénitos[2] y finalmente por un corazón[3] dispuesto a amar a su Dios y a su prójimo[4].

Es el lento aprendizaje del corazón humano lleno de miedo que pasa de sacrificar seres humanos a sacrificar animales, a ofrecer aceite o dinero, y finalmente a conocer el amor como ley.  Dios le pide a Abraham sacrificar a su hijo y no acepta el sacrificio solamente para enseñarle lo mismo que trata de enseñar al ser humano hace milenios: que no desea sacrificios, como dice el profeta Miqueas:

 

¿Con qué me presentaré al Señor

y me postraré ante el Dios de lo alto?

¿Me presentaré delante de Él con holocaustos,

con becerros de un año?

¿Se agrada el Señor de millares de carneros,

de miríadas de ríos de aceite?

¿Ofreceré mi primogénito por mi rebeldía,

el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?

El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno.

¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti,

sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia,

y andar humildemente con tu Dios?[5]

Miqueas nos habla de mandamientos que sólo pueden traer cosas mejores para el ser humano: la justicia, el amor y la humildad, no de sacrificios.

Se suele decir que el intento de sacrificio de Abraham es “la prueba de fe” de Abraham (de hecho en muchas traducciones de la Biblia ese es el título que asignaron al pasaje), se dice que Dios probó a Abraham para ver si era capaz de darle lo que más amaba, sin embargo incluso la Carta a los Hebreos asegura que Abraham creía que Dios podía resucitar al niño, así que Abraham en el fondo esperaba que Yahveh no fuera como los otros dioses aunque le hubiera pedido a Isaac. Creo que lo que se denomina “prueba” es más bien una prueba de qué tanto puede aprender una persona, cuando se le sorprende para bien. ¿Cómo reacciona Abraham a las “buenas noticias”, al evangelio? La prueba de Abraham no era si sacrificaba o no a Isaac, porque él era un hijo de su tiempo, en su contexto y en su cultura eran aceptados los sacrificios humanos; la real prueba de Abraham fue cambiar su concepción de Dios, fue dejar de creer que Dios quería quitarle algo, dejar de pensar que podía comerciar con Dios e intercambiar sacrificios por bendiciones.

En el modelo sacrificial el control lo tiene el ser humano, que ante lo incontrolable cambia un sacrificio por lo que desea, y esa era una tentación atractiva para los israelitas y para cualquier creyente que cree firmemente en el poder supremo de Dios y quiere convencerlo de “actuar a su favor” pero tiene una premisa errónea: se basa en la presunción del poder de Dios pero también en nuestra capacidad para “manipularlo” con sacrificios. Somos como niños haciendo berrinches para atraer atención. Traerle sacrificios a Dios es desconocer el proceso de enseñanza que realiza lentamente con el ser humano: pide hacer justicia, misericordia y caminar en humildad con Dios, algo que claramente beneficia al ser humano. ¿no es lo mismo de lo que hablaba Jesús cuando anunciaba el reino de Dios y su justicia? Un nuevo orden donde la ley es amar a los demás como a uno mismo.

Sin embargo, la religiosidad puede llevarnos a creer que hacerle daño a otros puede ser un mandato ¿Cómo podía ser una ofrenda a Dios matar a alguien? ¿Cómo se llegó a pensar que hacerle daño a otros era un sacrificio para Dios? Esto ha pasado muchas veces en la historia, no sólo de “las religiones primitivas” sino también desde los fundamentalismos: un deseo humano de hacer más de lo que se le ha pedido, obviando lo fundamental: la ley del amor.

Abraham llevaba muchos años caminando con Dios pero no lo conocía. Tenía rumores, imaginaba, lo comparaba con los otros dioses, pero no lo conocía ¿Quién lo conoce?

Si algo nos muestra la narración bíblica es una evolución en la forma de ver a Dios que tienen los Israelitas y en su forma de relacionarse con Él. Abraham, el primer seguidor oficial del Dios de Israel, aprende que no necesita hacer sacrificios humanos para su nuevo Dios y los reemplaza por sacrificio de animales. Más adelante cuando surgen los profetas se hace explícito que los sacrificios no son lo que Dios desea, sino la práctica de la justicia y la misericordia que representa la fidelidad a la ley. En todo caso, la idea de que Dios no pide sacrificios refuerza la idea de la sola gracia: todo lo pone Dios, el ser humano es seducido por el amor, no necesita intercambiar nada con la divinidad ni relacionarse desde el miedo.


[1] Ese argumento de los sacrificios a los dioses está muy bien argumentado en el episodio ¿Quién vigila a los vigilantes? Star Trek, La Nueva Generación, Temporada 3, Episodio 4.

[2] Rescate de los primogénitos.  Números 3: 40 – 51; Números 18: 15 – 18.

[3] Ezequiel 36: 26 – 28

[4] Mateo 22: 34 – 40

[5] Miqueas 6: 6-8

Milena Forero

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