Posted On 06/09/2021 By In Libros, portada, Teología With 290 Views

Los argumentos religiosos en el espacio público, de Gonzalo David | Luis Aránguiz Kahn

En Latinoamérica ya es un lugar común indicar que existe una creciente participación pública y política evangélica que se ha ido expresando en distintos países de la región. Esto ha hecho que se produzcan una serie de reacciones, ya sea especulaciones sobre el grado de sintonía que hay entre cada caso, ya sea trabajos que intentan perfilar con mayor claridad cuáles son los elementos que permiten esta emergencia. Se trata de un tema que está en agenda, pero sobre el cual aún hay una cantidad importante de temas que esclarecer. En este contexto es que el autor chileno Gonzalo David ha publicado recientemente el libro Los argumentos religiosos en el espacio público. Un acercamiento a la filosofía política de Nicholas Wolterstorff, bajo el sello de Ediciones del Pueblo. Esta obra es fruto de la tesis de licenciatura en teología de nuestro autor, formado en el Seminario Teológico de la Iglesia Presbiteriana de Chile.

Lo primero que salta a la vista en este trabajo es que se presenta explícitamente desde una toma de posición confesional. David escribe asumiéndose parte de la tradición presbiteriana y, por lo tanto, es desde esa postura que elabora su análisis sobre el lugar de la religión en la vida pública. Wolterstorff es un autor estadounidense, descendiente de la migración holandesa, formado en Calvin College y que ha tenido una robusta trayectoria académica, culminando como profesor en la Universidad de Yale.

Para adentrarse a sus ideas, la obra consta de tres grandes partes. La primera de ellas es una revisión sobre lo que se dice en documentos como la Declaración de Saboya y la Confesión de fe de Westminster, atendiendo a algunas de las modificaciones hechas a esta última. En la segunda parte, David explora los contornos de la tradición reformacional o neocalvinista holandesa, que es desde la cual Wolterstorff escribe. Así, revisa ideas clave de autores como Guillermo Groen van Prinsterer, Abraham Kuyper y Herman Dooyeweerd. Finalmente, la tercera parte es un examen de las principales ideas de Nicholas Wolterstorff en lo que refiere al lugar de los argumentos religiosos en el espacio público.

La obra explora cómo Wolterstorff discute con la filosofía política liberal y en particular con lo que llama ‘liberalismo de razón pública’. Bajo esta categoría se agrupa a una serie de autores entre los que se encuentra John Rawls, que sostienen que en la participación pública en sociedades pluralistas debe evitarse el empleo de argumentos de origen religioso por no ajustarse a lo que consensuadamente se entiende como un debate racional. Las religiones y otras doctrinas comprehensivas tienen conceptos de lo bueno que pueden ser incompatibles y, al enraizarse sus posiciones públicas en esas concepciones, pueden acabar buscando imponerlas al resto de la ciudadanía que no comparte el mismo concepto de bien. Así, tal parece que lo más adecuado es no incluir esta argumentación en el debate público.

Wolterstorff se declara opositor a esta posición por una serie de razones, y a partir de ellas es que defenderá el ‘igual derecho de los ciudadanos a una completa voz política’, admitiendo así la argumentación religiosa en el debate público y sosteniéndolo en la propia versión de ciudadanía que ofrece la democracia liberal. Parte del modo en que esta participación puede regularse, Wolterstorff lo fundamenta en ciertas garantías constitucionales. Es aquí donde David encuentra particularmente un aspecto problemático de contexto, y es que Wolterstorff puede pensar del modo que lo hace debido a que se encuentra en Estados Unidos, un país con una sólida tradición constitucional. Este punto es complicado porque en Latinoamérica no se ha vivido la misma experiencia y, sin ir más lejos, el propio autor da cuenta de que su país está atravesando el proceso de redacción de una nueva constitución, fenómeno usual en la región.

Este punto nos lleva a la cuestión sobre el lugar de esta obra en la producción de pensamiento cristiano latinoamericano. Por una parte, las ideas de Wolterstorff provienen de una región muy distinta y no sería inesperado que alguien objetase que por ello debiese privilegiarse a otros autores y, sobre todo, una línea de pensamiento propiamente latinoamericana. Sin embargo, esto no obsta el hecho de que las ideas de un autor estadounidense se puedan reflexionar de distinto modo para la variedad de contextos evangélicos de la región y, además, el hacerlo también fortalece la noción de una catolicidad que trasciende contextos particulares. Después de todo, la Biblia y las teologías europeas, por dar solo un par de ejemplos, tampoco son latinoamericanas.

Por otra parte, podría considerarse problemático el que el arraigo de las ideas de Wolterstorff en una tradición como la presbiteriana pueda ser obstáculo para su reflexión en otros contextos denominacionales, algunos de ellos mucho más numerosos en la región y menos dados a una reflexión de tal calado. Sin embargo, lo cierto es que a la par con el crecimiento del interés de participación pública evangélica en general, también ocurre que hay un incremento de aquellos que buscan darle una coherencia teórica a la expresión pública y política de su fe evangélica o, al menos, responder algunas preguntas importantes sobre cuál es el lugar de su fe en el espacio público de las sociedades contemporáneas. Así, esta obra puede ser un aporte fuera de los límites denominacionales de su autor en cuanto que introduce una argumentación que, aunque se enraíza en una tradición, su servicio no se limita ella.

Ni el contexto cultural de producción ni la tradición eclesial de procedencia del pensamiento de Wolterstorff lo hacen prescindible para los evangélicos latinoamericanos. Por el contrario, el que un autor como Gonzalo David escriba sobre él desde Chile, indica que sus ideas están -y debiesen seguir- recibiendo una merecida atención en el ámbito del pensamiento político cristiano de la región. Este trabajo es recomendable por una serie de razones, pero me parece que el aporte más destacable es que permite ampliar la reflexión y argumentación respecto a porqué los cristianos tienen el derecho a expresarse en la vida pública sin tener que negar su fundamentación cristiana. De aquí, indaga sobre porqué hablar desde el cristianismo en el ámbito público no necesariamente implica fundamentalismo -actitud que, en todo caso, el autor rechaza decididamente- y porqué de esto no se deduce que quienes se niegan a ocultar su argumento cristiano debido a la ‘razón pública’, lo que busquen sea imponer sus creencias a quienes no las creen. En suma, este libro es un aporte para sostener la idea de que, como ciudadanos de una democracia liberal contemporánea, los cristianos tienen plena legitimidad para hablar en cristiano.

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