Posted On 27/09/2012 By In Opinión With 1563 Views

Ser como el viento…

El futuro pertenece a quienes militen en nombre y bajo la jefatura del “Otro Cristo Español”, y proclamen y encarnen el sentido pleno de la “Salud” para los hombres y las naciones que El significa. La respuesta leal a su “Sigueme” perturbará la paz de los sepulcros y suscitará la cualidad creadora de la paz cristiana. Tenderá un puente sobre la cima tradicional que ha existido entre la religión y la vida.[1]

Sería capaz de creer que aún hace 100 años, pensar diferente a lo que dicta una institución eclesial fuera motivo de “excomunión”. Ahora resulta soprendente que una instancia religiosa se adjudique tal atribución como lo acaecido con siete pastores presbiterianos que se mantuvieron firmes en cuanto a la desición de abrir los ministerios eclesiales a todos por igual, en particular, a las mujeres. La Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) ha dado cuenta de un acto deshonroso para todos aquellos que nos sentimos parte, o por lo menos, reconocemos en ella nuestra herencia eclesial. Una iglesia que fiel a sus principios debería reformarse, ha dado un paso gigantesco hacia atrás.

Tampoco es extraño. La pluralización de creencias en el interior de la propia institución está a la par de la diversidad religiosa existente en la sociedad. En los últimos cincuenta años han emergido distintas instancias religiosas que compiten dentro del campo religioso[2] y dejan al descubierto que las instancias más tradicionales, las llamadas iglesias históricas, no cuentan con la capacidad para artícular un discurso actualizado, por lo que recurren a cerrar filas y salvaguardar con ello lo poco que les queda. Parece ser que no han sido capaces de entender que los bienes simbólicos de salvación que ofrecen ya no necesitan de una instancia reguladora que sea intermediario entre los individuos y la deidad.

Frente a estas experiencias religiosas cada vez más individualizadas, la especialista francesa Danielle Hervieu-Léger, indica que lo religioso busca nuevas formas de sentido en la reconstitución de un comunitarismo que puede “conducir a un encierro del grupo en sí mismo y al repliege sobre ‘valores-búnker’, que alimenten identidades-refugio y que se tornen refractarias a toda comunicación con el exterior”.[3] Lo curioso, es que cuando la socióloga de las religiones dice esto, piensa en las nuevas formas de religiosidad, pero no necesariamente en las instancias vetustas que han cumplido más de 140 años, como la INPM. Lo paradójico, es que la actitud que cita corresponde a la misma que la iglesia aludida toma hoy para excomulgar a los creyentes:

La individualización que disuelve las identidades culturales heredadas produce así, como su reversos, la constitución, la activación y aun la invención de minúsculas identidades comunitarias, compactadas, sustanciales y compensatorias. Esta paradoja se inscribe tanto en la proliferación contemporánea de las “sectas” como en el reforzamiento de las corrientes tradicionalistas e integristas en el seno de las grandes tradiciones religiosas.[4]

Lo que deja al descubierto la excomunión son varias cosas, de las cuales me gustaría apuntar cuatro: la construcción de una otredad malvada, como lo mencioné en otro ejercicio;[5] la “reducción doctrinal” o el “minimalismo teológico” como la misma Hervieu-Léger refiere las maneras de pensar la fe en las sociedades contemporáneas;[6] el literalismo bíblico, tal como se usa en las formas para “dictar sentencia” dentro de la misiva enviada a los pastores; y, finalmente, el fundamentalismo de una instancia religiosa que en algún momento de su historia apeló por la libertad de conciencia como uno de sus principios escenciales.[7]

Como presbiteriano, lamento el retroceso de muchos años de historia, luchas y sueños de quienes nos sentimos parte de una herencia religiosa y que estabamos esperanzados para abonar a la construcción del Reino de Dios al tomar como trinchera un lugar dentro de la institución. Por ello, apelo a mi conciencia para decir que me resulta totalmente reprobable y absurdo el dictamen de excomunión. Es tonto, porque ninguna institución religiosa puede decidir quién sí, y quién no, es parte de la familia de la fe, pues corresponde a un asunto interno de diálogo con Dios. Es ilógico que una iglesia que debería practicar la justicia, aplique esa misma ley destruyendo la vida, citando a F. Hinkelammert: “el pecado que se comete en el cumplimiento de la ley, consiste por consiguiente en la destrucción del sujeto viviente en cualquiera de sus formas. La ley aplasta en cuanto es cumplida en su forma legalista”.[8]

Por esta razón, me es menester cerrar un ciclo con la INPM, dado que no vale la pena seguir creyendo y militar en sus filas ya que ha usurpado la figura y el ministerio profético de Cristo en sus liturgias, doctrinas, confesiones de fe y libros de gobierno. No es ético pertenecer a una iglesia que se siente en posesión de la verdad, cuando solapa la injusticia y la inequidad. No es ético dejar a los amigos atravesar  el desierto sin solidarizarse con ellos, en paso mutuo. Tampoco es ético soñar con nuevas comunidades de fe a la par de ellos, y ser “miembro en plena comunión” de la institución que cesó de sus funciones como pastores, cuyo llamamiento obedece a la grey, no a los cuadros burocráticos.

Ahora se constata que la INPM transita otros derroteros que no incluyen las nuevas formas de sociabilidad humana, comunitaria y religiosa, pues se aleja de los derechos más escenciales (como la equidad de género y la justicia) y esconde su retórica bajo una lectura bíblica legalista. Pero no importa, a quienes transitan estos caminos de incertidumbre y a quienes en algún momento, como hoy en día, nos “excomulgarán” por pensar, disentir, criticar y apostar por una nueva formas de hacer iglesia, les recuerdo que hay un viento que sopla fuerte y se mueve a placer: el Espíritu. Sólo dejemos que nos lleve con él:

-Me gustaría ser el viento por una vez.

-¿A dónde irás?

-Quién sabe, a donde quiera que sople el viento…[9]



[1] Juan Alexander Mackay, El otro Cristo español, México, CUPSA, 1993, p. 283

[2] Pierre Bourdieu, “Génesis y estructura del campo religioso”, en Relaciones, (México), núm. 108, 2006, pp. 29-83

[3] Danielle Hervieu-Léger, “Algunas paradojas de la modernidad religiosa. Crisis de la universalidad, globalización cultural y reforzamiento comunitario”, en Versión, (México), núm. 21, 2008, p. 28.

[4] Ibid., p. 29.

[5] Ariel Corpus, “Rebeldes, cismáticos y violentos: categorías del antagonismo presbiteriano”, en Lupa Protestante (España), 2012. Disponible en red: https://www.lupaprotestante.com/blog/rebeldes-cismaticos-y-violentos-categorias-del-antagonismo-presbiteriano/

[6] Danielle Hervieu-Léger, op. cit. p. 22.

[7] Ariel Corpus, “Laicidad y libertad de conciencia: el vínculo histórico del presbiterianismo mexicano”, en Carlos Mondragón (ed.), Ecos del bicentenario. El protestantismo y las nuevas repúblicas latinoamericanas, Florida, Kairós, 2011, pp. 229-248.

[8] Franz Hinkelammert, El grito del sujeto. Del teatro-mundo del evangelio de Juan al perro-mundo de la globalización, San José, Costa Rica, DEI, 1998, p. 39.

[9] Diálogo de la película “La casa de las dagas voladoras”, (2004).




Tags :

Bad Behavior has blocked 859 access attempts in the last 7 days.