Posted On 21/07/2015 By In Cultura, Opinión With 1626 Views

Vicente Leñero: peregrinar hacia Jesús

Sobra apuntar que mi libro no pretende en modo alguno violentar
la sensibilidad de los cristianos, a quienes va dirigido muy especialmente
con el ánimo de acrecentar las enseñanzas que hemos recibido y fortalecer
y depurar nuestra fe.
(El evangelio de Lucas Gavilán)

Cuando murió Vicente Leñero (1933-2014) todos su lectores lamentamos la noticia. Con él se fue un maestro de la precisión estructural y un innovador en la narrativa de no-ficción en nuestro país. El primer autor mexicano en ganar el prestigioso premio Biblioteca Breve en 1963 era también un ‘tipo’ del rey Midas: incursionó en el cuento, en la crónica, en el teatro y en el cine con éxito rotundo. Sirva este recorrido biobibliográfico como sincero homenaje.

Vida y obra

En 1959, año en que Vicente Leñero terminó su licenciatura en Ingeniería Civil en la UNAM, publicó su primer libro de cuentos titulado La polvareda y otros cuentos. Dos años más tarde apareció su primera novela: La voz adolorida (1961). Durante esta década encausó todas sus fuerzas hacia la narrativa publicando tres novelas más: Los albañiles (1963), Estudio Q (1965), El garabato (1967) y una nueva edición de su primera novela que salió a la luz con el título mucho más preciso de A fuerza de palabras (1967).

1967 es también la fecha en la que el autor obtiene la Beca Guggenheim, lo que le permitió dirigir su energía creativa hacia el teatro, siendo su primera producción Pueblo rechazado (1968); se dedicó a la dirección de la revista femenina Claudia en el período 1969-1972 y posteriormente de la Revista de Revistas (1972-76). En 1973 Leñero volvió a incursionar en la narración con la novela: Redil de ovejas y en 1975 publicó Viaje a Cuba, su primer trabajo periodístico en forma de libro. Dos años antes hizo su primera participación en el cine, como guionista en El monasterio de los buitres, adaptación de su obra Pueblo rechazado. En el año de 1976, con la censura gubernamental del Excélsior, Leñero junto con Julio Scherer García abandonaron el diario y decidieron fundar la revista semanal Proceso. Las desavenencias de este acontecimiento son noveladas por el jalisciense en Los periodistas de 1978. Un año después apareció publicada El evangelio de Lucas Gavilán, su séptima novela. Es ya para estas fechas un escritor maduro y consolidado dentro de la escena cultural mexicana. Después de esta fecha hay un vacío de 14 años en su producción novelística ya que hasta 1999 no publicó La vida que se va, su última novela. Su alejamiento también se fue dando en el teatro ya desde 1992, fecha en que apareció La noche de Hernán Cortés; siguió participando con relativa frecuencia en la realización de películas hasta 2010 con la película El atentado dirigida por Jorge Fons. En 2013 publicó su último libro titulado Más gente así, una serie de relatos magistrales que oscilan entre la ficción y la crónica periodística.

Danny Anderson, uno de sus críticos más sobresalientes, señala que el rasgo dominante de sus primeras novelas “es la interrogación epistemológica del conocimiento” (Lecturas, 27), manifestada en la alta complejidad estructural de Los albañiles, Estudio Q y El garabato. Cada texto, escribe también Anderson, “explora las relaciones de poder que surgen de las jerarquías del orden social, en el cual los subordinados continuamente tratan de unirse contra el poder que viene de arriba, y tal plan suele implicar varias formas de violencia, sea potencial o real” (30). Es importante notar aquí ya la representación leñeriana del mundo que estará presente en todas sus demás obras: dualista, polarizada, antagonista y agonista; siempre habrá en sus obras un abajo y un arriba; polos cuya forma de relación se sustenta en la detención de la fuerza, la ostentación de la autoridad que da un cargo público (Los albañiles), un puesto administrativo (Estudio Q), el prestigio (El garabato) o la edad (La voz adolorida). Siguiendo esta línea, Jesucristo Gómez, de El evangelio de Lucas Gavilán, constituye una esperanza dentro del universo mismo de Leñero.

Redil de ovejas conserva la construcción laberíntica del mundo de ficción pero añade un interés más marcado en la representación de la realidad sociali; por lo tanto, con la aparición de su siguiente novela, El evangelio, se iniciará una segunda etapa en su narrativa, donde Leñero responde de manera directa a las fuerzas que constituyen y mantienen una cierta visión de la realidad social, a saber: la Iglesia, el Estado y el periodismo. Es importante darse cuenta de que todas las novelas conservan la jerarquía arriba-abajo, opresor-oprimido, y en todas se realiza una crítica epistemológica (en El evangelio, orientada hacia la hermenéutica bíblica tradicional).

Identidad cristiana

John Lipski ha encontrado en la identidad católica de Leñero no sólo la clave para la interpretación de todas sus obras sino que también ha rastreado un crecimiento que toma la forma de una peregrinación religiosa. Para Lipski, “la obra de Leñero revela un penetrante cuestionamiento de la paradójica situación humana, y la red intertextual que ha producido es una elocuente declaración de la búsqueda personal de identidad y de un distanciamiento del destino inexorable que enfrenta todo ser humano” (Lecturas, 97-98).

En el mundo polarizado de Leñero, de superiores y subordinados, la autoridad última, a la que nadie escapa, es Diosii; constatación que vuelve paradójica la existencia de cada individuo sin importar el lugar que ocupe en la escala pues todo intento de fuga resultará infructuoso; y sin embargo, es necesario el esfuerzo por causa de la justicia y la paz. En el corazón de esta búsqueda religiosa hay una búsqueda crística, una serie de encuentros y desencuentros con la persona de Jesucristo.

Leñero recibió su educación básica y media superior en el Colegio Cristóbal Colón bajo la religiosidad rígida de las hermanas de las Escuelas Cristianas. Gracias a esta etapa, Leñero se hizo consciente, como él lo afirma, de que “el prójimo está por delante. El otro para el cristiano es la expresión misma de Jesucristo” (Salinas, 77). Formó parte de la Acción Católica y de las Comunidades Eclesiales de Base aunque terminó abandonándolas por su rigidez. A partir de ahí él continuó solo su camino y su búsqueda, cuyo origen y meta es la figura de Jesucristo y el evento de la Redencióniii.

Así, en Los albañiles presenta a un Jesús totalmente secularizado, como depositario de los pecados del mundo, un Jesucristo hecho pecado; en El garabato la redención parece ser la pregunta principal y el acercamiento a Jesús es más bien psicológico; en Redil de ovejas, los personajes más que evocar a Cristo, evocan a una colectividad religiosa, por lo que la novela se nos presenta como un mural del catolicismo de la década de los sesenta; y en El evangelio retoma los postulados del cristianismo liberacionista y los asume como condicionantes para la construcción de sus personajes y del México de los setenta.

Es necesario, como cristianas y cristianos, leer a Vicente Leñero. Él escribió para nosotras y nosotros. Sus preguntas sobre la vida y la muerte, la libertad y la opresión, la violencia y la justicia, son también las nuestras y se gestan en un horizonte común: Jesucristo. Quizá las nuevas interrogantes y las respuestas que se esbozan a través de la vida de sus personajes sean también nuestras preguntas, nuestras respuestas.

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Fuentes utilizadas:

  • Anderson, Danny. Vicente Leñero. The novelist as critic. New York: Lang, 1989.
  • Martínez Morales, José Luis. “Leñero: ficción de la realidad, realidad de la ficción”, Texto crítico. Mayo-agosto, 1984, 10:29, pp. 173-187.
  • Nigro, Kirsten (comp.). Lecturas desde afuera: ensayos sobre la obra de Vicente Leñero. México: El Milagro, 1997.
  • Pellicer, Juan. “Vicente Leñero: entre la fe y la parodia”. 3 de abril de 2012. <http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/4708/4708/pdfs/47pellicer.pdf>.
  • Rodríguez, Israel. “El problema del hombre y Dios en dos novelas de Vicente Leñero: Redil de ovejas y El evangelio de Lucas Gavilán” en Rodríguez, Israel. El hombre y las metáforas de Dios en la literatura hispanoamericana. Miami: Ediciones Universal, 1991.
  • Salinas, Adela. Dios y los escritores mexicanos. México: Nueva imagen, 1997.

i Anderson sospecha que este cambio se debe principalmente a los acontecimientos del 2 de octubre. Sin embargo, no hay que destacar la posibilidad, dada la cercanía de Leñero al catolicismo, de que el cambio esté motivado también por la renovación del pensamiento católico latinoamericano a partir de la Conferencia de Medellín en 1968 y al trabajo de teólogos mexicanos liberacionistas como Sergio Méndez Arceo y de instituciones como el Secretariado Social Mexicano, la cual a partir de 1969 acordó proseguir sus acciones dentro del marco de la teología de la liberación esbozada en Medellín.

ii Al mismo tiempo que las convicciones del autor condicionan este punto, es notable la influencia que el pensamiento borgiano tienen en el conjunto de su obra. Recordemos aquellos versos del argentino que resultan idénticos a la infinita superposición de jerarquías sugerida en Estudio Q: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonías?” Esta estructura en forma de ajedrez también es la que sostiene la trama y el argumento de La vida que se va.

iii Así lo corrobora su siguiente declaración: “Todo lo que he escrito ha surgido de una pura preocupación religiosa. Pienso que todas mis obras son profundamente religiosas en ese sentido. Busco explicarme a Dios, explicarme la Redención, explicarme a Jesucristo. Entender no es fácil” (Salinas, 82).

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