Posted On 12/05/2026 By In Libros, Opinión, Política, portada With 208 Views

Reseña: Religión, política y Estado laico | Rodrigo Cáceres

Lupa Protestante

Religión, política y Estado laico: Nuevos acercamientos para el contexto latinoamericano de Nicolás Panotto


Reseña

Rodrigo Cáceres

En el escenario político reciente, con José Antonio Kast instalado hace ya algunos meses como presidente de Chile, me surge una inquietud que atraviesa mi vida personal y eclesial: ¿qué lugar ocupan hoy las comunidades evangélicas en el gobierno y en la vida pública? Más allá de gestos simbólicos —como oraciones iniciales o el nombramiento de ciertas autoridades con quienes “se podría decir” compartimos la fe—, la presencia efectiva parece limitada. La pregunta, entonces, no pierde fuerza: ¿somos realmente escuchados?

El libro Religiones, política y Estado laico ofrece una clave sugerente para abordar esta tensión. Nicolás Panotto, su autor, propone que la religión no debe replegarse al ámbito privado, como ha pretendido cierta lectura moderna de la secularización, sino que forma parte constitutiva del espacio público. En ese sentido, mi inquietud no pasa solo por nuestra presencia, sino también por la forma de dicha presencia.

Persiste, sin embargo, un peligro: la comodidad de la pasividad y la “tranquilidad” que puede ofrecer un gobierno que dice defender los intereses del mundo religioso. Muchos evangélicos han participado —algunos con orgullo— en la oposición a gobiernos de izquierda. Y no hay aquí material suficiente para afirmar que aquello esté mal. Es incluso esperable que los evangélicos seamos oposición. Parte importante de nuestra identidad descansa en esa tensión con el mundo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2). Nuestra ciudadanía, al fin y al cabo, está en los cielos (Filipenses 3:20).

El problema aparece cuando dejamos de ser oposición, o cuando lo somos solo cuando conviene. Hoy quizá no conviene ser oposición. Pero sigue siendo necesario. Los gobiernos de derecha, tanto como los de izquierda, están atravesados por la fragilidad humana —lo que la tradición cristiana llama pecado—. Y en algunos casos, el riesgo es mayor: pueden revestirse de un lenguaje cristiano que dificulta la crítica, como una autoridad religiosa que aparenta fidelidad constante mientras requiere, con urgencia, ser ministrada. La advertencia bíblica no es ajena a esto: “porque Satanás mismo se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

En este punto, la lectura de Panotto se vuelve especialmente relevante. Su defensa de un Estado laico no implica excluir lo religioso del espacio público, sino evitar privilegios y abrir un campo de participación plural. La laicidad, entendida así, no exige silencio religioso, sino responsabilidad democrática. Esto interpela directamente a las comunidades de fe: no basta con estar, ni con ser invitadas; es necesario participar críticamente.

La fe, hoy más que nunca, no tiene por qué restringirse a lo privado. Esa concepción suele responder a intereses que prefieren una religión que no incomode en lo público, aunque sí influya en la configuración de lo privado —y, por esa vía, también en lo público—. Panotto coincide con esta crítica: la religión siempre tiene implicancias políticas, porque propone sentidos, valores y horizontes de vida.

Sin embargo, esta incidencia no puede reducirse a la cita descontextualizada de textos bíblicos para defender posiciones previamente asumidas. Más bien, constituye una oportunidad —y quizás una responsabilidad— de abrir espacios de diálogo entre distintas tradiciones de fe, de articular religión y derechos humanos, de promover la participación en instancias críticas y plurales, y de reconocer formas diversas de vivir la experiencia religiosa.

Al final, Panotto hace lo que propone, incomodar nuestras ideas políticas, y muchas veces religiosas, ya instaladas. Invita a superar tanto la marginalización de la fe como su instrumentalización. Y, en el contexto actual, su lectura sugiere una tarea pendiente para las comunidades evangélicas: recuperar una voz pública que no dependa de la cercanía con el poder, sino de su fidelidad a un testimonio crítico, encarnado y abierto al diálogo.

Rodrigo Cáceres

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